Ya estrenamos otro presidente

 

. Así de fácil se informaría si la situación fuera normal, tanto como para todos los ciudadanos de esta nación y  como para el resto  del planeta. Pero en esta ocasión se trata de que el nuevo personaje que ocupará esta posición como dueño y señor de la Casa Blanca (construida por negros),  en  la Avenida Pennsylvania en la capital del país, es un individuo muy distinto al resto de los otros 44 que le antecedieron. Es Mister Donald John Trump, un magnate multibillonario que se considera a sí mismo como un rey o quizás hasta un dios de la antigua Grecia. El ególatra por excelencia, ya tomó posesión del cargo que le fue impuesto por un sistema muy raro y complicado de elección, o mejor dicho de “selección” del primer mandatario, ya que “perdió” con más de  tres millones de votos que le fueron ganados por su contrincante la señora Hillary Rodan Clinton en la pasada contienda electoral.

Pues bien, este hombre de la plata sobrante y que goza del privilegio de ser el único estadounidense que no contribuye con los impuestos al IRS desde hace 18 años – irónicamente vanagloriándose de esto, sin que sea ni siquiera rosado con el pétalo de una rosa – es increíblemente nuestro presidente constitucional (como podría haber expuesto  Rippley ern su sección de “Créalo o no”).

Como para celebrar en contra a su toma de posesión, le regalaron 70 manifestaciones populosas en la misma cantidad de ciudades en el país y 270 en el resto del mundo, repudiándolo con tremenda fuerza. Siendo la mayor en la propia capital donde concurrieron unas 800 mil personas y usaron la tribuna altas personalidades de  la nación, incluyendo destacados líderes de la sociedad americana,  así como de las artes y las letras, incluyendo famosas  actrices de mucho valor. Entre todos se destacaron algunos con mayor elocuencia,  pero para este comentarista, el superior fue el certero cineasta critico  Michael Moore.  Jamás se recuerda algo similar en la historia política de estos eventos después de los 20 de enero cada cuatro años.

Inclusive y para martillar sobre las asistencias en las tomas de posesión en lugares abiertos frente al Capitolio Nacional, hubieron vistas de video y fotos tomadas desde el mismo punto alto que mostraban las multitudes cuando el presidente saliente Barack Obama, tomó el cargo hace ocho y cuatro años, indistintamente, donde se puede observar una multitud que abarcaba todo los espacios de la gran explanada, sin que puedan verse huecos en los lugares todos cubiertos por personas. Ahora en el mismo evento pero con Trump de protagonista, se pudo comprobar grandes tramos vacios en blanco del piso de esos mismos lugares. Aunque su vocero insistió en la falacia de que  en una “millonada” de personas (¿?).

Y así y todo en su recién reforzada guerra contra los medios, este nuevo huésped del lugar,  la emprendió contra todos los medios de prensa, radial, escrita y televisiva, que consideró que eran grandes mentirosos y que manipulaban la verdad (¿?)  Su resumen es que “…los miembros de toda la  prensa son la gente más mala del planeta…”

Otra guerrita es la que tiene armada contra  la CIA y el FBI, que demostraron en sus  conclusiones que Rusia metió sus narices, jackeos  y algo más,  para que la señora Clinton perdiera la presidencia.

Algo curioso por acá aunque no sorprendente, fue que un grupúsculo de los mismo gritoncitos del gueto cubanoamericanomiamense, se páro a hacer cámara en la zona del “protestódromo” de esta ciudad, el Restaurante Versailles, de la “Pequeña Habana”, para celebrar la toma de posesión de Trump, como para respaldarlo pues están “seguros” de que les ayudará en su lucha contra los más de once millones de cubanos de la isla y que los acólitos del mal de aquí, piensan que se revertirán  las decisiones de acercamiento  de Obama en actos de justicia para la isla de Cuba y que defienden su patria precisamente contra ellos, incluyéndonos a los que les hacemos frente a diario como cubanos dignos de este lado del mar.. ¡ Y ya van 58 años…!

Bien amigos, y los que no los son, aunque por ahí hay hasta camisetas con en cartelito impreso de dice: “Trump is not my president” (Trump no es mi presidente). Hay que tragárselo – al menos por ahora –  y encomendarnos a  todos los “Orichas” para que “la cosa” no sea tan brutal como se vislumbra.

Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.

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