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El Miedo y el Metaverso, un libro del presente y futuro

Agradecimiento a la IA

Este es un libro que abre un camino para darnos cuenta del Mundo en que vivimos..y que las consecuencias de la IA esta en la inteligencia de los hombres que sepan canalizar sus potencialidades.

Es un libro para todas las esferas de la vida, pero en especial para periodistas, comunicadores, científicos, maestros y políticos. Es un libro de cabecera y consulta. Hay que leerlo y debatirlo con los pies puestos en la tierra y mirando al universo.
He usado la propia IA para que juntos opinemos sobre esta obra de Roberto Dominguez que expresa el resultado de años de investigación y trabajo desde la Coordinadora Internacional Tesoro y la Federación Internacional de Comunicadores Populares.
Para comprender y adentrarse en el fascinante mundo que nos propone el autor hay que ir por pasos. Por eso les propongo, además de leerlo con paciencia, hacer notas de su contenido para volver a sus atinadas propuestas- polémicas-  necesarias  en nuestro diario andar, también del periodista multicentrico que debemos convertirnos en la nueva era.

¿Debemos tener miedo de la inteligencia artificial o de la inteligencia humana que la dirige?
Hagamos una lectura crítica de El miedo y el metaverso, de Roberto Domínguez Lima. Es un libro para hoy, para mañana, necesario para la consulta siempre.

La obra, desarrollada dentro del denominado Proyecto IN+IA —Inteligencia Natural + Inteligencia Artificial—, propone una mirada que trasciende el debate convencional sobre el futuro de las máquinas. Su preocupación fundamental no parece ser hasta dónde llegará la inteligencia artificial, sino qué tipo de sociedad, de conciencia y de relaciones humanas estamos construyendo mientras esa tecnología avanza.
El autor parte de una premisa provocadora: buena parte del miedo contemporáneo hacia la inteligencia artificial no nace exclusivamente de sus capacidades tecnológicas, sino de las narrativas construidas alrededor de ellas.
El libro habla de la existencia de una “industria del miedo” y cuestiona las representaciones apocalípticas de la IA, que presentan el desarrollo tecnológico como una amenaza inevitable para la supervivencia humana. Aunque  su interpretación de tales  narrativas pueden contribuir a crear matrices de opinión que terminen favoreciendo a determinadas estructuras de poder y control tecnológico- porque es una afirmación fuerte-  precisamente por eso, merece ser discutida y contrastada. Vayamos por parte.
La máquina como espejo
Uno de los conceptos más sugerentes de la obra es la idea de que la inteligencia artificial funciona como un espejo y amplificador de la Inteligencia Natural.
La máquina, sostiene el autor, no debería ser convertida en una especie de sujeto místico al que atribuimos voluntad, ego o intenciones humanas. La responsabilidad fundamental continúa estando del lado de quienes crean, entrenan, alimentan y utilizan esos sistemas.
Esta perspectiva cambia la pregunta.
Ya no se trata solamente de preguntarnos:
¿Qué puede hacer la inteligencia artificial?
La pregunta podría ser mucho más incómoda:
¿Qué estamos haciendo los seres humanos con ella?
La diferencia no es menor.
Una tecnología capaz de procesar enormes cantidades de información puede utilizarse para ampliar el conocimiento, facilitar la investigación y mejorar la comunicación. Pero esas mismas capacidades pueden emplearse para manipular, vigilar, desinformar o concentrar poder.
Por eso, el verdadero problema no estaría exclusivamente en el algoritmo.
Estaría también en los valores de quien lo utiliza.
IN+IA: cuando la inteligencia artificial encuentra a la inteligencia natural
El Proyecto IN+IA propone precisamente una alianza entre ambas dimensiones.
La Inteligencia Artificial aporta velocidad, procesamiento, organización y capacidad para trabajar con grandes volúmenes de información. La Inteligencia Natural aporta experiencia, conciencia, memoria, criterio, interpretación y responsabilidad.
En la concepción del libro, la segunda debe conservar la dirección.
Es una idea especialmente relevante para el periodismo.
Una herramienta de IA puede localizar información, organizar documentos, comparar textos, ayudar a detectar patrones o acelerar determinados procesos de investigación. Pero ninguna de esas capacidades elimina la responsabilidad profesional del periodista.
La máquina puede ayudar a encontrar.
El periodista tiene que comprender, verificar, contextualizar y responder por lo que publica.
Ahí aparece uno de los debates esenciales de nuestro tiempo.
La inteligencia artificial puede multiplicar la capacidad de comunicación de una persona, pero también puede multiplicar sus errores, sus prejuicios y sus manipulaciones.
Por eso la evolución tecnológica necesita estar acompañada de una evolución de la responsabilidad humana.
La guerra ya no se libra solamente con armas
Otro eje importante del libro es la llamada guerra cognitiva.
El concepto describe una dimensión de los conflictos contemporáneos que opera sobre la percepción, la interpretación y el sentido común de las sociedades. El objetivo no sería necesariamente destruir físicamente al adversario, sino influir sobre la manera en que las personas interpretan la realidad.
En el libro, esta guerra se relaciona con la saturación informativa, las matrices de opinión y la manipulación de las percepciones.
Aquí encontramos una cuestión que merece ser tomada con mucha seriedad, independientemente de que se compartan o no todas las interpretaciones del autor:
quien controla los flujos de información posee una capacidad considerable para influir sobre la conversación pública.
La era digital ha hecho que esta cuestión sea todavía más compleja.
Antes, el poder comunicacional dependía fundamentalmente de periódicos, emisoras de radio, canales de televisión y agencias de noticias. Hoy intervienen además plataformas digitales, motores de búsqueda, redes sociales, sistemas de recomendación y modelos de inteligencia artificial.
La disputa ya no es solamente por publicar información.
Es también por determinar qué información llega a quién, cuándo llega y bajo qué contexto es interpretada.
De la multipolaridad a la multicentralidad
Aquí el libro abandona el terreno estrictamente tecnológico y entra de lleno en la geopolítica.
Domínguez Lima diferencia la multipolaridad de lo que denomina multicentralidad.
La primera supone la existencia de varios polos de poder. La segunda propone una estructura reticular, descentralizada y cooperativa, formada por múltiples nodos soberanos que se relacionan sin un centro hegemónico.
Es una diferencia conceptual importante.
El mundo multipolar puede seguir siendo un mundo de competencia entre grandes potencias.
El mundo multicéntrico que imagina el autor pretende superar esa lógica y sustituirla por cooperación, complementariedad y circulación horizontal del conocimiento.
En otras palabras:
no se trataría simplemente de repartir el poder entre varios centros, sino de modificar la propia lógica mediante la cual se ejerce el poder.
Esa es probablemente una de las apuestas intelectuales más ambiciosas del libro.
El desafío de construir un ciberespacio diferente
La obra propone además la creación de redes descentralizadas y sistemas de comunicación alternativos.
Su idea es que la tecnología digital puede convertirse en una infraestructura para la cooperación social y no solamente en un mecanismo de extracción comercial de datos.
Habla de redes neuronales descentralizadas, microcomunicación local, interoperabilidad soberana y vocabularios controlados como instrumentos para proteger la información y reducir la manipulación.
Es una propuesta que merece ser examinada más allá de sus formulaciones ideológicas.
Porque plantea una pregunta concreta:
¿Es posible construir un ecosistema digital donde el conocimiento pueda circular sin quedar sometido a la concentración de unos pocos grandes actores?
La respuesta no es sencilla.
La descentralización tecnológica puede abrir oportunidades extraordinarias, pero también enfrenta problemas reales: financiación, seguridad, gobernanza, interoperabilidad, sostenibilidad y, sobre todo, la dificultad de evitar que las nuevas estructuras terminen reproduciendo las mismas concentraciones de poder que pretendían sustituir.
Donde el libro provoca más debate
Y aquí creemos que debe entrar el periodismo.
Leer críticamente El miedo y el metaverso no significa aceptar todas sus tesis ni rechazarlas de antemano.
Significa discutirlas.
El autor sostiene, por ejemplo, que determinadas narrativas occidentales sobre el peligro de la IA forman parte de una construcción ideológica vinculada a intereses económicos y geopolíticos. Esa es una hipótesis de considerable alcance. Para convertirla en una conclusión periodística general sería necesario contrastarla con investigaciones, documentos y casos concretos.
De igual manera, la afirmación de que la tecnología es esencialmente un recurso inocente cuya orientación depende de la conciencia humana constituye fundamentalmente una posición filosófica. La experiencia demuestra que el diseño tecnológico incorpora decisiones, incentivos y estructuras de poder desde su propia concepción.
Por eso el debate no debería reducirse a máquina buena frente a máquina mala.
La discusión verdadera es mucho más compleja:
tecnología, intereses económicos, estructuras políticas, decisiones humanas y responsabilidad social.
El verdadero miedo
Quizás el mayor mérito de este libro sea precisamente obligarnos a cambiar el centro de la discusión.
Durante años hemos imaginado historias en las que las máquinas adquieren conciencia y terminan dominando a sus creadores.
Pero existe un peligro mucho más inmediato y comprobable:
que los seres humanos utilicen tecnologías extraordinariamente poderosas sin haber desarrollado al mismo tiempo la madurez ética necesaria para manejarlas.
En ese sentido, el “software humano” del que habla Domínguez Lima adquiere una dimensión metafórica particularmente interesante.
Podemos actualizar computadoras.
Podemos entrenar algoritmos.
Podemos construir metaversos.
Podemos desarrollar máquinas capaces de procesar cantidades extraordinarias de información.
Pero todavía tenemos pendiente una tarea mucho más antigua:
aprender a convivir.
El proyecto IN+IA propone que la Inteligencia Artificial quede subordinada a una Inteligencia Natural guiada por conciencia social, cooperación y humanismo. El libro coloca incluso el amor fraternal y el entendimiento entre los pueblos como fundamentos de esa transformación.
Puede parecer una propuesta utópica.
Puede también ser considerada ingenua por quienes entienden las relaciones internacionales exclusivamente desde la competencia por el poder.
Pero precisamente por eso merece ser discutida.
Porque detrás del metaverso, detrás del algoritmo y detrás del silicio sigue estando el mismo protagonista de toda la historia:
el ser humano.
Y quizá la pregunta fundamental para las próximas décadas no sea si la inteligencia artificial llegará a superar al hombre.
Quizás debamos preguntarnos si el hombre será capaz de superar sus propias bajas pasiones antes de entregarle herramientas cada vez más poderosas.
Ahí podría estar el verdadero desafío.
Y también la verdadera respuesta al miedo.
Mi compañero y amigo Roberto Dominguez  hace gala de una investigación objetiva al presentar  el libro, explicar sus conceptos, pero sabe como  introducir una  distancia crítica, y termina con una reflexión propia.

Si queremos llevarlo a un nivel todavía más fuerte, el siguiente paso sería una segunda parte de este análisis:  contrastar las principales tesis del autor con fuentes externas sobre IA, guerra cognitiva y geopolítica, para que el artículo tenga además una sólida segunda capa de investigación. Volveremos con el tema. Ahora les dejo con el libro en PDF

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