La verdad es Mezcla

Se puede entender por ciencia una rama específica del saber constituida por conocimientos objetivos, exactos y verificables sobre materias determinadas obtenidos mediante la observación, la investigación y la experimentación. Por su exactitud, las ciencias suelen ser deterministas, es decir sus premisas conducen siempre al mismo resultado, todas utilizan metodologías propias y cuentan con lenguajes específicos.

Algunas ciencias acuden a la experimentación en diferentes escalas y a la puesta en práctica de sus hallazgos para validar su certidumbre, mientras otras, por la naturaleza de su objeto de estudio, por su carácter abstracto o por su anticipación, no cuentan con tales recursos. Así ocurre en los estudios sociales.

Una confusión muy establecida atribuye a la práctica la función de criterio de la verdad”, con lo cual se ignora que la teoría, por ejemplo, el marxismo en su forma de “materialismo histórico”, alude a generalizaciones no atadas a contextos específicos, mientras la práctica se refiere a hechos o realidades concretas. Para cubrir tales especificidades, algunos autores, aluden a una “práctica teórica”. Es decir, a la validación de ciertos resultados científicos por la ciencia misma. Para dar la razón a Marx no había que esperar por Lenin.

Los procesos sociales, incluida la evolución orgánica que condujo a la especie humana y a la sociedad, fueron espontáneos y se realizaron sin proyectos ni metas preconcebidas. Debido al progreso cultural y la evolución económica y social, a partir de los siglos XVIII y XIX esa perspectiva cambió y aparecieron fórmulas mediante las cuales los hombres comenzaron a influir, a escala global en los procesos históricos.

Esa función proyectiva ha sido realizada por doctrinas filosóficas globales que como el liberalismo y el marxismo propusieron reorientar el curso de la historia. Nacieron así los modelos políticos basados en el liberalismo económico, político y cultural y en la democracia y, como contrapartida, el pensamiento socialista y el proyecto de construcción del socialismo. En el primer caso, se trató de un esfuerzo encaminado a la reforma de las estructuras existentes, mientras el socialismo de inspiración leninista, se propuso cambiar el curso de la historia y reinventar la civilización humana, cosa que comenzó con el triunfo bolchevique.

Aquel proyecto y su trágico final sintetizado por el colapso de la Unión Soviética, aportaron experiencias que deberían servir para reflexiones mayores en torno a la naturaleza y viabilidad de semejante cometido. No ha ocurrido así.

Obviamente a las ciencias sociales occidentales no les interesa investigar las razones de aquel desastre político y social, cosa que tampoco ha recibido atención en los países involucrados como Rusia y los ex países socialistas de Europa Oriental. China, Vietnam y Cuba que defienden la vigencia del proyecto de construcción del socialismo, tampoco lo han hecho.

Treinta años después, la pregunta es la misma. ¿Por qué el socialismo real y la Unión Soviética colapsaron? Si bien el ideal socialista como doctrina humanista conserva vigencia. ¿Cómo realizarlo? Lo único cierto es que hoy no se sabe más que hace 30 años. Si antes nadie sabía cómo construir el socialismo, tampoco se sabe hoy. La respuesta puede estar en la ciencia.

En Cuba donde el presidente Diaz-Canel se esfuerza por integrar la labor científica a los grandes procesos sociales, pudiera haber alguna oportunidad de buscar respuestas, lo cual requeriría voluntad política y enfoques metodológicos apropiados. Capítulo aparte es la apertura, la tolerancia y la libertad que permitan la necesaria variedad de enfoques y la búsqueda de la verdad, sin condicionamientos previos.

El presidente cubano que cuenta con un poderoso activo científico y académico asociado a las ciencias sociales, ahora subutilizado, pudiera formar un comité de expertos para tratar de dilucidar por qué colapsó el socialismo de matriz soviética, lo cual permitiría al proceso cubano, curarse en salud y apartarse del curso que llevó a tal destino. Nadie ha intentado tal cometido y nadie lo logrará mientras no se intente. Lo irracional es insistir en crear algo que nadie sabe cómo hacer. Allá nos vemos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *