En estos días, a finales de octubre se desarrollará en Washington un Encuentro de emigrados cubanos con representantes del gobierno de Cuba.
No fue el gobierno cubano quien recurrió a la emigración. Los cubanos que escogieron otras tierras para vivir en ellas, cansados de ser desterrados, un buen día, en una larga jornada de tiempo, reclamaron sus derechos ciudadanos y el debido reconocimiento. La Guerra Fría y las agresiones continuadas de Washington en contra del gobierno de La Habana, se interponía a la gestión, dificultándola.
El gobierno cubano durante tres décadas fue renuente a lidiar con el tema. Finalmente aceptó la aproximación en 1978 de cubanos exiliados, bajo cierta confianza estimulada por el gobierno de Jimmy Carter, quien prometió suspender la agresión física contra el Estado cubano y su decisión de establecer algunos vínculos de cooperación en diversas esferas con el gobierno revolucionario de Cuba. También participaron un reducido grupo de cubanos, muy jóvenes en su mayoría, simpatizantes del gobierno. Fue un proceso lento. Durante muchos años, el cubano que decidía salir del país, era automáticamente desterrado, quedando en un limbo, sin ningún tipo de representación nacional. Como consecuencia de aquella política se convertía literalmente en apátrida.
Basados en el hecho real de ser exiliados, ya fuese por real persecución en la comisión de delitos en contra del Estado o por razones políticas que el Poder revestía de acción delictiva, o por contubernio con los órganos de inteligencia estadounidense o con el gobierno de turno en Washington, aun aquellos que no reunían ninguna de las faltas o delitos mencionados, siendo realmente emigrados, eran forzados al destierro, encajando perfectamente en la categoría de exilado, término de naturaleza más política que el de desterrado. El gobierno cubano, trazando un rasero común ante las agresiones, conspiraciones violentas, tráfico de armas y explosivos y los agazapados conscientes (de los cuales hoy subsisten), dispuestos a la conspiración y uso de procedimientos (siempre violentos en última instancia), declaró a todo aquel que abandonaba el país, como enemigo, traidor y técnicamente, al negarle la entrada, confiscarle los bienes y la representación diplomática, era un desterrado y un exiliado.
El gobierno cubano, durante cuatro décadas les negó a las personas que decidían vivir en otro país, el derecho de ser emigrados. Esa condición comenzó a ser reconocida en la década de los noventas y no fue hasta bien iniciado el Siglo XXI, que se les concedió parcialmente ese derecho. Para conservarlo deben visitar el país al menos una vez, en el transcurso de dos años, de aquí su reconocimiento parcial.
Hay que hacer historia para entender estas situaciones. La interpretación siempre es asunto muy personal y en mi caso, definitivamente entiendo que Cuba, país pequeño que en 1959 comenzó lo que supuestamente sería una Revolución Nacional, consistente en reformas profundas de sus estructuras políticas y socio económicas, no podía comportarse con mucha liberalidad respecto a quienes abandonaron la nación, en medio de la guerra no declarada que inició Estados Unidos contra la Isla. Especialmente porque el núcleo inicial de emigrados, quienes lo hicieron en calidad de exiliados, participando activamente en las conspiraciones, entrenamientos y acciones en contra del Estado cubano, atentando contra sus embajadas, propiedades extraterritoriales y los diversos funcionarios que cumplían misiones en el exterior, reclutaban a los recién llegados, convirtiéndolos de una u otra manera en parte de ese exilio vivo, combatiente y militante, con objetivos claros y con apoyo durante años, de los órganos de inteligencia estadounidense. No obstante, la relativa estabilidad política interna que habían logrado para fines de la década de los setentas, les hubiese permitido tomar acciones de mayor envergadura tanto con los emigrados como en asuntos internos. Pero esto queda para el recuento que el oficialismo pueda hacer y la capacidad de autocrítica objetiva que decida asumir.
La CIA fue organizando una base de operaciones en el South Campus de Miami en 1961, llamada oficialmente JM-WAVE, la cual alcanzó su labor más intensa, a partir de 1962 y comienzos de 1964. Fue clausurada en 1968. Debido a las irregularidades de éste órgano de inteligencia, a mediados de los setenta se creó el Church Committee, a cargo del Senador Church. Por su parte el Senador Richatrd Schweiker, quien pertenecía a dicho Comité, decide organizar un subcomité como consecuencia de las irregularidades que comenzaron a aflorar. En el curso de las investigaciones, salió a relucir la base CIA de Miami, cuya existencia era desconocida por el Congreso y aun por el propio Presidente Kennedy, por cuanto a raíz de la Crisis de Octubre suponía haber sido parcialmente desmantelada.
La base, la mayor que jamás ha existido fuera de Langley, Virginia, albergaba 300 oficiales. Cada uno empleaba a 10 cubanos con el rango de “agentes principales” y cada uno de estos empleaba a 30 cubanos llamados “agentes regulares”. La nómina oficial tenía 15,000 cubanos, todos ellos en actividades dirigidas a “derrocar el gobierno de Castro”, aunque el número de quienes recibían dádivas, de acuerdo a la estructura mencionada, ascendía a unos 50,000 cubanos.
Hago mención de esto para significar hasta dónde aquellos exiliados militantes, dedicados a derrocar a Castro y también a “combatir el comunismo” en Latinoamérica, tenían por lógica un extraordinario “poder de convencimiento” para “forzar” sicológicamente a los recién llegados a apoyarlos, contribuir económicamente en sus tropelías e involucrar a los más avezados a participar activamente en las actividades insurgentes, la mayoría de ellas de carácter terrorista. Ese conglomerado dio lugar a una entelequia llamada “exilio histórico”, una supra estructura virtual que sirvió de “brazo político”, para la contrarrevolución insurgente, la mayoría de las veces terrorista.
Hablo de estas cosas porque anduve por esos caminos y sé cómo ha sido y continúa siendo, el comportamiento y las intenciones, de un número no muy reducido de ellos.
Es necesario comenzar una crítica seria de esos Encuentros que ya nada tienen que ver con aquellos iniciados en la época de los noventas y cuyo formato considero está agotado. Por esta razón continuaré hablando del tema.










