BOLIVIA: COMIENZO NO RETORNOEntre las más felices y traumáticas experiencias de la izquierda
latinoamericana figura el proceso político boliviano que en los
últimos 13 años incluyó el ascenso y derrocamiento de Evo Morales,
seguido por el triunfo electoral de Luis Arce que pudiera inspirar
nuevos aires progresistas en la región, aunque no una reedición del
período precedente. No existen evidencias históricas de hechos
semejantes.La ocupación de Europa por el fascismo, aplastó a las democracias
liberales, instaurando un régimen de barbarie. Sin embargo, la
liberación no se limitó a la restauración del régimen anterior a la
guerra, sino que se avanzó hacia un status superior que, entre otras
cosas, entronizó los estados de bienestar y propició la ampliación de
las libertades y los derechos humanos. La fundación de la ONU creó
escenarios propicios para la descolonización, la aparición de 40
nuevos estados y la convivencia internacional. El mundo no fue igual.Como parte de una paradoja política trascendental a fines de los años
ochenta, mientras en Europa Oriental y la Unión Soviética colapsaba el
socialismo real y en América Latina prácticamente desaparecían los
partidos comunistas que, excepto en Cuba tuvieron escasa influencia,
debutaron corrientes políticas anti neoliberales que formaron lo que
fue calificado como “una nueva izquierda”, no inspirada en doctrinas o
ideologías, sino en lecturas contemporánea de la realidad.
En esa andadura que, desde el regreso del sandinismo al poder en 1985,
abarcó más de treinta años, ejercieron la presidencia una docena de
mandatarios en una decena de países, los cuales promovieron reformas
constitucionales, impulsaron transformaciones políticas, sociales y
económicas nacionales, algunas radicales y se asumió una proyección
internacional avanzada. A esos empeños se sumó el esfuerzo para
construir una infraestructura política regional que además de
reorientar y fortalecer los mecanismos existentes, auspició la
creación de UNASUR, PETROCARIBE, ALBA, CELAC y otros.
La influencia política alcanzada hizo posible que en 2009, la OEA
derogara la resolución mediante la cual en 1962 Cuba fue expulsada de
la organización y, en 2015, la Isla fuera invitada a la Séptima Cumbre
de las Américas en Panamá, oportunidad en la cual el presidente Raúl
Castro alternó con el de Estados Unidos, Barack Obama.
En lo que originalmente pareció una conquista relevante, amparada en
una favorable correlación de fuerzas al interior de la organización,
en 2015, Luis Almagro, un político uruguayo de izquierda, canciller de
José Mujica fue electo Secretario General de la OEA lo cual, más que
una maniobra fallida, resultó ser un descalabro que ha contribuido a
la remisión de los avances políticos en el continente.
Hugo Chávez murió sin que el proceso venezolano estuviera consolidado,
Fernando Lugo, Manuel Zelaya, Dilma Rousseff y el propio Evo Morales
fueron desplazados por golpes de estado de diferentes facturas, Lula
fue encarcelado, Mauricio Funes protagonizó un simulacro de exilo, y
Correa que se equivocó al elegir el delfín que debía continuar su
obra, es técnicamente prófugo de la justicia de su país. En Uruguay el
Frente Amplio se ha consolidado y sin tensiones, participa de la
alternancia en el poder.
Evo Morales no es hijo de la política ni de la demagogia, tampoco de
la partidocracia ni de una revolución, sino de la movilización social
y de la democracia entendida como la máxima conquista popular de todos
los tiempos que en Latinoamérica, se ha vuelto funcional a los
intereses de las mayorías.Con votos ganaron Ortega, Chávez, Lula y
otra docena que fueron desplazados del poder, pero no pudieron ser
derrotados en las urnas.
Quienes, confundiendo deseos con realidades, creen ver en la
experiencia boliviana, un retorno automático del progresismo en
América Latina, pueden estar confundiendo deseos con realidades. Tal
vez Bolivia no es un retorno ni una revancha, sino un nuevo comienzo.
Allá nos vemos.