
una guerra civil. La otra noticia es que para una guerra se necesitan tropas, generales y dinero, además el presidente no está solo en el
ring, lo acompañan el Congreso y el Tribunal Supremo. Más probable es que, al ejercer el “derecho al pataleo” se generen disturbios y
violencia, para lo cual el presidente cuenta con levas de supremacistas. Otro peligro es la secesión que puede ocurrir, gane o pierda.
En 1861, once del sur se separaron de la Unión y se desató la Guerra
Civil (1861-1865). Las causas del conflicto fueron diferencias
económicas entre los estados del sur y del norte derivadas del
carácter agrícola de los primeros que exportaba sus producciones,
realizadas por esclavos que no percibían salarios, mientras obtenían
del norte manufacturas, alimentos, servicios y apoyos federales que
eran generados por trabajadores libres con costos más elevados. De
este modo el Norte subsidiaba al Sur. A ello se sumó el abolicionismo
norteño que rechazada la esclavitud por motivos humanitarios y
sociales.
Por décadas se fomentaron debates y contradicciones que afectaban la
política interna e incidían en el proceso mediante el cual, en calidad
de estados nuevos territorios se incorporaban a la Unión. Las
diferencias trataron de zanjarse con paliativos como el “Compromiso de
Missouri (1820) y la Ley Kansas-Nebraska (1854). Tales entendimientos
fueron dinamitados por la Guerra Mexicano-Estadounidense que modificó
las fronteras norteamericanas.
Mientras unos estados eran admitidos como libres de la esclavitud,
como California en otros como Utah, Nuevo México, Nebraska y Kansas,
se aceptó que fueran ellos mismos quienes decidieran la posición
respecto a la esclavitud, lo cual fue rechazado por el Norte. En 1857
el Tribunal Supremo dictaminó que “la Constitución de Estados Unidos
no daba autoridad al Congreso para prohibir la esclavitud”.
En las lecciones de 1860 fue electo Abraham Lincoln, contrario a la
esclavitud, lo cual precipitó la separación de Carolina del Sur,
Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas, cosa que
Lincoln consideró ilegal. El 12 de abril de 1861 la artillería sureña
abrió fuego contra el fuerte Sumter. Lincoln envió tropas, Virginia,
Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee se sumaron a la secesión y
comenzó la Guerra Civil.
Los Estados Unidos de hoy, una nación que, aunque más madura y con
instituciones más establecidas, está otra vez dividida, políticamente
entre Demócratas y Republicanos, más exactamente entre trumpistas y
anti trumpistas, socialmente entre blancos y negros, en rigor entre
negros y racistas. La sociedad presenta además profundas diferencias
entre ricos, clases medias y pobres de todos los colores.
No obstante, la gravedad y peso específico de tales contradicciones,
no parece que ninguno de estos desencuentros ni todos juntos, sean
suficientemente antagónicos como para desatar una guerra civil como en
épocas de Abraham Lincoln, lo cual es una buena noticia. La
desestabilización de los Estados Unidos tendría consecuencias
planetarias y sería una catástrofe que pudiera cambiar el curso de la
historia de la humanidad. ¿Se imaginan el reparto del pastel? Allá nos
vemos.