Radio Miami Tv, TESORO, Hermes América, Y CUBAINFORMACIÓN conversan con Alexis Triana, quien se encuentra en la capital de Estados Unidos, esuche en el siguiente montaje la comunicación desde nuestros estudios en la Florida
Los artistas son los mejores embajadores de Cuba, destacan en EE.UU. (+Fotos)
Texto tomado de prensa Latina.
Washington, 8 may (PL) Los artistas de Cuba son sus mejores embajadores, consideró hoy aquí Alexis Triana, director de Comunicación del Ministerio de Cultura (Mincult) de la nación caribeña, con motivo de un gran festival dedicado a su país.Durante una conferencia previa a la inauguración este martes de Artes de Cuba: de la isla al mundo, un evento que se prolongará hasta el 3 de junio con la participación de unos 400 creadores e intérpretes, Triana expresó que este suceso constituye la celebración de la cultura cubana como puente.
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Esta muestra de cubanía que vemos en cada piso es la obra desplegada de nuestros creadores, agregó el representante del Mincult en referencia a las instalaciones que ocupan los espacios del Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, sede del festival.
Triana agradeció a las autoridades de la institución de Washington DC, una de las más importantes de su tipo en el país, al manifestar que la realización de esta cita representa un gesto de amistad con la mayor de las Antillas.
Somos un pueblo de paz, y son los artistas nuestros mejores embajadores, señaló durante la conferencia en la que estuvieron presentes algunas de las figuras que toman parte en el acontecimiento.
‘Ladrillo a ladrillo vamos construyendo ese puente’, afirmó en el director de Comunicación, quien dijo que así sucedió también con el Festival de Jazz de Nueva Orleans, cuya edición de 2017 estuvo dedicada a Cuba; y en enero pasado, cuando músicos norteamericanos llegaron a La Habana para el Festival Internacional Jazz Plaza.
A decir del funcionario, los creadores cubanos que residen en el país caribeño, y los que habitan en otras partes, pero lo llevan dentro, ‘saben lo que es vivir, como decía el poeta Virgilio Piñera, con la isla en peso y con el agua por todas partes’.
En declaraciones a Prensa Latina, Triana reiteró el agradecimiento a las autoridades del Centro Kennedy por hacer posible que estas figuras converjan de igual a igual en los espacios de la institución.
Apuntó que entre los representantes de la cultura cubana cuya obra se pone a disposición del público estadounidense existe una muestra muy plural de generaciones.
También destacó el hecho de que los radicados fuera de la isla, y que se reconocen cubanos, son graduados del sistema de Escuelas de Arte de la nación antillana y siempre reverencian a sus maestros.
Tal hecho tiene mucho que ver, expresó, con un sistema gratuito de enseñanza pública que Cuba ha defendido, pues en medio de la peor de las crisis no cerró ni una escuela de arte, y en el cual no existe distinción de raza, credo o ingresos para matricular, ‘solo dependen de las actitudes y capacidades’.
Esas generaciones de artistas son las que se están viendo por igual aquí, remarcó Triana.
pghdsa/mar
Festival Artes de Cuba constituye un hito, resaltan en EE.UU. (+Fotos)
| Por Martha Andrés Fotos: Diony Sanabia |
Washington, 8 may (PL) Este momento es un hito, expresó hoy el reconocido creador Roberto Fabelo al referirse a la inauguración en la capital estadounidense del festival Artes de Cuba: de la isla al mundo.
Durante una conferencia de prensa celebrada en el Centro John F. Kennedy para las Artes Escénicas, que desde este martes y hasta el 3 de junio acogerá el evento, la figura de la plástica resaltó que en la nación caribeña brotan los artistas de una forma casi natural.
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Hay artistas en el país y fuera de él que llevan consigo un pedazo de la isla, manifestó al referirse al festival que reúne en total a unos 400 creadores e intérpretes, más de 200 provenientes de la mayor de las Antillas y los demás radicados en otros lugares del orbe.
La cultura, el arte, son extraordinarias razones para la perseverancia y la continuidad de la vida de una nación y del mundo, agregó Fabelo, quien celebró este momento de enlace entre Cuba y Estados Unidos como muestra de un ‘espíritu de construcción y edificación en pos de mejores valores humanos’.
Por su parte, José Parla, de padres cubanos y residente en Nueva York, quien presenta su instalación Poly-Ritmó, manifestó que este acontecimiento ofrece un mensaje poderoso y evidencia cómo el arte puede ser una gran herramienta para unir a los dos países.
Tenemos diferentes velocidades, diferentes direcciones, pero amamos el mismo lugar del que venimos, apuntó en la conferencia en la que estuvieron otras figuras de la isla como los diseñadores Celia Ledón y Raupa, y los artistas de la plástica Manuel Mendive y Roberto Diago.
Para mí es una gran oportunidad estar al lado de personas consagradas de la cultura cubana, expresó Ledón, quien dijo que esta es la primera vez que exhibe su obra a través de una instalación, porque trabaja más en el diseño de vestuario para cine y teatro.
A su vez, Alicia Adams, curadora del festival y vicepresidenta de Programación Internacional del Centro Kennedy, destacó que este es un suceso sin precedentes para la institución y para Cuba.
Será un gran viaje, contaremos con figuras en todos nuestros escenarios para las presentaciones de esta gran isla, apuntó la especialista, quien recordó que el festival quedará oficialmente inaugurado esta noche con un espectáculo musical.
La Diva del Buena Vista Social Club, Omara Portuondo, la cantante Aymée Nuviola, los pianistas Aldo López-Gavilán y Jorge Luis Pacheco, el saxofonista Yosvany Terry y el guitarrista Alí Arango tendrán a su cargo la apertura del mayor acontecimiento dedicado a la cultura cubana en la historia de este país.
El evento inaugural, que tendrá por escenario al Teatro Eisenhower, con capacidad para mil 100 personas, también contará con la presencia de la Orquesta Miguel Faílde y la Orquesta del Lyceum Mozartiano de La Habana.
El pasado se rompe en el Kennedy Center (+Video)
Los intentos por aislar a la cultura cubana se remontan a la época de la colonia, cuando Domingo del Monte y su grupo de intelectuales fueron malmirados y perseguidos, comenzando así una diáspora del arte que tuvo en Heredia a su cantor y en el padre Varela a su mártir quizás más olvidado. Cuba y los Estados Unidos comparten un pasado, resuena, en ambos, la historia de encuentros y desencuentros. Cierto que el poderío del norte intentó ensombrecer la dignidad del sur, pero, ¿acaso no fue en esos estados, donde siempre vivió gente honrada, amante de la libertad, donde hubo un Lincoln?
José Martí, lo vemos en la película de Fernando Pérez, como muchos otros cubanos llevaron el brazalete negro, con motivo del asesinato del presidente que venciera al Sur esclavista y diera el paso trascendental de libertar a los negros. Lo que sucede en el Kennedy Center es la continuidad de ese vínculo, sinergia, intercambio de culturas y trasvase necesarios para que dos países hermanos terminen sus diferencias.
Porque, sí, aunque unos pocos lo quieran transformar en imperio, los Estados Unidos es un país, buena parte de él sureño, latino, mezclado, mestizo hasta la médula, donde hallaron cobijo las más diversas causas justas a contrapelo de muchos de sus plutócratas. José Martí admiró la grandeza de hombres que, como Washington, se retiraron a su finca sin más ambiciones que haber cortado el yugo con el Imperio Británico. Hoy, cubanos y estadounidenses admiran, quizás de soslayo, tras casi sesenta años de distancia, lo bello de ambos imaginarios. Hay en la Habana algo de Nueva York y viceversa, ni nosotros somos una amenaza, ni ellos el monstruo. Las metáforas a veces dañan más que restañar las heridas de la historia.
En el Kennedy Center se fragua lo que será nuestra relación fraterna, no basada en el dinero, sino en el respeto, en el amor, en la dejación de los odios y los fundamentalismos. Somos los pueblos quienes pedimos vivir más y mejor, los que nos vemos en el espejo de la historia, siendo casi iguales, compuestos por hombres y mujeres que sueñan los mismos sueños.
Fue el presidente Kennedy quien impuso el actual bloqueo contra Cuba, y ¡cosas del destino!, su nombre sirve para romper lo hecho. Aquel tuvo que elegir entre la invasión y un mal menor, pero que devino en freno total para nuestro desarrollo. Algún día se sabrá de veras qué sombras pasaron sobre cubanos y norteamericanos para separar lo que siempre debió unirse. Si en nuestras mentes está la imagen de aquellos marines defenestrando la estatua de José Martí, también debe recordarse la inclinación de Obama con la rosa blanca, los pastores por la paz, la cantidad de gente anónima que viene a vernos y nos sonríe, que quiere coger una guagua o bañarse con un jarrito. Personas sin un puesto en el Congreso, pero que votan por el restablecimiento de relaciones y el respeto a una Cuba soberana y de identidad propia.
A veces uno siente que Estados Unidos fue convertido en imperio a contrapelo de sus propios ciudadanos, Cuba no olvida a las víctimas del Maine y, aunque arrancó el águila imperial, dejó a los ángeles reposando junto a las aguas del malecón. Los criollos peleamos contra los ingleses en 1762 y luego a partir de 1776 estuvimos junto a los bravos que dijeron ¡no más!, a las leyes de un rey que a distancia se reñía con medio mundo, en medio de su manifiesta locura. Aquel Jorge III, dijo de los Estados Unidos cuando aún eran Trece Colonias, que también había chivos que nacían con seis patas.
Nuestro Céspedes, en la primerísima declaración , se inspiró en su Jefferson de “creemos y sostenemos que todos los hombres nacen iguales en derechos”, nosotros, como Martin Luther King, hemos dicho muchas veces “We shall over come!”, y partimos cuando el huracán Katrina como los primeros, porque Louissiana, nuestra Habana del norte, estaba llena de cadáveres, de hombres y mujeres nobles, de un señor que pedía a gritos por una ventana por los médicos cubanos.
A los Estados Unidos lo llamaron chivo de seis patas, pues en el tiempo de los reyes era la primera gran república, a nosotros nos llamaron locos cuando, pequeños, dijimos ¡independencia o muerte!, y muchos tomaron el camino de la muerte o el destierro, o la pobreza, como tantos millonarios cubanos. Algunos terminaron en el frío norte, sin zapatos para el invierno, asistiendo a los discursos de un joven Martí que hablaba con fluidez la lengua inglesa y prometía pan y libertad, y guerra necesaria sólo para ser prósperos. ¿Cómo hubiera encarado el Apóstol el presente?
Lo que sucede en el Kennedy Center es la continuidad de las ideas de aquel que diera tantas arengas y llamara hermanos a los obreros de Nueva York, de ese que está replicado, cayendo, en dos estatuas idénticas en La Habana y la ciudad de las derribadas Torres Gemelas. Cuba no es una amenaza, ni Estados Unidos debe serlo para nosotros. En medio de acústicos contratiempos, el Kennedy Center rompe el silencio.

















