Traducido desde el más allá por Max Lesnik
La supervivencia política del Presidente norteamericano Donald Trump depende en gran medida del resultado de las próximas elecciones de medio término en las que los partidos Republicano y Demócrata contenderán por el control de la Cámara de Representantes y el Senado de la república, comicios que se llevarán cabo en el próximo mes de noviembre.
De retener los Republicanos el Congreso federal quedaría conjurada la posibilidad de un “impechment” al Presidente Trump- es decir un juicio político y eventual destitución- que de no llevarse a cabo esa situación, abriría el camino para una posible reelección suya en el año 2020, algo que inquieta no solo a los Demócratas sino también a todos los tradicionales aliados de Estados Unidos en el resto del mundo.
Diríamos que Trump y los “Trumpistas” tienen que derrotar en toda la línea a sus rivales Demócratas en los comicios de noviembre de este 2018 para poder retener la Casa Blanca después del año 2020, algo que de producirse la reelección del actual Presidente, cambiaría en gran medida el futuro de Estados Unidos y el mundo en que vivimos, si tenemos en cuenta que la nación norteamericana con su descomunal poderío militar, que cuenta con el arsenal atómico más grande de la tierra estaría en posición estratégica para dictarle al resto del planeta la voluntad de un Presidente que en su propio país por los menos la mitad de sus conciudadanos afirman o tienen en dudas, de sus credenciales verdaderamente democráticas. Nunca antes en la historia de Estados Unidos unas elecciones de “medio término” han sido tan decisivas e importantes como esta del próximo mes de noviembre.
Un viejo Duende que sabe más por viejo que por Duende me dijo recientemente que hoy vivíamos en un mundo muy peligroso puesto que corríamos el riesgo de ver producirse el contrasentido de encontrarnos con una situación- una vez soñada por Hitler – de establecerse la dominación mundial del fascismo, con la gran paradoja de que esta vez el fascismo se llamará “Democracia”.
Ahí se las dejo y los pongo a pensar.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.











