Entrego de nuevo mi columna y tiene a toda la radio-miami.org, Carlos Lazo, un cubano y ciudadano americano que es hoy un baluarte por unir a Cuba y Estados Unidos en una relacione de respeto y armonía. La siguiente reflexión es para los cubanos de la isla y para todos aquellos que estamos lejos de ella. Gracias Tocallo
El bloqueo a CUBA “arma de destrucción masiva”. Hay amores que matan, por Carlos Lazo
Hay amores que matan
Bueno, al menos usted, hermano Jorge, no es un hipócrita. Cuando le pregunté si usted quería el cierre de remesas, la eliminación de viajes, el bloqueo de los envíos de petróleo—de ese combustible que alumbra hospitales y mueve ambulancias en Cuba—otra persona hubiera dicho que no. Otro se hubiera ido por las ramas, trataría de dorar la píldora. Pero a usted hermano Jorge, tengo que reconocerlo por su honestidad. Usted dice una verdad que no se atreve a decir mucha gente; usted revela lo que hay detrás de las sanciones económicas de los Estados Unidos contra Cuba. Usted expresa una realidad que ni siquiera se atreven a decir en voz alta los funcionarios del gobierno norteamericano. Usted me responde que sí, que usted está a favor del cierre total de los envíos a las familias y de la entrada de petróleo, es decir, usted aboga por el colapso económico total para provocar dolor absoluto (según sus propias palabras). Usted agrega, sin pelos en la lengua, que ese es el objetivo de las sanciones, que persiguen eso, tratar de hacer morir al pueblo cubano, matarlo de hambre, asfixiarlo, para obligar a ese pueblo a rebelarse contra el gobierno.
Mis hermanos en la Isla y otros cubanos en otros lugares del mundo pudieran acusarlo de ser cruel, inhumano, frío al expresar ese criterio, pero yo digo que, más allá de todo eso, usted es sincero. Y su sinceridad me parte el alma. Usted es uno de los pocos cubanos que viven fuera de Cuba que dice (sin tapujos) cual es el principal objetivo del bloqueo o embargo (a esta altura, da igual como lo llamen, pues usted y yo sabemos que es un “arma de destrucción masiva”). Por cierto, ese argumento que usted esgrime es idéntico al que usó un subsecretario de estado norteamericano en 1960. Él también dijo que, para tumbar a Castro, había que rendir por hambre al pueblo de Cuba.
Hermano Jorge, ¿entenderán los cubanos que lean sus palabras la “lógica” que usted esgrime? ¿Comprenderán esos hombres, mujeres, ancianos (con hijitos incluidos) que, detrás de la crueldad suya de desear matarlos de hambre, se esconde el “cariño”, el “amor” que usted dice profesar por ellos? Usted afirma que las recargas, las remesas, la ayuda enviada por familias en el exterior (y hasta el petróleo que alumbra los hogares y hospitales) todo eso hay que pararlo. Yo quiero ser comedido y cortés, pero, al leerlo, me cuesta no temblar de dolor, de incredulidad y de rabia. ¿Apreciará el pueblo cubano esa sinceridad suya y esa forma peculiar que tiene usted de “amarlos”?
En fin, discúlpeme por el tono irónico o sarcástico de mis palabras. Pero es que me provoca profunda tristeza, un dolor que ni siquiera puedo describir –dolor por mi pueblo y hasta por usted—el leer lo que ha expresado. Tengo la esperanza de que usted represente solamente a una minoría muy pequeña, en número (y en alma). Quiero creer, ¡estoy seguro! que la mayoría de los cubano-americanos y de los cubanos que residen fuera de la Isla no piensan como usted.
Más allá de preferencias políticas o religiosas, esos cubanos que han emigrado son gente laboriosa e inteligente, pero, sobre todo, compasiva, familiar, decente y hospitalaria. Esos padres de familia, esas madres, esos abuelitos, esa gente buena no olvida a sus vecinos en la Isla. Esos cubanos, numerosos y de buen corazón, esos, no le desean mal a su pueblo. Un abrazo y qué Dios lo bendiga. En serio, qué Dios ilumine su alma.
Carlos Lazo
27 de mayo de 2020
