
a los que nutren la burocracia muy bien pagada de Radio y TV Martí; a los congresistas cubano-americanos que con su retórica y sus trucos en el Congreso obtienen el voto geriátrico de Miami;
a los que dirigen y se aprovechan de la industria del anticastrismo; a los que venden su arte y su pensamiento en los canales-cloaca de televisión para atacar a Cuba; a los que alquilan su pluma en los periódicos para denigrar a su patria; a los escritores aburridos, aburridores y frustrados que pactan con el diablo con tal de publicar libros que nadie lee; a los médicos que en misiones internacionalistas abandonaron a sus pacientes a quienes tenían el deber de salvar de la enfermedad o de la muerte y suplican servilmente después en Estados Unidos que les permitan revalidar sus títulos; a los que emigran con formación universitaria debiendo todo lo que son a la Revolución Cubana y reniegan de sus raíces; y