
No obstante, la presidencia de Biden no será como un “tercer período” de Obama, ni creo que Biden aplique una política nihilista como la ejercida por Trump respecto a su predecesor. De alguna manera, quizás Trump le haya hecho parte del trabajo difícil que le hubiera tocado a Biden.
Frente a Biden se levantarán desafíos y problemas que ningún presidente estadounidense afrontó en los últimos 100 años. En enero de 2021 cuando asuma el cargo, la pandemia seguirá azotando y la crisis económica estará tocando fondo. Tales asuntos requerirán toda la atención del presidente y su equipo que será escogido de modo pragmático, en función de la situación real y no a tenor con proyectos ideales.

Aunque México puede aspirar a un mejor trato y probablemente a una relación bilateral y comercial menos crispada, no debe esperar que Biden derribe los tramos de muro levantados por Trump en la frontera ni que dé luz verde a un rebrote a las irregularidades migratorias que desde Centroamérica presionaban sobre la frontera estadounidense.
Al aplicar sus políticas hemisféricas, Joe Biden no lidiará con una decena de gobiernos de izquierda como le correspondió a Obama que alternó con Fidel y Raúl Castro, Lula y Dilma Rousseff, Hugo Chávez, Rafael Correa, Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales y otros mandatarios que ejercieron una considerable presión política.
Respecto a Cuba, Biden pudiera restablecer el espíritu y algunas acciones que alentaron la política de Barack Obama, el único presidente de Estados Unidos que reconoció y mostró respeto hacia la dirección cubana, evidenció afecto hacia el pueblo de la Isla la cual visitó y trabajó con él presidente Raúl Castro para normalizar las relaciones diplomáticas, comprometiéndose a gestionar ante el Congreso de su país el levantamiento del bloqueo.
Una cosa es obvia. Respecto a Trump, Joe Biden no será más de lo mismo. Que alcance o no la altura necesaria para rebasar el listón donde lo dejó Obama, es otra cosa.












