
Yuri es un investigador de la geopolítica internacional, martiano y estudioso también de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. A petición nuestra, nos envió desde Cuba el siguiente texto, que pongo a consideración de nuestros lectores.
Por Yuri Fernández Viciedo
Doctor en Ciencias Jurídicas
La Asamblea General de las Naciones Unidas, en otro período de sesiones ordinarias, reunió a las delegaciones de más de 130 Estados en un momento en el que confluyen importantes tensiones y conflictos militares en curso.
Este nuevo período de sesiones discurre en un contexto de conflictos y tensiones internacionales no resueltos: el genocidio palestino en la Franja de Gaza y la anexión por parte de Israel de territorios de la Cisjordania ocupada; la prolongación de la guerra entre la Federación de Rusia y la OTAN en territorio ucraniano que —con los ataques con drones a Moscú durante la última semana— amenaza con escalar a proporciones continentales; y la guerra sostenida en los últimos meses por Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha repercutido en el cierre del estrecho de Ormuz, desencadenando una subida global de los precios de los combustibles.
A ello se suma el reciente anuncio de un acuerdo entre la administración Trump, la monarquía danesa y el gobierno de Groenlandia, que permitiría la colocación de bases norteamericanas en la isla del Ártico, con prohibición expresa de que otros actores internacionales —Rusia y China— puedan acceder a este territorio sin autorización expresa del gobierno de Estados Unidos.
«Estados Unidos está de vuelta».
Fue una de las frases más emblemáticas del discurso del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante el auditorio de países, en una intervención que superó los 15 minutos permitidos y en la que no faltaron alusiones a una bonanza de la economía estadounidense que las estadísticas desmienten.
Con respecto a Cuba, el mandatario fue directo, sin ocultar la estrategia de asfixia y aislamiento que su administración dirige contra un miembro soberano de las Naciones Unidas.
Calificó al país caribeño de «Estado absolutamente fallido» y aseguró tajantemente que «va a caer», a la vez que anunció que su equipo de gobierno busca «un cambio fundamental» en la Isla. Presumió ante la comunidad de representantes internacionales reunidos que, al ejercer la «mayor presión» jamás aplicada, el gobierno y el Estado cubanos caerán.
Fue un discurso sin precedentes históricos cercanos, donde, a la vista de todo el mundo, un miembro soberano de la organización es presionado, coaccionado y amenazado desde la tribuna.
En un acto de protesta diplomática cargado de simbolismo y dignidad, la delegación cubana, encabezada por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, se levantó y abandonó la sala en señal de rechazo.
El suceso no puede verse como un hecho común o normal. Normalizarlo desde los medios contribuye a posicionar la política de asfixia sobre Cuba y a depauperar aún más el papel de la Organización de las Naciones Unidas como foro internacional para la solución de conflictos y como entramado institucional para garantizar la paz mundial.
La ONU atraviesa un momento de profunda crisis, pues su sistema de organismos e instrumentos jurídicos internacionales se creó, precisamente, para impedir que sucesos como el acaecido en la citada sesión tuvieran lugar.
La delegación cubana abandonó la sala de sesiones: ¿por qué? ¿Qué significa esto en clave diplomática?
No se trata de un simple gesto de molestia, sino de una protesta política que expresa múltiples mensajes.
Rechazo a la política injerencista de la administración Trump. Cuba rechaza las pretensiones de legitimidad de Estados Unidos para pronunciarse sobre el futuro político del pueblo cubano. Al retirarse, la delegación deslegitima el escenario donde se vierten esas amenazas, negándose a ser parte pasiva de lo que considera una farsa.
Denuncia pública del bloqueo norteamericano. La protesta denuncia la ilegalidad internacional que Cuba atribuye a la política de asfixia promovida por la presente administración y a la denominada «guerra económica» contra la nación caribeña. La retirada también responde al recrudecimiento del bloqueo y las sanciones.
El canciller Rodríguez calificó las afirmaciones de Trump como «falsedades» y «calumnias», y denunció el «cerco energético» y el «castigo colectivo» contra el pueblo cubano.
Defensa de la soberanía. La respuesta oficial se centró en una afirmación esencial:
«El Gobierno de EE. UU. resulta incapaz de aceptar que Cuba es, y tiene derecho a ser, un país plenamente independiente y soberano».
