En la misma medida que avanza la civilización y los inventos de la ciencia cibernética nos llevan a un mundo de fantasía que ni Julio Verne hubiera podido imaginar cuando escribió sus novelas futuristas en el pasado siglo diecinueve, el hombre en su manera de comunicarse con los otros seres humanos está camino de retornar a la vida primitiva de las cavernas de los tiempos de los dinosaurios.
La historia nos enseña que el hombre primero escribió con dibujos de animales pintados en las paredes de sus cuevas, como las figuras rupestres que se encontraron en el sitio conocido como ruinas de Altamira en España.
Después, enlazando símbolos surgieron las letras, las palabras y las oraciones para expresar así sus ideas y pensamientos, hasta que surgió la escritura moderna y la buena literatura que nos dio un Cervantes en castellano y a un Shakespeare en lengua inglesa.
Pero en estos tiempos revueltos del siglo XXI las cosas parece, que andan hacia atrás, con el “Tuiteo” en los teléfonos celulares donde con apenas unos pocos caracteres cualquier inculto e ignorante ser humano expresa sus opiniones, por muy absurdas o estúpidas que sean, invocando la sagrada “Primera Enmienda” que consagra la irrestricta libertad de expresión.
Así las cosas un Presidente de Estados Unidos gobierna a su país y pretende gobernar el mundo con sus “tuits” de madrugada, en los que en el mejor estilo “tarzanesco” nos hace pensar que no vale la pena cursar estudios universitarios, puesto que con solo escribir tres docenas de letras, en ellas va toda una lección de sabiduría humana. Y con ello hasta puede irse el mundo al “carachi”.
“Yo Tarzán. Tú Juana. Elefante Tantor. Mona Chita”. Grito en la selva. “Taa-manga- niiiii…….” A esos caminos vamos. Y que “muera la inteligencia”, como dijo una vez el fascista español de la Guerra Civil Millán Astray.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











