Ecuador. La decepción

                                                      

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Lenin Moreno, una presa de los halcones

La izquierda latinoamericana respiró aliviada cuando, después de los reveces de Paraguay, Brasil y Argentina, sus candidatos vencieron en Nicaragua y Ecuador. Mientras en Nicaragua el sandinismo se consolidó, no ocurrió así en Ecuador donde la derecha derrotada en las urnas ganó en las tertulias palaciegas. Sin pudor, Lenin Moreno cambió de bando y convirtió en revés una victoria que no era suya.

Pocas veces un liderazgo político se desinfla tan rápidamente como el del movimiento Alianza País que conducido por Rafael Correa inició e hizo avanzar la llamada Revolución Ciudadana en Ecuador. Lenin Moreno, una figura secundaria y gris en la política ecuatoriana, sin experiencia ni carisma, electo por persona interpuesta, ha resultado una presa fácil para los halcones que lo absorbieron.   

Por su parte, el vicepresidente, Jorge Glas, además de excluido por su jefe, está contra las cuerdas bajo acusaciones de corrupción. Lo primero son hechos y lo segundo, aunque esta por probarse, es devastador. Nadie se repone de una operación de descredito de semejante envergadura.

Mientras en la izquierda se profundiza la división, la derecha más cínica y experimentada, dueña de la economía y de los medios de difusión, profundamente enquistada en las instituciones estales judiciales y militares y con el apoyo de la mitad del país, maximiza las ganancias políticas y consolida el poder real.

Entre tanto, perplejos por lo que califican de traición de Lenin Moreno, Gabriela Rivadeneira, expresidenta del parlamento y actual secretaria ejecutiva y Ricardo Patiño quien fuera canciller y ministro de defensa en la administración de Rafael Correa, se esfuerzan por mantener a flote lo que parecía uno de los más sólidos proyectos de la izquierda latinoamericana y que ahora hace aguas.

La parte del pueblo que apoyó el proceso que brillantemente condujo Rafael Correa y se movilizó para asegurar la victoria electoral del binomio Moreno-Glas, asiste perpleja a un desbarajuste político que el liderazgo de Alianza País no pudo prever y nadie sabe si formaba o no parte de los cálculos de la derecha.  

De cierta manera los líderes de la Revolución Ciudadana han caído víctima de un estigma fatal que persigue a la izquierda que, desde el Lenin original a la fecha, raras veces logra que la sucesión de los lideres originales se realice sin abrumadores costos políticos.

El imperio disfruta su venganza. Un esquirol puede lograr en varias semanas lo que en años no pudieron la CIA, la OEA y el Comando Sur. Falta por ver la proyección internacional del esquirol o más bien estar atento para ver en que momento se suma a la “entente cordial” de la derecha.

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