Otros rostros y nuevas oportunidades

 

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La instalación de un nuevo equipo en la Dirección de América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, encabezada por los embajadores Carlos Fernández de Cossío Domínguez y Johana Tablada, ofrece una oportunidad para reflexionar sobre importantes asuntos que conciernen no solo al MINREX, sino al conjunto del estado y a la nación cubana.

Además de dar continuidad al trabajo corriente, el nuevo equipo tendrá la misión de consolidar los avances alcanzados en la normalización de las relaciones con Estados Unidos, conducir las tratativas en marcha, así como concebir proyectos e iniciativas que permitan retomar la senda de la negociación sin resignarse a creer que, debido a la actitud de la actual administración, todo está perdido y hay que esperar tiempos mejores.  

La distensión y la ulterior normalización de las relaciones con los Estados Unidos que a la larga conducirán a una flexibilización del bloqueo estadounidense y finalmente a su levantamiento, no es solo una importante tarea diplomática sino uno de los cometidos más decisivos para el presente y el futuro de la nación cubana.

Es cierto que la situación creada por las proyecciones de la política hemisférica de la actual administración y sus enfoques respecto a Cuba configuran una coyuntura que hace difícil los diálogos, los acercamientos y las negociaciones. También eran difíciles los días posteriores a la invasión de bahía de Cochinos cuando, bajo la orientación de Fidel, se negoció la devolución de los invasores apresados y el pago de una indemnización por Estados Unidos.

Era difícil la década de los setenta cuando, ante una sugerencia norteamericana, de modo rápido y eficaz, se negoció con la administración de James Carter la apertura de las secciones de intereses en La Habana y Washington, estructuras que durante más de tres décadas soportaron todas las pruebas y contribuyeron a administrar el diferendo entre ambos países.  

En un escenario tan difícil como el creado por la administración Reagan, mediante eficaces negociadores, Fidel condujo la participación cubana en las conversaciones tripartitas para la búsqueda de la paz en Angola. Tampoco era propicio el clima, cuando en los años noventa se negociaron los acuerdos migratorios con Estados Unidos todavía vigentes.

La mejor lección fue impartida por el presidente Raúl Castro y su equipo que con la mayor discreción, desplegaron intensas negociaciones en las cuales se involucraron no solo altos funcionarios y diplomáticos profesionales cubanos, sino la máxima jerarquía de la Iglesia católica local, el papa, así como el gobierno de Canadá. El modo como los temas más difíciles y los obstáculos mayores fueron bordeados, son un ejemplo de cómo negociar en tiempo real.

Los nuevos ejecutivos heredan las magníficas tradiciones y los estilos de trabajo de la diplomacia cubana y seguramente están listos para “hacer caminos al andar”, dar respuestas y percibir las señales que permitan avanzar. De eso se trata, de avanzar y avanzar. Sus éxitos serán los del pueblo y la nación cubana. Allá nos vemos.

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