
No hay que ser tan ingenuos como para pensar que el viaje a La Habana del Presidente Obama era tan noble como un ramo de flores sin espinas. Espinas las tenía y como ejemplo de ello estaba el consejo aquel de que para alcanzar un mejor futuro los cubanos de la isla deberían seguir el ejemplo de sus compatriotas de Miami que todos ellos habían alcanzado dinero y fortuna gracias a vivir bajo el sistema capitalista norteamericano. El puñal con vaselina.
¿Se imaginan Uds. a un jefe de Estado de una nación extranjera en una visita oficial a Estados Unidos que dijera delante del Presidente norteamericano que el sistema político y económico de este país no servía y que debiera ser cambiado por el existe en el suyo? ¿Inimaginable verdad? Pero eso fue lo que hizo el Presidente Obama en La Habana y se le permitió con todo respeto y cortesía, aun cuando sus palabras fueran de puro corte intervencionista y de arrogancia imperial. Todo en aras de unas mejores relaciones en el futuro.
Pero el papel desempeñado por Obama de Policía “bueno” quedó atrás. De eso hace un año ya. Ahora el que está en funciones en la Casa Blanca es el policía “malo” encarnado por el Presidente Donald Trump, según piensan los de la extrema derecha de Miami. Será como ver y sufrir otra vez una vieja película de horror del vampiro Drácula. ¡Qué horror!, volviendo a repetir la palabrita.
Lo triste es que haya cubanos que estén al lado de Drácula contra su patria y su pueblo. Que de todo hay en la viña del Señor.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría, Bambarambay.