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Nostalgia cubana de un ayer que vive aún

Traducido del más allá por Max Lesnik

Nostalgia cubana de un ayer que vive aún

Con motivo de la nota de este Duende del día de ayer, sobre una visita al antiguo Central Hershey, hecha recientemente por el más alto jefe ejecutivo de la conocida marca de chocolatera norteamericana de ese mismo nombre, recibimos desde La Habana un correo electrónico dirigido al director de Radio-Miami Max Lesnik firmado por nuestro viejo amigo y compatriota Aurelio Alonso.
Alonso es uno de los más reconocidos intelectuales cubanos de altos dotes como analista y escritor, cualidades que le han ganado reconocida y merecida fama internacional. Dice así la carta del profesor Aurelio Alonso dictada por sus recuerdos de infancia :

“Saludos, estimado Max: A veces el Duende me toca la fibra nostálgica. Cuando salía de la adolescencia me subía a veces a un camión-panel de papá para ayudarle en el reparto (la venta mayorista) de cigarros (Competidora gaditana, de los hermanos Dosal) en la parte del campo de la provincia habanera abarcada por su consignación. Y uno de los lugares mejor guardados en mis recuerdos de entonces era el batey del central Hershey, de preciosas casitas de piedra, de arquitectura homogénea pero atractiva, donde había un comedor público que recuerdo amplio, fresco y pulcro. Allí servían unas chuletas de cerdo inolvidables, por un precio asequible. Ninguno de los otros centrales visitados en aquellos recorridos comerciales me dejó recuerdo especial alguno, ni siquiera el Gómez Mena. Allí, en el batey del Hershey, compraba papá el aceite de maní producido en la refinería del central, en latas de cinco galones, que fue lo que se utilizó en casa para cocinar durante muchos años. También se compraba el sirope de aquel chocolate que siempre preferí al de Nestlé. Era una ruta de ventas que recuerdo se realizaba los jueves. Años después, estudiando Business Administration en New Jersey, Estados Unidos, supe en una clase de Marketing que el secreto propagandístico del chocolate Hershey radicaba en no anunciarse; era el único producto (decían) cuyo mercado no se sostenía en advertising sino en calidades…, y el anuncio que significaba no anunciarse. También se manejaba el dato de que fue el pionero en venderse en tabletas y no sólo en bombones u otros dulces. A esto se suma en mis nostalgias, y seguramente también tú los recuerdas, que el área de aquel impresionante central incluía un bellísimo y extensísimo parque botánico, los Jardines de Hershey, donde los Hermanos Maristas de mi colegio nos llevaban a veces en excursiones de la primaria. Con seguridad los Hermanos de Lasalle y el Colegio de Belén también los disfrutaban. Bueno, Max, ha sido una buena ocasión para rememorar a costa de tu tiempo un poco de los recuerdos de infancia lejanos ya. Fuerte abrazo para ti, de tu lector y amigo de El Duende, Aurelio Alonso”.

Nada, que nuestro amigo el profesor Aurelio Alonso en su carta desde La Habana nos hacía llegar un mensaje subliminar diciéndonos en clave de nostalgia : Es que tanto Max Lesnik como su inseparable Duende son viejos, viejos de verdad.

Y hasta el próximo lunes amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando mi tumba fría. Bambarambay.

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