Mucha gente se aprovecha de circunstancias especiales y/o esperadas – a veces también inesperadas – y debido a habilidades que la naturaleza le ofreció, se convierten de la noche a la mañana en actores directos de hechos y momentos importantes (a veces ni tanto) o espectaculares. Hay en nuestra vida cotidiana una estela interminable de estos “aprovechados” de las oportunidades para colarse en el tren de los que marchan bien.
Corría el primer año de la década de los noventa y a grupos de solidaridad con Cuba ya se les permitían viajar a la isla, incluyendo los “estigmatizados” de otrora, “los marielitos”. En estos casos los que más se destacaban en el empeño. Después de once años de espera, comenzaron a dejar regresar para visitar a sus familias a escogidos de estos.
Unos diez a la semana, era lo fijado. Hasta entonces fue como un castigo por haberse embarcado (por mar) dejando a los demás pasando los mismos problemas. Los grupos y organizaciones de nuevo nacimiento, en la emigración, se dieron a conocer por sus apoyos a Cuba como nación, que era precisamente como apoyar a Fidel Castro, porque se concebía intrínseco, debido a su liderazgo que sobre pasaba fronteras. La generación del Mariel (1,980), se hizo respetar por muchos y hasta por aquel exilio histórico (léase histérico) que dominada, hasta entonces el panorama en Miami. Los recién llegados pensaban, hablaban y actuaban distinto y rompieron el estereotipo hasta entonces de los “asilados anticastristas”.
En esa “era” de gente que mayoritariamente no se consideraban contrarrevolucionarios, sino simples emigrantes, pues en su motivo de viaje a Estados Unidos solo buscaba acomodar mejor económicamente a sus familias, pero mantenían el lazo con la nación cubana. Nuevos grupos se iban sumando a este esfuerzo por mejorar las relaciones entre ambas naciones, la eliminación de Bloqueo y muchas cosas más, entre éstas aumentar los viajes, que estuvieron siempre obstaculizados por políticas absurdas, que lucraban en muchos casos, con la desgracia de la separación y el espacio del tiempo a que se obligó a aceptar para estos reencuentros. Estos emigrados llegaron a considerarse rehenes de ambos países y sus políticas.
En nuestro gueto ligado a Cuba, hay uno de eso personajillos, que supo en su momento agarrarse de la tablita y sobrevivir entre los fracasados. Un don nadie ayer se convirtió en algo importante al correr del tiempo por un solo hecho fortuito que lo catapulteó al estrellato. Se dio una reunión de la Nación y la Emigración, en La Habana y sus componentes eran los miembros de esas nuevas generaciones agrupadas en apoyo a Cuba.
Cuando ese acontecimiento histórico por su contenido, se otorgó a los dirigentes de esas organizaciones de acá, presentar como propuestas a determinadas personas, que fueron aceptadas por las autoridades cubanas, mostrando absoluta confianza en esas elecciones. La única organización, por su historia, que estaba exenta de este escrutinio, era la Brigada Antonio Maceo por razones obvias.
Pues bien, llegado el caso un grupo de aquellos, en Miami, era Profesionales y Empresarios Cubano Americanos – PECA – a quienes se les otorgó una amplia representación. En esos momentos se les permitió a que cada cual pudiera llevar un acompañante (esposos, hijos, padres, amigos, etc.) Aquel encuentro se vería como una apertura de Cuba a su emigración honesta y digna y no de infiltrados contrarrevolucionarios o sus acólitos.
En ese grupo “se coló”, como acompañante, este entonces totalmente desconocido Hugo Cancio Morua. Jamás antes se le vio en alguno de los muchos actos públicos que se realizaban en Miami. Tuvo suerte y fue a La Habana después de muchos años sin poderlo hacer y con gente que por su activismo, se habían ganado ese viaje. Pero él no.
Tenía en ese entonces una pequeña agencia de viajes a Cuba. De ahí su salto al estrellato y sus 15 minutos de fama, le abrieron puertas, que volvieron a cerrarse en el 2,003, en fue suspendido de entrar a la isla, por sus contactos y apoyo con la disidencia en Cuba.
Funda su compañía Fuego Enterprise, para lucrar con la cultura americano- cubana y hace que se convierta de solo ser el hijo de Miguel Cancio (uno de los integrantes del aquel popular grupo musical Los Zafiros, émulo cubano del estadounidense, The Platters), en un tipo más o menos conocido. Recuerdo que filmó un documental que se llamó Los Zafiros, locura azul, cuando involucró a uno de los líderes cubanos, Alfredo Guevara, mintiendo, como si lo conociera como amigo, para ganar publicidad para su filmecito, lo cual fue desmentido por este último públicamente, quien jamás conoció a Hugo Cancio.
Después y un poquito, logra editar una revista, OnCuba, en papel y en Internet, la cual parecía un catalogo para establecimientos y lugares de atracción cubanos en la isla, pero también le colaba insidiosos artículos y comentarios en contra a la Revolución Cubana. Esto se leía tanto en Cuba como en Miami y otros lugares, se entregaba en los aviones a los pasajeros que viajaban a la isla. Todo esto le permitía disfrutar de un pen house de lujo en un edificio exclusivo habanero, cuyas paredes estaban cubiertas de pinturas famosas tanto cubanas como del arte internacional, donde se jactaba de que él “vivía en dos tierras, la yanqui y la cubana”.
También lograba intercambiar artistas, nunca los mejores, entre La Habana y Miami. La pregunta que se desprende es: ¿Esos negocitos, la revista y Fuego Enterprise, le permitían ésos lujos… o hay algo escondido detrás…?
Pues al parecer ya se le acabó sus tiempitos de fama al señor Cancio Morua, pues el primer Vice Presidente cubano, Miguel Díaz Canel, le mencionó en sus últimas intervenciones, para declarar que se cerrará ese medio inapropiado llamado OnCuba, tanto en papel como en Internet. Sin duda alguna el tipo tiene dones y uno de estos es el oportunismo. Allá va eso amigos…”se acabó lo que se daba…se acabó…”
Les habló “Desde Miami”, para radio-miami.org, Roberto Solís Ávila.










