
Pero más que eso, Dopico era el gran amigo de siempre, leal como el también amigo mutuo Eusebio Leal, tan honesto y revolucionario como aquel, sin dobleces cobardes en un convulso escenario miamense que nunca le hizo renunciar a su limpia cubanía.
Dopico sufría de una larga y penosa enfermedad que a pesar de restringir sus movimientos- Mal de Parkinson- no le hacía temblar su magnífico oficio y dedicada profesionalidad como pintor de imágenes misteriosas de precioso colorido y plasticidad excepcional.
Me rompe el alma la muerte de mi amigo Vicente Dopico. Mi adiós adolorido, rodeado de lágrimas sinceras me trae a la memoria a mi esposa Miriam, recientemente fallecida. Ella también quería y admiraba profundamente al gran pintor, al buen amigo, al revolucionario ejemplar, al cubano patriota que en vida fuera Vicente Dopico Lerner. Descanse en paz.
