Cuando se dice: “Está grabado en piedra” se ha dicho todo*

El Paleolítico, también conocido como la Edad Antigua de la Piedra, es la primera fase de los periodos prehistóricos. Va desde 2 millones a.C. (aprox. tiempo en el cual el hombre fabricó el primer utensilio) hasta el 10.000 a.C. (principio de la época del Neolítico).

*Volver a la edad de piedra
Tal vez Donald Trump faltó a clases cuando se explicaron las etapas o edades por las cuales ha transitado la civilización, razón por la cual, verbaliza la insólita pretensión de devolver a Irán a la edad de piedra a donde dijo, “pertenece”.
En lo último tiene razón, Irán al igual que otros países de la región fue parte de la edad de piedra, lo cual lejos de mácula o hándicap es un activo a favor. Haber estado presente en los albores de la humanidad convierte a los pueblos y culturas que vivieron aquellas experiencias en fundadores, precursores y forjadores. Persia, Babilonia, Siria y todos los pueblos de Oriente Medio cuyos antepasados vieron nacer y predicar a Jesucristo son activos de la humanidad, lo cual no absuelve totalmente a sus gobernantes de ayer y de hoy. “Rezar no los hace santos”
La especie humana que según se sabe debutó en África, como una entidad genéticamente homogénea y culturalmente diversa y, según los tratados bíblicos, fue dotada por el Creador con la facultad de libre albedrio, es resultado de una larga y compleja imbricación de evolución orgánica y progreso cultural, proceso en el cual, la vida inteligente se integró a la vida que la precedió.
Se trata de procesos únicos, aunque con diferentes etapas, separadas unas de otras por millones de años y por enormes espacios geográficos. Cuando, milenios antes de Jesucristo, en Persia, Mesopotamia y en las márgenes de los ríos Nilo, Ganges, Éufrates y otros se vivía la edad de piedra, Norteamérica no había sido poblada, por lo cual ese período de la historia humana es allí una referencia, no una experiencia. Un día Eduardo Galeno recordó que: “El dinero no se inventó en Texas”
Las edades de la civilización son un recurso metodológico, construido sobre una metáfora cultural que recuerda la vida humana, la cual transita por distintas edades. La prehistoria que comenzó con la aparición de los primeros humanos, hace unos 2. 500. 000 años y finalizó con la invención de la escritura, hace unos 5. 000, es la etapa más  larga en la historia de la especie humana formada por cinco edades: Prehistoria, Edad Antigua, Media, Moderna y la Edad Contemporánea, etapa en la cual vivimos.
La edad de piedra es como un prólogo, extendido sobre entre tres y cuatro mil años y que, en la lógica descrita, puede ser asumido como la infancia de la civilización, una etapa que suele subdividirse en tres períodos, todos asociados a la piedra, primer material perenne y de fácil obtención, utilizado desde los proto humanos hasta el homo sapiens que todavía lo emplean.
De piedra son el Moisés de Miguel Ángel, el Pensador de Rodin, los rostros grabados en el Mount Rushmore y los templos y palacios en los cuales vivían y oraban mayas y aztecas cuando, por las praderas de América del Norte, nómadas todavía vagaban pueblos originarios. Haber llegado después no los hace inferiores, como tampoco superiores a los que arribaron luego. La dialéctica de las civilizaciones no funciona así.
En la edad de piedra, además de comenzar a utilizarse herramientas de ese material, se domesticó el fuego, apareció la agricultura y el pastoreo, la cerámica y los antecesores del género humano, tronco común de todas las culturas, civilizaciones y etnias,  comenzaron a propagarse por el planeta desde el polo norte hasta la Antártida y a establecer comunidades, se tornaron sedentarios y avanzaron hacia la vida urbana, grabaron en cavernas como para preservarla por toda la eternidad sus experiencias y dieron fe de su naciente sensibilidad, creando el arte rupestre todavía admirado.
En esa andadura, los antepasados que en lejanos parajes forjaron la humanidad llegaron a Norteamérica donde generaciones de hombres y mujeres venidos de todas partes, en su fecunda obra forjaron a los Estados Unidos, meca de la innovación y la creación y gonfalón de la cultura donde, con maravillosa prosa, se realizó el más prístino retrato del hombre de hoy, heredero y émulo de aquellos que en Persia y Babilonia pusieron las primeras piedras.
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos contiene el mejor retrato de los humanos: “…Todos los hombres son creados iguales; son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; entre éstos la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad…”
Si en santa paz fuera posible viajar en el tiempo, sería maravilloso hacerlo a la edad de piedra, donde comenzó la gran aventura de la humanidad. El pasado remoto no es sinónimo de barbarie, sino testimonio de creatividad, imaginación y de férrea voluntad. Cuando se dice: “Está grabado en piedra” se ha dicho todo. De allí viene la humanidad. Donald Trump y los líderes de Irán e Israel deberían recapacitar. Allá nos vemos.

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