Por: Mónica Rivero
Esta vez fue en Centro Habana, específicamente en Pueblo Nuevo, un barrio cuyo nombre se ha convertido, cuando menos, en un nombre poco apropiado para un lugar de edificios en ruinas, donde las grietas escalan los muros y les brotan raíces que se abren paso y que se convierten ellas mismas por momentos en el único sostén. Pueblo Nuevo es uno de los barrios donde los días de lluvia son más grises y más largos de lo normal: sigue lloviendo aun cuando deja de caer agua del cielo; sigue lloviendo en las goteras de los techos y la humedad instalada en las viejas estructuras; sigue lloviendo todavía cuando sale el sol y las paredes se expanden y empieza a saberse de un derrumbe en esta o en aquella esquina. Total o parcial. La posible línea entre la vida y la muerte.
































