
Nuestra colega y amiga Patricia Barba, nos envió desde México el siguiente análisis, profundo y exhaustivo para que lo publiquemos aqui en radio-miami.org que ha titulado
MÉXICO ANTES Y DESPUÉS DE LÓPEZ OBRADOR
En medio de constantes intentos de golpe blando, la 4T trasciende las fronteras y se refleja en América Latina y el mundo
«No le vamos a fallar al pueblo de México». Con esta contundente afirmación inició Andrés Manuel López Obrador su administración aquél 1 de diciembre de 2018, año que la historia registrará como el que marcó un antes y un después en la política mexicana. Y, efectivamente, a millones de mexicanos que votamos por él nos ha venido quedando claro que el Presidente hablaba muy en serio pese a las manipulaciones, “fake news”, distorsiones y demás estrategias que una derecha muy dolida, debilitada y carente de rumbo ha venido empleando como parte de una guerra sucia multifrontal contra la administración 



Y en lo que respecta al combate a la corrupción, además del programa antes citado, están todas las investigaciones de actos de corrupción que está llevando a cabo la Unidad de Inteligencia Financiera a cargo de Santiago Nieto y otras acciones efectivas que han llevado a prisión a Rosario Robles, ex Secretaria de Desarrollo Agrario, Urbano y Territorial bajo Peña Nieto; a Juan Collado, ex abogado de Carlos Salinas de Gortari, Carlos Ahumada y otros hamponescos políticos, a varios ex gobernadores, entre ellos, Javier Duarte, el criminal ex gobernador de Veracruz, entre otros. Lamentablemente una fiscalía que parece haberse paralizado no está respondiendo a las expectativas de una sociedad que exige y merece justicia en cientos de casos de extrema corrupción e impunidad.
Por otra parte, lo que ha venido ocurriendo con el caso de la captura en E.U. de Genaro García Luna, ex Secretario de Seguridad Pública de Felipe Calderón, revela una cooperación entre las autoridades norteamericanas y mexicanas que eventualmente llevaría a juzgar a Felipe Calderón por su clara participación en la operación “Rápido y Furioso” iniciada bajo la administración de Barak Obama. Nos queda claro que Donald Trump está utilizando el caso García Luna justamente para debilitar la candidatura de Joe Biden y lograr la reelección y si bien las motivaciones son indeseables, el resultado significaría que “El Carnicero de Michoacán”, como se conoce también a Felipe Calderón, sería enviado a prisión, que es una demanda de millones de mexicanos.
En lo que respecta al papel de México en el ámbito internacional, la política exterior adoptada por el Presidente Andrés Manuel López Obrador nos ha devuelto la dignidad perdida durante las administraciones de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, conspicuos impulsores del venido a menos Grupo de Lima, sometido descaradamente a los intereses de los poderes fácticos encabezados por el gobierno norteamericano, empeñado en destruir a grandes y admirables países hermanos como Cuba, Venezuela, Bolivia, entre otros.
En medio de una constante guerra multifrontal en la que políticos, empresarios y medios de “comunicación” dolidos por la pérdida de privilegios, corruptelas y la ausencia del proverbial chayote, juegan un rol fundamental y pese al claro compromiso mostrado por el Presidente y varios (no todos) miembros de su gabinete, todavía subsisten casos de corrupción, impunidad e injusticia que urge corregir. Lo cierto es que los grados de descomposición alcanzados durante más de 70 años de desgobiernos delictivos y traidores fueron tan espeluznantes que, tal vez, ni toda la voluntad política claramente mostrada por la presente administración será suficiente para que al término de seis años todos estos males que casi destruyeron al país, sean erradicados. Después de más de cuatro décadas de permanente activismo político, tres intentos de llegar a la presidencia y una larga historia de movimientos, sacrificios, encarcelamientos, tortura y muerte de activistas, líderes de izquierda y gente muy comprometida con la justicia y la verdadera democracia, finalmente todos esos sectores otrora indiferentes y alejados de la política dijeron basta y se unieron a todos aquéllos que ya venían luchando por la tan ansiada transformación.

«Yo no me voy a divorciar del pueblo; vamos a estar siempre juntos»













