Las ridículas y pedantes amenazas de su Gran Jefe, Donald Trump como supuesto defensor de la democracia, son vistas como las de un demente que, al amedrentar al mundo con su inmenso poderío, a nadie convence con sus desplantes y mentiras. Preocupan sus declaraciones y decisiones por la ferocidad insana que expresan y que pueden terminar en un holocausto que él mismo viviría, en sus últimos momentos, y haría vivir a los suyos y al país que gobierna.
El problema es aún más grave, porque Mr. Trump, con su amenazadora cólera de Zeus tronante, es sólo una expresión de la crisis y ceguera que padecen las clases dominantes de su imperio y de otros que en una ofensiva mundial lo apoyan, combinando su silencio cómplice con sus medios de comunicación masiva en un concierto de intereses y codicias comunes.
Las potencias dominantes y los distintos apoyos financieros, militares, políticos y mediáticos de que se sirven, por lo general, dejan a un lado sus distintos estilos de dominación y acumulación y arremeten en función del poderío de sus dueños y señores y de los intereses que unos y otros pretenden defender como valores respetables y de los que cada vez se burlan más, como la democracia
, los derechos del hombre
y el estilo de vida
civilizado, honorable y eficiente.
En el caso de Estados Unidos, los intereses y valores
que realmente mueven a los señores de las grandes corporaciones, los llevan a apoyar, en sus zonas de influencia y en las regiones que dominan –para el caso de América Latina y el Caribe–, a gobiernos golpistas, hoy encabezados por los nuevos ricos multimillonarios, como Michel Temer en Brasil y Mauricio Macri en Argentina, mientras erosionan el poder de los gobiernos y movimientos de tendencia socialista, nacionalista o moderadamente patriótica, a los que debilitan con variadas medidas de represión, corrupción, cooptación, presión y desestabilización, como lo han hecho contra la propia Cuba invicta, la cada vez más contradictoria Bolivia, la ya muy deshecha Nicaragua o el ya traicionado Ecuador.
Es más, como muchos triunfos de pasadas revoluciones y rebeliones o movimientos progresistas han sufrido, con el tiempo, crecientes contradicciones, en todos ellos y en las recientes luchas y victorias democráticas y sociales, impulsan políticas que hacen caer a los países víctimas en una incesante desestructuración, desintegración, desorganización. Para eso se sirven –con muchos otros recursos– de las crecientes contradicciones en que caen los regímenes de antiguas revoluciones como la mexicana o de los gobiernos populistas y sus sucesores, como los de Brasil y Argentina. A todos les aplican medidas de efectos directos e indirectos que, al impulsar la cultura de la negociación y de la globalización neoliberal privatizadora del Estado, han promovido en grande, de un lado, la cultura del individualismo, del enriquecimiento multimillonario y de la macrocorrupción, y del otro, el desmantelamiento del Estado-nación o de sus poderes, sus empresas y recursos estatales y nacionales, así como la pérdida de sentido del interés general
y el bien común
en los partidos políticos. Descartadas ideologías y programas en las luchas políticas, con alternativas que tengan alguna posibilidad de cumplirse, ya sea en lo social o en lo nacional, los proyectos de futuro se limitan a ofrecer dizque terminar la corrupción o el narcoterrorismo sin explicar cómo lo harán. Partidos y políticos profesionales del gobierno en turno y de la oposición ni siquiera defienden un programa político que impida el despojo de los recursos de la nación o incluso uno moderadamente patriótico que se proponga defender la educación pública de las ciencias, las técnicas y las humanidades a todos los niveles, y que sea capaz por su política financiera y económica de proporcionar empleo y seguridad social a los egresados, por brillantes que sean. Es más, ningún partido político presenta y defiende un programa de control monetario y productivo o de servicios o que proponga las medidas necesarias para dar fin al terror y al sistemático despojo del suelo y el subsuelo de la nación, con el consiguiente desempleo de inteligencias y brazos, causa fundamental de las crecientes emigraciones de campesinos ya despojados de sus fuentes de vida y de trabajo por las grandes corporaciones agrícolas, mineras, industriales, que mediante los sicarios imponen el terror y el narcotráfico, los dejan sin seguridad alguna, sin territorio ni tierra, sin agua, alimentación, salud…
Así, mientras ningún partido o movimiento institucional defiende un programa coherente que permita salir de tan grave situación, surge un creciente rechazo a los emigrantes que intentan refugiarse en los países sede de las corporaciones y del poder imperial. Desestructuradas las naciones en desarrollo –así sea éste desigual– de hecho, los partidos ya no tienen nada que ofrecer que puedan cumplir. Su papel en la democracia simulada, neoliberal, globalizadora, rapaz, es obtener puestos pagados de elección popular
, cuyos agraciados hagan negocios con la venta de los bienes que el Estado aún conserva, a sabiendas de que si llegan a ser acusados de corrupción nada les pasará, si llegan a ser denunciados nadie los enjuiciará, si son sancionados nadie los perseguirá y si los persiguen nadie los encontrará. Todo eso ocurre porque de principio a fin y de arriba abajo, corrupción y capitalismo tardío forman parte del actual sistema global y su funcionamiento, como política de la acumulación por despojo y de explotación de los recursos humanos y naturales con las tecnologías más avanzadas y la mano de obra más mal pagada, cuando no esclavizada, o tributaria y ya despojada de sus antiguos recursos por los sicarios del gran capital y los gobiernos aliados subordinados. Como los beneficios de acción formal y legal caben en el orden de los delitos para sus beneficiados principales del centro y la periferia, los grandes bancos, que dominan el sistema, han establecido sus propias redes de paraísos fiscales
, que de paso sirven para no pagar impuestos al fisco y esconder los miles de millones hurtados con un efecto conocido, por el que viejos y nuevos multimillonarios se enriquecen más y más con todo tipo de alianzas y apoyos de las corporaciones y bancos, hechos con los que se convierten más y más en estados tributarios, que con un lenguaje engañoso corresponden a crecientes tasas de interés por las crecientes e impagables deudas. Todo eso ocurre en una recolonización financiera que cuenta a más de las empresas calificadoras, como Moody’s y con las redes de bancos vampiros
, dependientes ocultos de la gran banca o de pequeños Shylocks piadosos.
Esos y muchos otros rasgos de dominación y acumulación son los que caracterizan al sistema, y los que éste sigue defendiendo con el aberrante pretexto de que corresponden a las más novedosas y eficaces políticas científicas y a la lucha por la democracia y la libertad, argumentos con los que atacan en una guerra integral, formal a informal, pacífica y violenta, a todos los movimientos y países que atentan contra sus valores e intereses
, entre los cuales han decidido hacer víctima privilegiada
al actual gobierno de Venezuela.
El gobierno de Estados Unidos –con el apoyo de las grandes potencias de Occidente– lanza hoy la más feroz ofensiva contra el pequeño y valeroso país de Venezuela, a cuyo patriótico, rebelde y democrático gobierno acusa con indignación y saña de oprimir y hambrear a su pueblo, cuando en realidad es un país que con su gobierno y la inmensa mayoría de sus ciudadanos está plenamente identificado con una de las más grandes luchas liberadoras de nuestro tiempo.
En ofensiva integral y creciente, el gobierno de Estados Unidos y el complejo empresarial, militar, político y mediático de que aquél forma parte muestran la misma saña que, desde 1959, han mostrado contra la revolución cubana, y hoy mismo no sólo esperan que la situación les sea más favorable con el creciente peso que el mercado negro adquiere, y con la eliminación de sus necesarios proveedores de combustibles, que de seguir recibiendo puedan permitir a Cuba pasar nuevamente a un mayor desarrollo igualitario. Fomentan y toleran, por eso, el creciente mercado negro y crean ellos mismos misteriosos e improbados ataques con sonidos criminales
que hacen víctima a buena parte del personal de la embajada de Estados Unidos y a nadie más de los alrededores. Con semejante engaño pretenden renovar el miedo a la vecina dictadura comunista
con la que es imposible tener buenas relaciones cabales
.
Paradójicamente –como ya ocurrió en la larga historia del proceso revolucionario en Cuba– hoy, frente al sostenido y creciente ataque contra Venezuela, ni el propio pueblo venezolano ni el poderoso imperio que con sus incontables engaños dice hacer todo lo posible por salvar al pueblo venezolano de una nueva y feroz dictadura
, ni el imperio ni el pueblo empobrecido y rebelde logran derrocar al criminal e inepto gobierno
, por lo que el imperio se ve obligado a añadir otro gran engaño, sosteniendo que la situación política de Venezuela representa sobre todo un gran peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos
.
Si semejante argumentación de la gran potencia no es del todo nueva, pues si antes decía defenderse del proyecto comunista
, hoy es francamente ridícula, cuando en la mayor parte del mundo reina el capitalismo, y el gobierno de Venezuela está muy lejos de constituir un peligro para la seguridad de Estados Unidos por oprimir bárbaramente –según lo acusan– a su propio pueblo. En realidad es obvio que el superpoder imperial esconde algo más bajo la supuesta defensa del pueblo de Venezuela para librarlo de un gobierno inepto, represivo y corrompido y para dizque contribuir a que en el país se instale otro gobierno que sí respete la democracia y la libertad del pueblo venezolano, tal como la entiende el imperio, por ejemplo, en los casos de Brasil y Argentina, donde recientemente, con los tristemente famosos golpes blandos triunfe la democracia
, al poner en la silla presidencial a un Temer en Brasil y en Argentina a un Macri, dos connotados millonarios que han adquirido su inmenso haber en formas ilegales comprobadas.
Lo extraño es que semejantes argumentos contra Temer y Macri, en el caso de Venezuela, han logrado un silencio cómplice y un gran apoyo entre las grandes potencias del mundo occidental, de sus gobiernos y sus medios de comunicación masiva, que en uniforme versión de la realidad
hoy, más que ayer, obedecen a una subsidiada acometida informática favorable a quienes con millones de dólares subsidian a los medios
, y que por tener los mismos intereses que el gobierno de Estados Unidos se suman a la lucha contra el bárbaro, cruel e inepto gobierno de Venezuela
.
La denuncia de la barbarie
y de las barbaridades
del gobierno venezolano contra su propio pueblo muestran una extraña coincidencia con los argumentos del gobierno en turno de Estados Unidos y, de hecho, corresponden a una bien coordinada campaña apoyada tanto en diarias imágenes fotográficas y fílmicas de valientes aficionados, como en fotos y películas profesionales de los grandes canales de televisión, a las que se añaden análisis críticos y respetables publicados en las páginas editoriales de los grandes diarios del mundo, así como comentarios y noticias que los pintan como son
en numerosas y no menos globales redes sociales
, y hasta en los apoyos que el gobierno de Estados Unidos recibe en amplios círculos de sus dependencias, así como en los foros económicos y políticos que defienden los derechos del hombre
, apoyos que se acompañan de cierta admiración y elogio a quienes han realizado un golpe blando, que a manera de impeachment estaban hasta hace poco por dar en Venezuela… cuando, para el desagrado mayúsculo de los apátridas, sufrieron una gran e inesperada derrota cuando el gobierno venezolano, tan criticado por inepto y autoritario, convocó a elecciones generales para la instauración de un nuevo congreso constituyente que de veras represente al pueblo y realice elecciones en las que la mafia, supuestamente democrática
, se niega a participar, con ridículos pretextos de perdedora y a sabiendas de que sólo lograría mostrar en ellas contar con una inmensa minoría e impopularidad ciudadana.











