Los BRICS y la Multicentralidad: ¿otro bloque de poder o una nueva manera de entender el mundo?
Por Carlos Rafael Diéguez — Radio Miami Today
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El debate sobre los BRICS suele reducirse a una pregunta geopolítica: ¿estamos ante un bloque que pretende disputar a Estados Unidos y Occidente la conducción del orden mundial?
El libro Los BRICS y la Multicentralidad, de Roberto Domínguez Lima, propone cambiar la pregunta.
Su tesis fundamental es que los BRICS no deberían interpretarse necesariamente como un polo enfrentado a otro polo, sino como un posible “nodo” dentro de una red internacional más amplia, donde diferentes Estados puedan relacionarse sin que uno de ellos tenga que convertirse obligatoriamente en centro hegemónico.
Ahí aparece el concepto que atraviesa toda la obra: la Multicentralidad.
El propio libro define ese paradigma como una alternativa a los esquemas jerárquicos tradicionales y propone sustituirlos por una red horizontal de “nodos” soberanos. Aplicado a los BRICS, esto significa interpretar al grupo no simplemente como un contrapoder frente a Occidente, sino como un espacio de cooperación dentro de un mundo con múltiples centros de decisión.
De una sigla financiera a un actor internacional
El libro recuerda una paradoja interesante: los BRICS no nacieron como proyecto político.
El término BRIC fue acuñado en 2001 por Jim O’Neill, de Goldman Sachs, para identificar a Brasil, Rusia, India y China como grandes economías emergentes. Posteriormente comenzó su institucionalización política: la primera cumbre de los cuatro países tuvo lugar en 2009 y Sudáfrica se incorporó posteriormente, dando lugar al nombre BRICS.
Es decir, una categoría surgida del análisis financiero terminó convirtiéndose en una estructura de concertación política, económica y diplomática.
Y con el tiempo llegó la expansión.
La obra examina la ampliación decidida en Johannesburgo en 2023 y subraya una contradicción importante: incorporar nuevos países aumenta la representación del llamado Sur Global, pero también multiplica las diferencias de intereses y hace más compleja la búsqueda del consenso.
Ese punto resulta fundamental porque evita presentar a los BRICS como una estructura monolítica.
No lo son.
El propio libro identifica rivalidades, diferencias económicas y estratégicas y problemas potenciales de cohesión. La ampliación, según el análisis del autor, aumenta simultáneamente el peso y la complejidad del grupo.
Cooperar sin subordinación
Aquí encontramos probablemente el núcleo conceptual más importante de la obra.
Domínguez Lima contrapone la cooperación vertical a la cooperación horizontal.
En su planteamiento, los Estados deben relacionarse preservando soberanía, evitando interferencias, buscando beneficio mutuo y participando equitativamente en las decisiones. El consenso sustituiría, hasta donde resulte posible, las relaciones de imposición.
Por eso el libro insiste en una idea que merece atención: los BRICS no tendrían que destruir las instituciones internacionales existentes para adquirir mayor protagonismo.
La obra plantea la reforma de instituciones como Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio para ampliar la representación de las economías emergentes. Según el autor, el propósito sería transformar el sistema desde dentro y no simplemente construir otro sistema enfrentado al existente.
Esa distinción —reforma frente a sustitución— es una de las claves del libro.
El dinero también forma parte de la discusión
La teoría adquiere una dimensión concreta cuando la obra examina el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD).
Creado por los BRICS, comenzó a operar en 2015 y ha financiado proyectos relacionados con infraestructura, energía renovable, transporte, agua, saneamiento y desarrollo urbano.
Pero el libro no presenta al banco como una institución omnipotente. Reconoce limitaciones: dispone de un capital menor que las grandes instituciones financieras tradicionales, su capacidad crediticia depende de las aportaciones de sus integrantes y afronta costos y restricciones financieras.
El autor tampoco plantea necesariamente que el NBD tenga que destruir o sustituir al Banco Mundial. Dentro de su concepción de Multicentralidad, lo interpreta como otro nodo de la arquitectura financiera internacional, capaz de complementar mecanismos existentes y cubrir espacios que estos no cubren.
Esta observación es importante porque introduce un matiz que frecuentemente desaparece del debate público sobre los BRICS.
El gran desafío está dentro de los propios BRICS
Existe, sin embargo, una pregunta inevitable:
¿Cómo construir cooperación horizontal entre países con intereses nacionales, modelos políticos, dimensiones económicas y prioridades estratégicas tan diferentes?
La obra no elimina esa contradicción.
Reconoce tensiones entre sus integrantes, desigualdades internas, respuestas diferentes frente al cambio climático y capacidades todavía limitadas para responder conjuntamente a problemas como las migraciones, el terrorismo, la ciberseguridad o la seguridad alimentaria.
Y precisamente allí podría encontrarse la verdadera prueba de la Multicentralidad.
No basta con proclamar que ningún Estado debe dominar a otro. El desafío consiste en demostrar que ese principio puede mantenerse cuando aparecen intereses económicos o estratégicos incompatibles.
Una idea que va más allá de los BRICS
Al llegar a sus conclusiones, Domínguez Lima define a los BRICS como un “laboratorio de la Multicentralidad”.
La expresión resume buena parte del libro.
Según sus conclusiones, el grupo constituye un espacio donde pueden ensayarse cooperación horizontal, respeto a la soberanía, consenso y beneficio mutuo, al mismo tiempo que reconoce tensiones internas y desafíos externos.
Por eso quizás el aspecto más interesante de Los BRICS y la Multicentralidad no sea preguntarnos si los BRICS reemplazarán algún día al G7, al dólar, al FMI o a cualquier otra estructura internacional.
La pregunta intelectual que deja abierta el libro es más profunda:
¿Tiene necesariamente el mundo que organizarse alrededor de un centro dominante y sus adversarios, o puede funcionar mediante múltiples centros que cooperen sin convertirse permanentemente en enemigos?
Domínguez Lima ofrece su respuesta: considera posible construir una red horizontal de Estados soberanos que cooperen sin hegemonías ni subordinaciones. Y reconoce que ese modelo está todavía sujeto a dificultades y contradicciones.
Ahí está, a mi juicio, el verdadero terreno para el debate que propone el libro: no solamente quién tendrá más poder en el mundo que viene, sino cómo se ejercerá ese poder y qué tipo de relaciones podrán construirse entre quienes piensan, producen y gobiernan de maneras diferentes.
Tender puentes, no levantar nuevos muros
Y existe un detalle personal que merece quedar para el final.
En las páginas iniciales, Roberto Domínguez Lima me incluye entre las personas que han contribuido al proyecto. Agradezco su generosidad y aprovecho para reafirmar una convicción: los BRICS han llegado para tender puentes, no para levantar nuevos muros.
Para Radio Miami Today, la lectura de este libro no termina, por tanto, en el análisis de una obra sobre los BRICS. Representa también el compromiso de dar continuidad al diálogo intelectual al que hemos sido invitados.
Porque, al final, quizá la Multicentralidad plantee una cuestión que trasciende a los propios BRICS: si un mundo inevitablemente diverso puede aprender a convivir no mediante la subordinación de unos a otros, sino mediante el diálogo, la cooperación y el respeto entre sus diferentes centros.
Ese debate apenas comienza.
El libro «Los BRICS y la multicentralidad»
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