Hay dos detalles que no deben obviarse sobre lo ocurrido en el Vaticano, para comprender por qué se niega la manifestación del #15N:
1. El Vaticano es un Estado independiente. Hoy ese Estado negó la posibilidad de que se realizara una manifestación ¿verdad? O sea, es una negativa de Estado, una decisión política. Pero ¿por qué la Santa Sede tomó esa decisión? ¿por qué puede tomarla sin ser juzgado por los grandes medios de comunicación?
2. Ante la negativa de las autoridades del Vaticano al intento de boicotear la misa del Papa para lanzar mensajes de odio, ninguno de los que allí estaban solicitándolo violó lo establecido. Ninguno, ni siquiera Otaola. Ni pasaron, ni agredieron a los guardias, ni hicieron las cosas a «pepe de timbales» como ellos dicen que sí deben hacerse en Cuba. ¿Por qué? Porque saben que eso implicaría una medida judicial. Sin embargo, desde allá llaman a que los ciudadanos cubanos a que lo hagan, aún sabiendo que eso implica sanciones legales en cualquier país, como hubiese implicado sanciones hoy en el Vaticano.
En resumen, el Vaticano tiene sus leyes. Cuba también. Y como allá nadie puede pasar por encima de ellas para desestabilizar el país; aquí tampoco.
