A pesar de un temprano debut en los años cincuenta del pasado siglo y de ser favorecida por el programa de Estados Unidos Átomos para la Paz, en América Latina la energía nuclear está en pañales. Ello se debe a los altos costos, al subdesarrollo tecnológico, a los riesgos, así como a asuntos políticos y de seguridad. Por todo ello, en esa esfera se observa un patrón común de estancamiento.
Ante el hecho objetivo de que, en aquel momento, cuando comenzaba la Guerra Fría, no existían regulaciones y los países europeos y asiáticos que fueron abusados por los nazis, procuraban prepararse para evitar situaciones semejantes sumándose a la carrera de armamentos, se calculó que unos 40 estados estaban habilitados para dotarse de armas nucleares por lo cual, prever la proliferación nuclear era vital.
Alertado por la experiencia de Hiroshima y Nagasaki y previendo tales riesgos para su país, el presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, alegó ante la ONU que, en su condición de militar que había sido comandante de las tropas aliadas en el Pacífico y Europa y primer jefe militar de la OTAN, comprendía los riesgos de una nueva guerra, propuso el Programa Átomos Para la Paz, para alejar los peligros de la proliferación, por lo cual brindó a países interesados y aptos, equipamientos y asesoramiento para emprendimientos nucleares con fines pacíficos.
A la vez la superpotencia occidental ofreció a sus aliados y clientes la protección militar necesaria, dotándolos del famoso paraguas nuclear sin costo alguno. Aunque la Unión Soviética no se sumó al programa de Eisenhower, tampoco lo criticó ni lo obstruyó y respecto a sus aliados europeos, aplicó la misma medicina. Esa atinada política en la cual hubo luces y sombras, hizo posible que 80 años después, en lugar de decenas de países con armas nucleares, haya sólo nueve, los cinco originales más cuatro (India, Pakistán, Corea del Norte e Israel) que no se atuvieron al consenso general y desarrollaron armas nucleares.
Si bien en el mundo sólo 31 países poseen plantas electronucleares en las cuales operan unos 400 reactores, en el subcontinente latinoamericanos apenas tres naciones, Argentina, Brasil y México cuentan con plantas electronucleares. Las reservas de uranio son de unas 20.000 toneladas y no existen armas nucleares. Mientras en el mundo cerca del 11 por ciento de la electricidad se genera en instalaciones nucleares, en América Latina no llega dos por ciento. No funciona ningún buque movido por energía nuclear y sólo un país, Brasil domina el siclo completo del uranio que consiste en extracción, enriquecimiento y empleo.
Virtualmente la historia nuclear latinoamericana se reduce a elementos circunstanciales acaecidos en cuatro países, en los cuales, por distintas razones han sido ejes de polémicas. La más virulenta y altamente peligrosa ocurrió en 1962 cuando, como parte de la alianza y de acuerdo con las autoridades locales, la Unión Soviética emplazó en Cuba misiles de alcance medio, dotados con ojivas nucleares. Debido a la reacción de Estados Unidos, se desencadenó la Crisis de los Misiles.
Por cierto, en aquella grave coyuntura, cuando Estados Unidos elaboró planes que incluían devastadores ataques aéreos y navales contra la Isla, seguidos de la invasión y el bombardeo a las rampas coheteriles nucleares, que estaban protegidas por una importante agrupación de tropas soviéticas con alrededor de 50.000 efectivos, los cuales habrían sido diezmados, haciendo inevitable la confrontación nuclear entre las superpotencias.
Entonces, cuando la guerra parecía inminente, hubo la voluntad política y la altura necesaria para, en una situación que llegó al límite, dar oportunidad a las gestiones diplomáticas y al diálogo, lo cual permitió encontrar puntos de avenencia y acuerdos mutuamente satisfactorios que desactivaron la crisis.
Aquel evento de peligrosas implicaciones globales, favoreció las gestiones de México que, por intermedio de su presidente Adolfo López Mateo, el canciller Alfonso García Robles y otras personalidades, se involucró en la prédica y las gestiones que en 1967 permitieron alcanzar el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina y el Caribe, conocido como Tratado de Tlatelolco. Hecho que convirtió a América Latina en la primera región libre de armas nucleares, aunque según trascendidos, circunstancialmente Estados Unidos las ha llevado y probablemente almacenado en sus bases en Guantánamo y Puerto Rico.
El tema nuclear regresó a Cuba cuando, debido a la crisis que condujo al colapso de la Unión Soviética, se suspendió la construcción de una central electronuclear que, como parte de la colaboración con la ex superpotencia socialista se construía en la provincia de Cienfuegos. En 1993 el presidente Bill Clinton reveló la oposición de los Estados Unidos a la existencia de aquella instalación debido a la proximidad a ese país. En el año 2000, por razones económicas el proyecto fue definitivamente cancelado.
La historia nuclear de Argentina, Brasil y México que comenzó en 1951, aunque no ha estado exenta de momentos de tensiones, ha sido lenta y sosegada.
No existe ninguna preocupación de que haya en América Latina eventos o circunstancias que planteen riesgos de naturaleza nuclear. Estados Unidos, el único país que posee tales armas que, en circunstancias específicas, en otras regiones, ha admitido la posibilidad de utilizarlas, no tiene excusas para preocuparse por amenazas a su seguridad nacional procedente de su entorno regional.
Como el elefante en la selva, por su tamaño y su fuerza, Estados Unidos carece de depredadores, aunque a veces, en el colmo de los absurdos, es capaz de alegar que países como Cuba constituyen “una amenaza extraordinaria e inusual” para, con esa excusa, relanzar una politica agresiva que, además de recrudecer el bloqueo económico, comercial, financiero y últimamente energético, contempla amenazas militares, incluida la desmesura de realizar vuelos de exploración y parquear un portaaviones frente a la Isla.
No es ocioso recordar lo obvio. De todas las alternativas para solucionar las diferencias políticas, las acciones militares son la peor. No obstante, los poderosos todavía acuden a ella. “Vade retro Satanás”. * Allá nos vemos.
*Expresión atribuida a Jesucristo.
Energía, uranio y armas nucleares en América Latina
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