El pasado jueves 4 de octubre, recibimos la noticia del incidente ocurrido con José Manuel Carbajal Zaldívar, músico cubano del género urbano, conocido artísticamente como “El Taiger”, quien resultó gravemente herido por un disparo de bala en la cabeza, hecho ocurrido el propio jueves en la ciudad de Miami, Florida, Estados Unidos de América.
Ante este lamentable acontecimiento, desde el Instituto Cubano de la Música y la Agencia Musicalia, de Artex, hemos dado seguimiento permanente al estado de salud del artista, que continúa siendo crítico, con pronóstico reservado.
En los próximos días seguiremos informando por esta vía sobre tan sensible tema. Deseamos la pronta recuperación de este joven músico, que no ha renunciado a su nacionalidad ni a su amor por Cuba.
(Instituto Cubano de la Música)
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TOMADO DE https://oncubanews.com
Ahora le pongo cara y compasión, desgraciadamente, al mismo tiempo, al recuerdo de su música.
En aquellos días de sol inclemente, bajo una sombrilla y frente al mar, recuerdo haberme fijado especialmente en un grupo de cubanos en el que se notaba la reunión de gente de las dos orillas. Evidentemente los “de allá” habían invitado a “los de acá” a vacacionar, como se debe, en familia, en “la playa más linda”. Bailaban y cantaban aquella música con frenesí, y los rusos y canadienses que estaban por allí se quedaban un poco en Belén.
Los de animación del hotel la hacían sonar una y otra vez, —un reguetón en ritornello—, para que los cubanos la gozaran como en un ritual de identidad e hicieran la fiesta ellos solos, dejándose sentir.
Pasó todo el tiempo que pasó y no averigüé más, ni oí más la canción, ni supe apenas quién la cantaba, después de haber vuelto a mi otra vida a más de 7 mil kilómetros. (De esos terrenos musicales casi no tengo idea, aunque suelo enterarme de algunos estribillos).
Llegaron entonces estos días fatales en que El Taiger, conectado a máquinas en el hospital, trata de sobrevivir a un balazo en su cabeza.
Nunca, como ya dije, había reparado en sus canciones, ni en sus polémicas o tiraderas, ni en su prontuario policial. No tenía claro que él era el “bonito, apuesto y todo lo demás, por supuesto”. Ahora le pongo cara y compasión, desgraciadamente, al mismo tiempo, al recuerdo de su música.
Las circunstancias actuales me han dejado conocer sobre sus conciertos en Cuba y en Miami —algo que no todos se atreven a hacer, enredados en excusas políticas— y en sus relaciones de admiración mutua con tantos artistas cubanos, dentro o fuera del llamado reparto.
Al margen de todas las declaraciones de sus compañeros del género urbano —así habló uno de ellos que estuvo en el Jackson para demostrar su solidaridad—; más allá de los cariños y palabras de aliento que están circulando de teléfono en teléfono; y mientras trato de evitar los chismes insanos y a los animalejos destestables que están haciendo zafra a punta de fakes en las redes sociales.
Más allá de todo eso, digo, lo que más me ha impresionado hasta ahora, ante la incertidumbre de si podrá o no sobrevivir, es la simultaneidad de un sentimiento que cruza el mar que separa a los cubanos: una vigilia en Miami, en las afueras del hospital, con profusión de velas encendidas, cantos y bailes, padrenuestros, entre mayores y niños, hombres y mujeres. Y otra pequeña vigilia en Malecón y 23, donde la gente se reunió a escuchar las canciones, a dejar el fuego de alguna vela que se le resta al apagón más que probable de hoy; a orar, también, por la vida de José Manuel Carbajal Zaldívar.
Otra vez, del southwezzzzzzt a La Habana, ida y vuelta.