Innovaciones o errores de Marcos Rubio

                                                             

Algunos políticos cubanoamericanos se forjaron una reputación e hicieron carrera política en Miami asumiendo una doble posición: aliarse con el gobierno de los Estados Unidos, y asumir los rencores del llamado exilio histórico para combatir, por todos los medios, al gobierno cubano, a la vez que utilizaban su influencia política para, mientras los presionaban y condicionaban políticamente,  apoyar a exiliados de a pie, emigrados, balseros, marielitos y otros, para los cuales consiguieron reivindicaciones y privilegios de los que otros emigrantes no disfrutaron.

Marcos Rubio, senador federal, hijo de padres cubanos que sumó capital político haciéndose pasar por cubanoamericano cuando es americano a secas, (cosa que no lo hace mala persona), ha elegido otro camino. Mientras se alía con la administración para hostilizar al gobierno de la Isla, da la espalda a los emigrados radicados en Miami, y promueve políticas que los perjudican.

En esa línea hizo cuanto pudo para cancelar el status de los “pies secos”, y ha influido poderosamente en las decisiones que conllevaron a que los diplomáticos estadounidenses fueran retirados de La Habana, y los cubanos expulsados de Washington, con lo cual se asesta un golpe decisivo a los viajes y al programa de reunificación familiar, se cancelan los contactos pueblo a pueblo, y se da marcha atrás a la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Obligar a los cubanos a viajar a Bogotá, Colombia, para allí ser entrevistados por funcionarios estadounidenses, que decidirán si les otorgan o no la visa para visitar a sus familiares, o radicarse en los Estados Unidos al amparo de los programas de reunificación familiar, y refugiados en virtud de gestiones iniciadas y financiadas por sus familiares en Miami; es una crueldad gratuita.

Los cubanos pendientes del programa de reunificación familiar o que realizan viajes de ese carácter, con frecuencia son personas mayores, a veces familias completas, incluyendo menores de edad. Tanto en Cuba como en Estados Unidos constituyen personas de condición humilde, sin solvencia económica como para viajar y alojarse en Bogotá, esperar allí el proceso burocrático, a veces dilatado, regresar a la Isla, poner en orden sus asuntos, incluso vender casas y propiedades, y luego viajar a Estados Unidos o rumiar su frustración en el caso de ser rechazados, lo cual ocurre con cierta frecuencia.

De ese modo el senador afecta no solo a los cubanos residentes en la isla, sino a los ya asentados en Florida, muchos de los cuales son ciudadanos estadounidenses, y a cuyo voto debe su carrera política. Al impedir que los cubanos viajen y se establezcan en Estados Unidos, Marcos Rubio causa daño a cientos de miles de cubanoamericanos. Se trata de un extraño modo de hacer política que parece más un error que una innovación.

Tal vez cuando lleguen las próximas elecciones, y los cubanos radicados en Florida y otros emigrados solidarios le vuelvan la espalda y le pasen la cuenta, Marcos Rubio se percatará del error político que significa girar contra los intereses y los anhelos de lo que pudiera ser su base electoral.

Quizás la derecha cubanoamericana no se ha enterado todavía, pero la emigración cambió y necesita de políticos a la altura de las nuevas circunstancias. La práctica de la democracia electoral obliga a ser consecuente, olvidarlo es suicida. Allá nos vemos.

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El presente artículo fue redactado para el diario Por Esto, al reproducirlo indicar la fuente.  

   

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