El impuesto: No es una lacra del pasado capitalista.

Recuerdo cuando en los finales de la década de 1960, traté de actualizar el “amillaramiento” o el impuesto sobre la propiedad de mi vivienda en el Cotorro, cuando sorpresivamente fui informado que ya eso pertenecía al pasado y que desde hacía algún tiempo no se cobraran más impuestos. Conjuntamente con esto también desde hacía mucho tiempo los impuestos sobre los salarios también habían sido abolidos ya que estos se contabilizaban ajustando la burocracia económica y así se evitaba todo un engranaje administrativo, al menos esa fue la explicación que se dio  por parte del Estado, que era el único autorizado a estas tareas.

El “impuesto” se vio por mucho tiempo como algo que prácticamente había desaparecido y en la educación general no se trataba como materia a estudiar. Por lo tanto las nuevas generaciones no conocieron de este indicador económico  y “el impuesto”, sobre todo el que se aplicaba a las ventas, que podía ser el de mayor circulación y  atención de la población, no existía como tal.

La sociedad socialista se encargaba de sus gastos a ella misma, ya que toda la economía giraba hacia esos objetivos incluyendo desde la supervivencia personal hasta los grandes gastos en obras magnas que la Revolución brindaba al pueblo.

La caída estruendosa de mundo socialista obliga y hace  que la sociedad cubana empiece a reaccionar con nuevas formas económicas para poder sobrevivir sin cercenar los logros más importantes. Hasta los días de hoy se ha logrado la estabilización durante más de un par de décadas, realizando cambios en las estructuras de la nación sobre todo en el área de una  incipiente nueva forma de explotación de recursos humanos y materiales que abren el camino hacia mejoras de la sociedad sin dañar los principios ni los logros más importantes.

Ya el sector privado asciende a más de medio millón de pequeños empresarios y trabajadores por cuenta propia, y se introduce en ese nuevo lenguaje como parte que adquiere importancia social, económica y hasta política,  el “cuentapropismo”.

Pero así de pronto hay que volver a los viejos controles de una economía de oferta y demanda, y el concepto impuesto despierta un nuevo control al que se suma toda la economía de la nación, pero claro está en el caso de la parte de desarrollo privado este es como una especie de condición casi previa para empezar y desarrollar sus nuevas formas económicas de ese creciente sector.

Esas transiciones económicas en manos del estado como competencia en muchos sectores del área privada, hace más difícil y compleja esta situación de los impuestos. Ya es un pasado hablar de igualitarismo y centralización por lo que la entrada de un sector privado, abre las nuevas formas de control económico para beneficio de toda la sociedad. Pero en el caso de los nuevos dueños de esos negocios, las situación llega a niveles increíbles, en muchos casos hay que abonar hasta un 50 % de lo ganado como impuesto sobre las ventas y los servicios – en algunos caso hasta por adelantado, sin saber realmente a ciencia cierta que será la venta y ganancia del día –  haciendo esto que la queja y descontento sea ya muy creciente. Los bandazos siempre han de ser de más consecuencias.

Es por ello que habría que acudir a otras naciones con gran experiencia en estos asuntos impositivos que gravitan sobre la economía total,  no solo las privadas, aunque sobre estas últimas sobre cae la mayoría de los desaciertos y excesos de algo nuevo de lo que no se conoce realmente como funciona.

En este caso y recientemente España, creadora de sistemas de impuestos por excelencia, fue la anfitriona de unos economistas cubanos que acudieron a esa nación para documentarse y realmente aprender todo lo relacionado sobre la aplicación de impuestos y sus especiales y útiles características. Donde y cuando se supone que esto mejorará todos los procesos que irían desde las absurdas medidas de precios de autos, por parte del Estado y como “venta libre”,  donde los precios son considerados altos erróneamente  por razones de ser un lujo. En otras palabras el impuesto al lujo se aplica a los autos que vende el Estado cubano.

Nota: Parte de esta información fue extraía del diario español EL PAÍS.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.