Caos en La Casa Blanca (I). Por Lázaro Fariñas

Pero no son solo los periodistas los que se aprovechan del desequilibrio mental del Presidente, hay otros que aún se aprovechan mucho más y esos son los comediantes de la televisión. Varios son los programas de comedia que se transmiten por las cadenas nacionales cada noche, de lunes a viernes, y los comediantes que los dirigen están haciendo una verdadera zafra. Lo que se ve y oye en esos espacios cómicos es para desternillarse de la risa. Las burlas a Trump son casi inimaginables. Se ríen de él, de su gobierno, y de su familia. Trump le da la pólvora y ellos hacen los disparos.
Cuando se supo que este «personaje» había triunfado, cualquiera que mínimamente conociera cómo funciona la televisión norteamericana y en especial sus programas de entrevistas y sus comedias, podía haberse dado cuenta que esto iba a suceder.
Solo hay que pensar lo que puede hacer un buen comediante con un hombre de poder a quien sus más cercanos colaboradores califican de «morón» unos y de «idiota» otros. Claro que esta no es la primera vez que llega a la presidencia de este país un hombre con estas características. No hay que ir muchos años para atrás para recordar las barbaridades que hacía y decía George W Bush. ¿Quién no recuerda los «Buchismos» que fueron tan famosos durante los días de W en la Casa Blanca? Claro que Bush, comparado con Trump, es un niño de pañales en lo que a excentricidades se refiere. Es verdad que decía barbaridades una tras otra, pero tenía una muy diferente personalidad.
Trump, aunque perdió el voto popular en su elección, ganó ampliamente en los colegios electorales. Fue un triunfo amplio y limpio según las reglas del juego electoral vigente dentro del sistema electoral norteamericano. Hay que ver que, contra viento y marea, se impuso como el candidato del Partido Republicano venciendo a 17 otros candidatos que aspiraban a la nominación. Uno por uno los fue eliminando todos hasta quedar él como el nominado. Eso ocurrió contra todas las predicciones e incluso, contra los deseos de la mayor parte de la clase dirigente de su partido, que conociendo el tipo de persona que era, trataron de bloquearlo. No creo que ni el mismo Trump pudo imaginar su triunfo.
Por supuesto que, si era muy poco probable que ganara la nominación, menos probable era que, si la obtenía, pudiera derrocar a la candidata demócrata en las elecciones generales. Pero en política nada es completamente predecible y triunfó contra todas las probabilidades. Cuentan en un libro que fue publicado recientemente que él mismo se quedó perplejo cuando supo los resultados de los comicios presidenciales. Dicen en el libro que llegó a atontarse tanto que apenas podía creer lo que había sucedido.
Donald Trump implantó una táctica en la campaña electoral –la misma táctica con la que ha vivido en su vida– la de arrinconar, desprestigiar y humillar a todos los que se le paren delante. Nunca ha dejado de ser un abusador, un narcisista y un mitómano. Es un hombre al que no le importa mentir constantemente. No he vuelto a saber la cantidad de probadas mentiras que ha dicho; hasta hace unos meses, que fue la última vez que lo leí, el Washington Post le había contabilizado más de dos mil de ellas. El hombre miente constantemente. Miente sobre cualquier tema y poco tiempo después se desmiente él mismo con otra mentira.
Hace unos días salió a la luz que le mintió en su cara al Primer Ministro de Canadá al afirmarle que los Estados Unidos perdían billones en sus relaciones comerciales con aquel país, cosa que, según la oficina de comercio de los Estados Unidos, es falsa. Lo peor es que, en un reciente discurso, el mismo Trump afirmó que él le había dicho eso al Primer Ministro sin tan siquiera saber si era cierto lo que estaba afirmando. ¿Alguien se puede imaginar cómo es posible que este hombre haya llegado a la presidencia de Estados Unidos y tenga en sus manos el poder que tiene?
Continuará

Es verdad que llegó a la presidencia con un enorme margen de ventaja en el Colegio Electoral sobre su contrincante Hillary Clinton, pero también es verdad que perdió el voto popular por más de dos millones de votos. Eso lo pone en la misma lista en que está George W Bush, que sacó quinientos mil votos menos que Al Gore y así y todo fue electo presidente.
En menos de un año y medio que lleva en la presidencia, Trump ha creado un récord muy difícil de igualar en el futuro: más de veinte funcionarios de alto nivel, ministros, vice ministros y hasta directores del FBI han sido sus víctimas. Según han declarados algunos de los que aún quedan trabajando en La Casa Blanca, el lugar es un centro laboral completamente tóxico en donde se recelan unos de otros y en donde cada cual piensa que puede ser el próximo en caer. La personalidad de este hombre se alimenta del chisme y de la humillación de los demás. Ha dicho públicamente que él disfruta lo que hace y cómo lo hace. Antes de caminar en la política, era el conductor de un programa de televisión en el que gozaba botando a la gente, haciendo famosa la expresión «You are fired!» que les gritaba a sus invitados.
Cuando durante la campaña electoral salieron las 19 mujeres a denunciarlo, él afirmó en aquellos momentos que las iba a demandar judicialmente a cada una de ellas una vez que pasaran las elecciones. Pues bien, ha pasado un año y medio y por supuesto, no lo ha hecho. Es increíble, a cualquier candidato a la presidencia de los Estados Unidos le hubiera bastado que hubiese salido una sola denuncia para que se hubiera visto forzado a abandonar la campaña, pero a este personaje le resbaló lo que ellas decían y las acusaba de mentirosas y de ser parte de una campaña de difamación contra él.
¿Cómo es que se pudo dar ese fenómeno? Para explicárselo hay que saber a quién le hablaba, a quiénes les dirigía el mensaje y además, cuál era el mismo. Su base electoral fue una vez descrita por la Sra. Clinton como una cesta de deplorables. No creo que estuviera muy lejos de la verdad. Él mantiene esa base que lo apoya en cualquiera de sus manifestaciones o actos, lo sigue ciegamente y no le importa lo que los demás digan de él.
Nada importaría si esa cesta de deplorables de la que hablaba la candidata demócrata estuviera compuesta por un diez o quince por ciento de los votantes. El problema es que la compone entre un 35 a un 40 por ciento de los mismos. Personas sin cultura, que no leen periódicos ni ven programas inteligentes de debates políticos y si lo hacen, no les importa lo que ellos digan contra el Presidente. Dicen que para muestra un botón y aquí en Miami vemos esa muestra entre los anticubanos de la ciudad que lo apoyaron en las elecciones. A estos, Trump les habla al oído y así fue que, para complacerlos, sacó de la embajada en Cuba a su cuerpo consular y expulsó de la embajada de Cuba en Washington a casi todo el personal diplomático acreditado en la misma. Lo hizo sin razón alguna y sin dar muchas explicaciones, solo para beneficio de la morralla miamense que tan intensamente odia al pueblo de Cuba.
Hay que ver que irá a pasar en los comicios de noviembre donde van a elección todos los congresistas y una tercera parte de los senadores. Si el partido demócrata le logra arrebatar la mayoría parlamentaria a los republicanos, Trump seguirá en la Casa Blanca, pero sin capacidad de hacer mucho daño. Claro, todo esto será posible si no ocurre nada con las investigaciones que se están llevando a cabo por parte del Fiscal especial Robert Mueller. Estas investigaciones bien podrían ser fatales para Donald Trump y su tóxica y caótica presidencia.
*Lázaro Fariñas, periodista cubano residente en los EE.UU.










