La izquierda no esta en guerra, pero la guerra está en ella, la impacta, la traumatiza, la confunde y la divide. La izquierda no puede apoyar a la OTAN ni aplaudir a Rusia ni criticar Ucrania. Ante tan difícil escogencia, como muchos, todavía no los necesarios, me afilio a los que optan por promover la paz y apoyar a quienes lo hacen.
Crecí física y políticamente con la convicción de que, tanto respecto a las personas como a las naciones, “La defensa es permitida” y conocí que cuando una pelea no alude directamente, de oficio se apoya al más débil. Son leyes de la vida que se asimilan con la naturalidad con que se bebe la leche materna. Nadie se opone a ellas.
La Guerra Civil Española y la invasión y ocupación nazi de Europa, especialmente de la Unión Soviética, por las hordas nazis, generó un extraordinario repudió a los agresores y a los invasores. Aquellas enseñanzas y las decenas de invasiones e intervenciones de Estados Unidos en América Latina, fueron la base de las convicciones antiimperialistas profundamente arraigadas en los pueblos latinoamericanos.
¡Abajo el Imperialismo! y ¡Muerte al invasor! figuran entre las consignas más legítimas y universales.
Tal vez por esas circunstancias, la guerra en Ucrania plantea dilemas morales, sobre todo para la izquierda que respaldó a la Unión Soviética, compartió su causa y ejerció respecto a ella solidaridad y lamentó su colapso, mientras las potencias occidentales, se regocijaron. Aunque Rusia, su heredera autodesignada, pactó con ellas, no cejaron en el empeño de cercarla militarmente y esperaron la oportunidad para usar, como ahora lo hacen, su poderío económico y militar contra ella.
Entre tanto, las fuerzas de izquierda, a las que la Unión Soviética, excepto algunos excesos de paternalismo relacionado con la precedencia revolucionaria y las imposiciones políticas asociadas a excesos dogmáticos, nunca contrarió a los militantes de fila, lamentaron tal final y trasladaron su afecto a Rusia. Algunos de los que así actuaron hoy se sienten decepcionados.
Respecto a Ucrania, un país muchas veces hermano, por multitud de razones más cercano a ella que a los imperios occidentales, que confió en Rusia al entregar sus armas nucleares, a cambio de la promesa de que su independencia y su soberanía, con todos sus territorios, incluidos los que hoy se les arrebatan, sería respetada, se sienten decepcionados.
Aplaudo y levanto las dos manos, para apoyar a China, única potencia del Consejo de Seguridad que no se ha involucrado en la guerra y que, sin aspavientos y sin deponer su cercanía política con Rusia a quien apoya en todo, menos en la guerra, instándola a negociar, como mismo hace con occidente. China y Brasil acaban de proponer un plan de paz que, como base para iniciar las negociaciones es apropiado.
Creo que las fuerzas sociales progresistas, en particular la izquierda marxista, socialdemócrata o socialcristiana, las personas de fe, los académicos, intelectuales y artistas, liberales o conservadores, la prensa y sobre todo los pueblos europeos, en particular los envueltos en la guerra, deberían exigir que paren de matarse, dialoguen y den oportunidades a la paz. La paz, sentenció Mandela, no es un camino, es el camino. Allá nos vemos.
Mayo 2024
Publicado por el diario ¡Por esto! Al citar o reproducir indicar la fuente