
UN CASUAL ENCUENTRO
Voy a tomar café en una cafetería cerca de mi casa y allí me encontré almorzando en una mesa a uno de los poquísimos amigos que aún me quedan en esta vida y con vida, hacía tiempo que no lo veía. Mi amigo es uno de esos que en el Miami cubano le ha dado por llamarse que son moderados, que para mí no son ni chicha ni limonada, ya que siempre están en el medio y no se acaban de definir políticamente en relación con Cuba. Realmente, nunca me he llevado ni bien ni mal con él, ni con ningunos de esa camada de cubano miameros.
Aparentemente, lee mis comentarios, ya que después de saludarnos me preguntó: «¿Oye Lázaro, no te cansas de hablar de Cuba y de escribir sobre la misma?». A lo que le contesté que no me canso ni pienso cansarme. Mientras los gobiernos de EEUU le tengan los pies al cuello de los cubanos, yo voy a continuar denunciándolos, y más en estos momentos en que no solo les tienen los pies en el cuello, sino que los siguen amenazando con una intervención militar. «¿No te das cuenta de la crueldad de lo que estos siniestros personajes le están haciendo en estos momentos al pueblo de Cuba que aparte de cientos de sanciones hasta un bloqueo petrolero le han impuesto?» le pregunté.
Y continué diciéndole, «Tu pueblo, que es el mío, está pasando por una de las etapas más sufridas de su historia, viviendo una situación que raya en lo insoportable, sin electricidad, sin agua potable, sin que puedan mantener los alimentos en buen estado, pasando apagones que duran 30 o 40 horas, ahogándose de calor sin poder encender tan siquiera un ventilador, con noches sin poder dormir, sin la esperanza de ver una luz al final del túnel, etc. Mira mi hermano, en vez de preocuparte de lo que escribo o no, deberías preocuparte por esos compatriotas nuestros que día tras día atraviesan el Niágara en bicicleta». Le di una palmada en el hombro y me fui y ni el café llegué a tomar…
Cuba tiene derecho a VIVIR
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