Lo Primero Que Hizo Trump al Salir de la Corte Tiene Que Ver con Cuba. No la Que Queremos Tanto, Por Manuel Tejeda

El martes, el día antes de cumplir 77 años, en un giro perfecto del destino, Donald Trump se declaró «no culpable» de 37 acusaciones federales en su comparecencia ante un tribunal de Miami.

Luego, inmediatamente fue a inflar su ego en una fiesta porque bueno, porque Trump es Trump, y porque hay muchos trumpistas en Miami, aunque MENOS de lo que aparentan ser, como verás si sigues leyendo.

La comitiva de MAGA se detuvo en un infame restaurante cubano llamado Versailles, que suena como el lugar ideal de Florida para que Trump (y cualquiera con muy bajos principios) acaricie su ego junto con algunas delicias de la cocina cubana. Allí le dieron una serenata de «Feliz Cumpleaños» y le repitieron hasta el cansancio que era «el mejor presidente de la historia«. Lo que Trump no sabe es que «cuando los buenos te critican es malo, pero cuando los malos te alaban, es peor«.

Versailles, que no es ni con mucho el mejor restaurante cubano de Miami pero sí el más conocido, se ha convertido en una parada popular para los políticos, tanto Republicanos como Demócratas que quieren ganar el favor del peor y más conservador segmento del mal llamado «exilio histórico» cubano.

Allí se reúne la crema de la crema de lo peor de la politiquería barata anti cubana del Sur de la Florida, que piden «invasión estadounidense» para su propia Patria y exigen el recrudecimiento del bloqueo a Cuba para ahogar en más hambre y miseria a un pueblo digno que una vez también fuera suyo, con la esperanza de recuperar lo que hace 63 años perdieron y volver a convertir a Cuba en el «burdel a 90 millas» de los Estados Unidos.

Al Versalles lo han convertido en el centro «emblemático» de los luchadores de «sandwich de jamón, bistec y aire acondicionado» contra el socialismo cubano y contra todo lo que pueda oler a conquistas sociales en Estados Unidos. No son tantos como pretenden parecer, y ni siquiera son la mayoría de la comunidad cubana en el Condado de Miami Dade, que no obstante la influencia que no puedes dejar de reconocer en ese envejecido exilio lleno de odios y rencores, siempre fue y sigue siendo un bastión demócrata.

Incluso en las elecciones 2020, donde producto de errores imperdonables del liderazgo demócrata, se perdió un poco de terreno en ese condado, el mismo siguió siendo azul con estadísticas irrebatibles: el 53.4% del electorado votó por Biden (617,864) y el 46.1% por Trump (532,833), en un estado donde el 51% dio su voto al Anaranjado y el 47.9% al ancianito «moderado» de la sonrisa agradable, que quiere hacer «tanto» por «los de abajo«, pero sin molestar mucho a los «de arriba«.

En los otros dos condados (aparte de Miami Dade) donde más cubanos se concentran en el sur de Florida, Broward y Palm Beach, el 64.6% y el 56.1% respectivamente votaron por Biden.

Esto rompe con el MITO, maliciosamente forjado, de que la abrumadora mayoría de los cubanos en Florida apoyan a Trump, pues las cifras claramente demuestran que aún cuando en esos condados , en 2020, influyó mucho la votación de algunos venezolanos tan reaccionarios como la parte decadente del exilio cubano, estos siguieron votando mayoritariamente azul.

La mayoría de los cubanos del Sur de Florida quieren progreso (para Estados Unidos y para Cuba), aman a sus familias en la Isla, no quieren ni Trumpismo, ni supremacía blanca, ni bloqueo a Cuba (también llamado embargo). Lo que pasa es que esos otros, los deplorables, los odiadores, son una minoría muy ruidosa, francamente detestable, y aparentan ser más.

Lo verdaderamente insólito aquí es que el presidente Biden decidió mantener a Cuba en la Lista de Países Patrocinadores del Terrorismo (sabiendo que eso, además de una total mentira, es una infamia) y ha hecho casi nada por aliviar las 243 medidas que Donald Trump adicionó al criminal bloqueo, SÓLO PARA AGRADAR a esos mismos que recorren Miami con carteles que dicen «Que se Jo*a Biden» y «Trump es mi presidente» y que tanto lo alabaron y besaron en el maloliente Versailles (no por la comida cubana, sino por el hedor del odio y la desidia que transpira buena parte de su clientela), mientras jamás votarán por un demócrata y por nada socialmente útil.

No amigos, la decadencia y el conservadurismo de poco más de la mitad de Florida no es un problema exclusivo de la Comunidad cubana, sino de muchos factores, personas y organizaciones. Como pueden ver, hay ahí mucha tela por donde cortar.