Traducido del más allá por Max Lesnik
Según las más recientes encuestas de opinión pública, Donald Trump además de tener ya casi los delegados suficientes para lograr la candidatura presidencial del Partido Republicano tiene además apoyo popular suficiente como para ganarle o darle una buena batalla en las urnas a Hillary Clinton en los comicios generales del mes de noviembre.
El fenómeno del “Trompismo” parece ser contagioso como si se tratara de una enfermendad. Hasta el punto que trasciende las filas Republicanas para infectar otras áreas de la sociedad estadounidense amenazando con poner en peligro el tradicional equilibrio que siempre ha gobernado la política en Estados Unidos con la excepción de los tiempos de la Guerra Civil norteamericana.
Una cosa es cierta. Que el fenómeno del “trompismo” nos revela una cara sucia de buena parte del pueblo norteamericano que permanecía oculta bajo una frase según la cual no es “políticamente correcto” expresar públicamente ciertos prejuicios racistas anti-negros, anti-hispanos o de genero sexual, que sin reparo alguno el candidato Donald Trump utiliza en la tribuna pública para complacer a quienes piensan de esa manera y que no son pocos por cierto.
El “Trompismo” no es nuevo en Estados Unidos. Fueron “Trompistas” los que exterminaron a los “Indios” nativos norteamericanos para robarles sus tierras pretextando que conformaban una raza salvaje con la cual los blancos de origen europeo no podían coexistir.
“Trompistas” eran las huestes desquiciadas del Ku-Klux-Klan que en el sur de Estados Unidos aterrorizaban a los negros asesinándolos a mansalva por el color de su piel.
“Trompistas” fueron los tiempos cuando los ciudadanos negros en Estados Unidos tenían que ir a baños diferentes que los blancos, tenían que sentarse en los asientos de atrás de los autobuses de servicio público y sus hijos ir a escuelas solo para las personas de su raza.
“Trompismo” fue encarcelar en campos de concentración a ciudadanos norteamericanos, nacidos en Estados Unidos cuando la Segunda Guerra Mundial por solo ser de origen japonés. Trompistas fueron los que le arrebataron las tierras a los mexicanos e implantaron la Enmienda Platt a Cuba.
En fin que el “Trompismo” no es algo nuevo en Estados Unidos. Viene de muy atrás, como el nazismo alemán no fue solo obra de Adolfo Hitler y sus secuaces. Si no hay un caldo de cultivo propicio y suficiente frustración en buena parte de la sociedad norteamericana, el “Trompismo” no pudiera existir.
Yo no digo que Donald Trump sea un Hitler norteamericano. Pero no cabe la menor duda de que el “Trompismo” y el “nazismo” son parientes cercanos. Como los alemanes “decentes” y “buenas personas” que siguieron a Hitler, los norteamericanos que apoyan a Donald Trump también pueden ser decentes y buenas personas que están prisioneras de sus fobias y prejuicios raciales y sociales. No es que ellos tengan malas intenciones. Pero de buenas intenciones también está empedrado el camino del infierno.
Lo cierto es que el “Trompismo” está ahí. Es la cara sucia y oculta de Estados Unidos que Donald Trump ha sacado a la luz. Habría que darle las gracias.
Y hasta mañana jueves amigos de El Duende, que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











