Acciones del dispositivo defensivo en la provincia y los municipios ante situaciones de riesgo, amenazas y agresiones a la seguridad interior del país, imagen del Ejercicio Territorial de Zonas de Defensa en Camagüey. Foto: Rodolfo Blanco Cué / Agencia Cubana de Noticias.


No existe otro país en el mundo que haya soportado durante tanto tiempo un bloqueo económico, financiero y comercial de semejante magnitud impuesto por la principal potencia militar del planeta, y sin embargo, la isla sigue en pie.

Editorial Diario Red

El esfuerzo anticubano destinado a justificar una agresión militar contra Cuba se intensifica hora tras hora, con acusaciones cada vez más inverosímiles y operaciones mediáticas cuidadosamente sincronizadas. La reciente publicación de Axios, un portal estadounidense que responde al Departamento de Estado, forma parte de esa maquinaria propagandística orientada a construir un relato de amenaza donde no la hay.

La ironía resulta obscena: matones jugando a la víctima. ¿Cómo se atreve esa pequeña nación, a la que están matando de hambre, bloqueando y amenazando con invadir desde hace décadas, a prepararse para defenderse?

Estados Unidos aparece como el agresor permanente, mientras intenta presentar a Cuba, el país asediado, como un peligro para la seguridad hemisférica. Pero el derecho internacional es claro: Cuba está amparada por el principio de legítima defensa.

Porque incluso si Cuba tuviera drones militares, eso no constituiría ningún crimen. Los países soberanos tienen derecho a desarrollar capacidades defensivas y no están obligados a revelar información estratégica a periodistas funcionales a agendas intervencionistas.

La verdadera pregunta no es por qué Cuba se prepara para defenderse. La verdadera pregunta es por qué Estados Unidos necesita fabricar pretextos para justificar nuevas agresiones contra una isla agotada por el castigo económico.

Incluso si Cuba tuviera drones militares, eso no constituiría ningún crimen. Los países soberanos tienen derecho a desarrollar capacidades defensivas

El libreto es conocido. Lo vimos en Irak con las armas de destrucción masiva inexistentes. Lo vimos en Libia, Siria y Venezuela. Primero se demoniza al enemigo. Luego se exagera una amenaza. Finalmente, se instala la idea de que cualquier agresión estadounidense sería una respuesta “preventiva” y no un acto de guerra imperial.

Descaradamente el propio artículo reconoce un dato devastador para su narrativa: las autoridades estadounidenses “no creen que Cuba esté planeando activamente un ataque”. La frase aparece enterrada dentro del texto, minimizada deliberadamente porque contradice toda la arquitectura del miedo construida alrededor.

Mientras tanto, el pueblo cubano enfrenta una realidad infinitamente más brutal y concreta que cualquier ficción fabricada en Washington: apagones permanentes, desabastecimiento, colapso energético y hospitales sometidos a una presión insoportable.

El bloqueo no es una sanción diplomática. Es un acto criminal de castigo colectivo. Una guerra económica diseñada para quebrar a una sociedad entera mediante el hambre y la desesperación.

Estados Unidos está matando de hambre a Cuba como Israel mata de hambre a Gaza

Las cifras hablan por sí solas. Entre 2018 y 2025, a medida que las sanciones estadounidenses se volvieron más punitivas, la mortalidad infantil en Cuba aumentó un 148 por ciento.

Un dato estremecedor para un país que durante décadas fue referencia regional en salud pública. Estados Unidos está matando de hambre a Cuba como Israel mata de hambre a Gaza: utilizando el sufrimiento civil como arma política.

Hay muchas formas de cometer un genocidio. Algunas no requieren bombas cayendo desde el cielo. Algunas se ejecutan lentamente, cortando combustible, alimentos, medicinas y acceso financiero hasta volver inviable la vida cotidiana.

Y, sin embargo, el mundo calla. Porque Cuba no es presentada como víctima, sino como culpable de su propia tragedia. La propaganda occidental ha conseguido instalar la idea de que el bloqueo apenas existe o que constituye una excusa del gobierno cubano.

Pero basta observar la realidad material de la isla para comprender el alcance criminal de esa política. Estados Unidos aprieta el cuello de Cuba con una mano y luego pretende mostrarse humanitario ofreciendo migajas con la otra. Ese es el verdadero rostro del imperio.

Estados Unidos aprieta el cuello de Cuba con una mano y luego pretende mostrarse humanitario ofreciendo migajas con la otra

La maquinaria mediática occidental ya ha comenzado a cumplir su papel habitual: presentar a Cuba como agresora y a Estados Unidos como víctima preventiva.

Cuando Miguel Díaz-Canel advirtió que una intervención estadounidense provocaría “un baño de sangre de consecuencias incalculables”, los grandes medios se escandalizaron por el tono del mandatario cubano.

Pero ¿qué debería hacer el presidente de un país bajo asedio? ¿Guardar silencio mientras preparan una nueva agresión? ¿Aceptar dócilmente el castigo permanente?

Cuba no es una amenaza. El colapso de Cuba sí lo es. No existe otro país en el mundo que haya soportado durante tanto tiempo un bloqueo económico, financiero y comercial de semejante magnitud impuesto por la principal potencia militar del planeta.

Y, sin embargo, la isla sigue en pie. Con esa obstinación histórica de un pueblo que se niega a rendirse y que es precisamente lo que Washington jamás ha podido perdonar.