La CIA en la Habana. Polvora Mojada


Trece presidentes estadounidenses que han conducido 19 administraciones han convivido con la Revolución Cubana. Uno de ellos, Dwight Eisenhower que gobernaba cuando en 1959 Fidel Castro, al frente del Ejército Rebelde derrocó al dictador Fulgencio Batista y tomó el poder en Cuba, convirtiéndose en máximo líder de la Isla, jerarquía que conservó durante los siguientes 57 años hasta su muerte en 2016.
De 1959 hasta hoy, la CIA ha tenido 23 directores. El primero en confrontar a la Revolución Cubana fue Allen Dulles que, desde 1953, momento en que Fidel Castro se dio a conocer con el asalto al cuartel Moncada, dirigió la mayor agencia de espionaje, acciones encubiertas y guerras sucias de los Estados Unidos y que, lidió con Cuba hasta 1961 cuando la derrota de bahía de Cochinos le costó el cargo. El más reciente es John Ratcliffe, el segundo en ejercicio que ha visitado la Isla.
Dwight Eisenhower 34 presidente que gobernó entre 1953 y 1961 es inequívocamente el artífice de la politica de confrontación a la Revolución Cubana, a él se debe la afirmación de que: “El comunismo en el hemisferio era inaceptable”, sentencia acatada por todas las administraciones posteriores, entre las cuales, hubo cuatro que introdujeron matices. El primero en hacerlo fue John F. Kennedy quien, por intermedio del periodista francés Jean Daniel, dio pasos al encuentro y trató de dialogar con Fidel Castro y encontrar un territorio común. Una bala asesina frustró su esfuerzo. El director de la CIA en épocas de Kennedy fue John McCone
Otro de los mandatarios estadounidense que intentaron innovar en la politica hacia Cuba fue el 39 presidente James Carter que, en 1977 concibió la idea de establecer sesiones de intereses en Washington y La Habana, idea endosada por Fidel Castro que fue rápidamente ejecutada. Según Jesús Arboleya, ex diplomático cubano, con aquellas entidades “Se inauguró por primera vez la capacidad de diálogo en vez de la confrontación como marco de la relación política”. Entonces el director de la CIA fue Stansfield Turner.
Barack Obama, 44 presidente de los Estados Unidos, consideró conveniente cambiar el comportamiento hacia la Isla debido a su credo de que, la gestión de la politica, basada en el bloqueo, el acoso político, el aislamiento, las amenazas militares y la intención de lograr un cambio de régimen habían fracasado y, en lugar de Cuba quien se aisló fueron los Estados Unidos.
A propósito, cuando en 2014 Obama realizó esta evaluación, una docena de países de América Latina era gobernada por presidentes de izquierda o progresistas, solidarios con Cuba y críticos de la politica de bloqueo de Estados Unidos hacia la Isla.
Una innovación de Obama fue utilizar como emisario político ante las autoridades cubana al director de la CIA, función desempeñada entonces por John Brennan que en 2015 viajó en secreto a La Habana para negociar la continuidad del deshielo de Estados Unidos y Cuba, el restablecimiento de las relaciones y probablemente la visita de Barack Obama.
La segunda visita de un director en activo de la CIA a Cuba acaba de ocurrir, esta vez ha sido protagonizada por John Ratcliffe en un contexto absolutamente diferente. En lugar de las intenciones de avenencia y la caballerosidad de Barack Obama que encontró en Raúl Castro un interlocutor a su altura y con quien dialogó respetuosamente con excelentes resultados, el actual jefe de la CIA representa a un presidente y una administración que han manifestado una opinión profundamente negativa del gobierno de la Isla.
Obviamente, el conspicuo emisario debe haber sido portador de algún mensaje, propuesta o sugerencia del presidente Donald Trump, sobre todo porque, según lo informado, fue Estados Unidos quien pidió que se le recibiera en Cuba. El inusual evento ocurre cuando funcionarios cubanos de la mayor categoría, han admitido que representantes de ambos países han mantenido contactos que, aunque no puedan calificarse de negociaciones, no deben ser desestimados.
En cualquier caso, se trata de pasos al encuentro y de hechos positivos. En los últimos 67 años entre Estados Unidos y Cuba ha habido demasiada hostilidad durante demasiado tiempo y es hora de encontrar soluciones. El hecho de que en algún momento se haya sugerido el establecimiento de nuevos vínculos económicos y el diálogo político, es una manera positiva de abordar una situación que es preciso cambiar.
Al escribir sobre la CIA me siento tentado a contar un pasaje que en su momento me resultó conflictivo. Sería en 1993-94, cuando Reinaldo Taladrid, un referente del periodismo y los medios en Cuba cuya amistad me honra y que entonces, eventualmente actuaba como una especie de productor de campo en colaboración con CNN, me puso en contacto con Charles Jacob, periodista estadounidense del staff de la cadena quien buscaba un funcionario que respondiera sus preguntas a lo cual asentí.
Al concluir la entrevista, quedamos conversando y le conté a Jacob, un juego de palabras que le había escuchado a una personalidad estadounidense, en el cual se sugería que: “Los problemas de Cuba no serían resueltos por la CIA, sino por SEARS…” Se trataba de una metáfora que, en una interpretación abierta, podía aludir, tanto al mercado como a los Estados Unidos. Jacob me la atribuyó.
Divulgado por CNN, el lance tuvo una inmediata repercusión mundial dado que semejante enfoque, tratándose de un funcionario cubano en una posición oficial en aquel momento era una novedad. En el ambiente de entonces, puertas adentro, se consideró una muestra de liberalismo. Me reservo el resto de la historia porque implica a otras personas.
Según trascendidos, a propósito de la reciente visita de John Ratcliffe, director de la CIA a la Habana, la administración estadounidense se ha referido a la existencia de una ventana en la relación entre Cuba y los Estados Unidos y viceversa. Algunos amenazan con cerrarla, yo prefiero apostar porque se abran muchas puertas y ventanas y se tiendan puentes para, desde esas atalayas, contemplar un panorama promisorio. Los primeros pasos están dados. Allá nos vemos.

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