
Ahora resulta que un cubano que vive en Miami, que dice ser hijo de un conocido testaferro de negocios del dictador Fulgencio Batista, está reclamando ante una Corte Federal de Estados Unidos bajo el título III de la llamada Ley Helms-Burton la `propiedad del aeropuerto Internacional de La Habana, argumentando que su padre era el dueño de esas tierras y de las instalaciones comerciales construidas sobre ellas.
De que el hombre es hijo de José López Vilaboy- el testaferro de Batista- son muchos los que lo ponen en duda puesto que a este no se le conoce hijo legitimo alguno ni herederos directos, solo un sobrino que debe ser este fraudulento reclamante tardío que salió de Cuba rumbo a España y de allí a Miami con el propósito de reclamar una propiedad de la que Batista era el verdadero tenedor de las acciones mayoritarias, siendo el tal Vilaboy un simple y vulgar “Hombre de Paja” al servicio del dictador cubano.
Lo cierto es que el aeropuerto Internacional José Martí situado en Rancho Boyeros fue confiscado en los primeros días del triunfo de la Revolución en 1959 por el “Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados”, mediante una disposición que solo afectaba a los ladrones de Batista y de sus testaferros, como era el caso del señor Vilaboy. La nacionalización de las empresas privadas capitalistas se hizo efectiva mucho tiempo después y nada tenía que ver con las confiscaciones a los ladrones del régimen batistiano.
El tal José López Vilaboy, el notorio testaferro de Batista, a quien éste traicionó años después publicando un libro en su contra para quedarse con las acciones del aeropuerto habanero- ladrón que roba ladrón- era sin lugar a dudas, un redomado pillo de siete suelas. Y como como lo que se hereda no se hurta, del pícaro “sobrín” pudiéramos repetir que de casta le viene al galgo. Digo yo.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay










