Por Any Chil
La Dignidad no se Negocia
En los últimos días, el escenario geopolítico en el Caribe ha dado un giro preocupante. Tras las operaciones militares en la región, el despliegue de buques anfibios como el USS Iwo Jima y el USS San Antonio hacia las aguas del norte de Cuba no es solo un movimiento táctico; es una señal de presión que el mundo debe observar con detenimiento. Estos buques, diseñados para el desembarco de infantería y maquinaria de guerra, se posicionan frente a nuestras costas en un momento de máxima tensión.
Lo más doloroso de este panorama no es la maquinaria extranjera, sino la reacción de ciertos sectores en las redes sociales. Resulta desgarrador ver a personas nacidas en esta tierra celebrar la posibilidad de una agresión contra su propio hogar. Quienes piden una intervención militar parecen ignorar, con una ceguera aterradora, las consecuencias humanas de un conflicto de tal magnitud.
¿Acaso no han visto el espejo de Gaza y Palestina? ¿No han visto los escombros donde antes hubo escuelas y hospitales? Una intervención no es un videojuego; no selecciona objetivos con precisión quirúrgica sin derramar la sangre de inocentes. Quienes invocan la guerra desde la comodidad de una pantalla no se detienen a pensar que las bombas no distinguen ideologías: caen sobre niños, ancianos, maestros y médicos.
Cobardía vs. Heroísmo
Un ataque de una potencia contra una isla pequeña no es un acto de valentía; es el mayor ejercicio de cobardía que conoce la historia. No se necesita «valor» para apretar un botón a kilómetros de distancia; se necesita coraje para defender un suelo con el pecho descubierto.
A aquellos que confían ciegamente en promesas de potencias extranjeras, les decimos: la historia no perdona a los traidores. Quien traiciona a su propia sangre por una bandera ajena, termina siendo desechado por aquellos a quienes sirvió. Para el invasor, el que traiciona a su patria siempre será solo un instrumento, una pieza reemplazable que nunca gozará de respeto ni confianza.
La Postura de Cuba
Cuba es una nación de paz. Cuba no amenaza a ningún país, no busca conflictos ni pretende expandir fronteras. Pero que nadie confunda nuestra vocación de paz con debilidad. Tampoco tememos a quien nos amenaza. Nuestra historia está forjada en el fuego de la resistencia y el sacrificio.
Un cubano de verdad da la vida por su tierra y a su bandera se aferra. No permitiremos que se mancille la soberanía que tanto sudor y sangre ha costado. Si intentan pisotear este suelo, se encontrarán con un pueblo que prefiere la muerte antes que la servidumbre. No sabemos vivir de rodillas; solo conocemos el camino de la frente en alto.
Lucharemos hasta el final. Lucharemos por cada calle, por cada palma y por cada vida. Porque la Patria es sagrada y el honor de un pueblo no tiene precio.
Frente a quienes pretenden decidir nuestro destino desde el norte, repetimos la histórica y profunda sentencia que recuerda el destino de los que eligen el camino del sacrificio por sus principios:
»¡Ave, César, los que van a morir te saludan!»










