
Lo que vimos en Cuba nos impactó.
*The New York Times* (EE.UU.), 11 may. 2026
_*Opinión/ Por Pramila Jayapal y Jonathan L. Jackson*_
La Sra. Jayapal, del Séptimo Distrito Congresional de Washington, y el Sr. Jackson, del Primer Distrito Congresional de Illinois, son demócratas en la Cámara de Representantes.
Alejandro, un bebé prematuro nacido en la maternidad Eusebio Hernández Pérez de La Habana, pesaba apenas un kilo cuando lo conocimos en abril. Lo observamos mientras yacía en una incubadora, una de las pocas en el edificio cuyos delicados componentes electrónicos no habían sufrido daños por las sobretensiones eléctricas que siguieron a los apagones nacionales. Las amplias sanciones estadounidenses hacen que importar piezas de repuesto para las demás incubadoras averiadas sea prácticamente imposible.
Durante nuestra visita al hospital, vimos a mujeres en los últimos días de sus embarazos subiendo penosamente tramos de escaleras, ya que los ascensores no funcionaban por falta de electricidad. El personal del hospital lucha por llegar al trabajo sin combustible para sus vehículos. Durante los apagones, los médicos a veces tienen que bombear manualmente los respiradores para mantener con vida a los bebés. Afirman que el hospital ha logrado evitar un aumento en la mortalidad infantil en los últimos meses, pero otros centros del país no han tenido tanta suerte. Entre 2018 y 2025, las sanciones estadounidenses se volvieron más punitivas, y la otrora impresionante tasa de mortalidad infantil de Cuba se disparó un 148 por ciento.
Como miembros del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, pasamos cinco días en Cuba en abril para comprender mejor el impacto humanitario del bloqueo energético estadounidense a la isla, que duró varios meses. Nos quedamos consternados por los efectos inhumanos de esta política, cuyo objetivo parece ser estrangular la economía hasta arruinar al pueblo cubano y dejar el país a disposición, como dijo el presidente Trump, para ser “tomado”.
Con la excepción de un petrolero ruso que transportaba petróleo para entre 10 y 14 días, los suministros de combustible a Cuba han estado bloqueados durante más de cuatro meses, ya que otros países temían que sus petroleros fueran incautados en alta mar por buques militares estadounidenses. Las humillaciones diarias resultantes se han extendido por toda la sociedad cubana. Regresamos de nuestro viaje convencidos de que si el pueblo estadounidense conociera la magnitud de lo que está sucediendo en Cuba, exigiría el fin inmediato del bloqueo.
El bloqueo estadounidense de combustible a Cuba, sumado al embargo más largo de la historia moderna de Estados Unidos, desafía las normas del derecho internacional que garantizan la soberanía estatal, la no injerencia en los asuntos internos y el derecho de las naciones a comerciar libremente. Constituye un ataque económico contra la infraestructura básica de Cuba, diseñado para infligir un castigo colectivo a la población civil mediante la creación de una crisis humanitaria en la que la atención médica, el agua potable, la agricultura y el transporte se han vuelto inaccesibles.
Durante nuestra visita, conversamos con una amplia gama de ciudadanos cubanos: disidentes políticos, líderes religiosos, empresarios y miembros de organizaciones de la sociedad civil y grupos de ayuda humanitaria. También nos reunimos con familiares de presos políticos cubanos. En todas partes coincidimos: el bloqueo estadounidense debe terminar y una invasión estadounidense no debe llevarse a cabo.
Comprobamos de primera mano cómo los estadounidenses podrían beneficiarse de la normalización de las relaciones con Cuba en varios aspectos clave. En otras circunstancias, Cuba sería un socio comercial natural de Estados Unidos. Varios secretarios de agricultura de estados tanto republicanos como demócratas han visitado la isla para explorar oportunidades de exportación de productos agrícolas estadounidenses a Cuba, limitadas únicamente por las restricciones financieras impuestas por Estados Unidos debido al embargo.
El sistema de salud cubano, durante décadas un modelo global de salud pública, ha generado importantes avances que podrían beneficiar a los estadounidenses, incluyendo tratamientos prometedores para el Alzheimer y el cáncer de pulmón. Además, tanto Cuba como Estados Unidos podrían beneficiarse de un impulso al turismo. Cuando el presidente Barack Obama normalizó las relaciones con Cuba, hoteles, restaurantes y tiendas florecieron en toda la isla, impulsando la liberalización de la economía cubana y el surgimiento de una sociedad civil independiente.
El gobierno cubano puede y debe hacer más internamente para mejorar los derechos políticos y cívicos, incluyendo el fin de la detención arbitraria y el maltrato de los presos políticos, lo cual le transmitimos en nuestra reunión con el presidente Miguel Díaz-Canel. Sin embargo, ha dado pasos importantes, como el anuncio de la liberación de 2010 presos, en lo que el periódico estatal del país calificó como un gesto “humanitario y soberano”. La decisión de Cuba de autorizar una investigación del FBI sobre un reciente tiroteo marítimo con víctimas mortales en el que se vieron involucrados cubanoamericanos fue otra muestra importante de transparencia y buena voluntad.
Muchos de los cambios económicos que la administración Trump afirmó querer durante el bloqueo ya están en marcha. El gobierno autorizó recientemente a empresarios cubanoamericanos a invertir en empresas privadas. Las pequeñas y medianas empresas representan ahora una parte importante de la economía y la fuerza laboral.
Pero las reformas liberalizadoras no pueden contrarrestar la campaña deliberada de Estados Unidos para destruir la economía cubana. En las últimas semanas, el Sr. Trump y el Secretario de Estado Marco Rubio anunciaron nuevas y drásticas sanciones contra la economía cubana con el pretexto de que la isla representa una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos.
Estas medidas reiteraron que el mayor obstáculo para mejorar la vida cotidiana de los cubanos sigue siendo la política obsoleta de Estados Unidos, propia de la Guerra Fría, de coerción económica y presión militar, cuyo único resultado ha sido el aislamiento y el sufrimiento del pueblo cubano. Una mayor destrucción en Cuba, incluyendo acciones militares, solo conduciría a un mayor colapso económico y a que más cubanos huyeran de la isla.
Estados Unidos y Cuba pueden pasar página e iniciar negociaciones reales si estas se basan en el respeto mutuo y buscan el beneficio de los pueblos de ambos países. Creemos que esto representa un verdadero logro: una oportunidad real para niños como Alejandro y la próxima generación de cubanos que merecen conocer la generosidad del pueblo estadounidense y vivir con esperanza en el futuro.
Pramila Jayapal, del Séptimo Distrito Congresional de Washington, y Jonathan L. Jackson, del Primer Distrito Congresional de Illinois, son demócratas en la Cámara de Representantes.
Lo que vimos en Cuba, nos impactó
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