Una mirada cubana hoy hacia China, de presente y futuro

Notas de INTERNET

En una reunión ceremonial en La Habana el embajador de China en Cuba dijo: «Nuestro gobierno tiene una posición firme para desarrollar la cooperación comercial entre nuestros países. La política, la orientación, se ha determinado. Lo que queda es el trabajo para completar nuestros planes…. En 1960, 11 años después de nacer la República Popular China, Cuba fue la primera nación de toda Latinoamérica y el Caribe en establecer relaciones diplomáticas con los chinos. 

Cuba y China han promovido la «Diplomacia de la Salud Global» como una de las estrategias de política exterior. En el plano histórico, económico y político, los dos países poseen puntos e intereses comunes: arrastran las secuelas heredadas del colonialismo, comparten los objetivos de ser países en vías de desarrollo, enfrentados a la tarea de fomentar la economía nacional y mejorar el nivel de vida de los dos pueblos, coinciden en trabajar por un orden social interno e internacional estable y libre de conflictos, se afanan por fortalecer la cooperación económica y tecnológica sobre la base de las ventajas mutuas.

En la amalgama cultural que conforma el criollismo cubano tiene China muy bien ganado su espacio. No pocos historiadores han documentado la profundidad de las raíces asiáticas en esta tierra.

Ya en los protocolos notariales del siglo XVI consta la presencia de chinos, aunque su llegada en número significativo no tendría lugar hasta mediados del siglo XIX, cuando Cuba se convirtió en el principal receptor de la migración china en América Latina, destaca el Embajador.

Entre 1847 y 1874, ocurre la primera oleada migratoria. En esos 27 años llegaron entre 125 000 y 200 000 chinos para trabajar, principalmente, en plantaciones de azúcar y tabaco. Su presencia representó casi el 13% de la población total del archipiélago, con lo cual se convirtieron en «el tercer componente étnico de la identidad cubana», dice Chen Xi.

De manera espontánea, muchos chinos tuvieron participación activa en la Guerra de los Diez Años, la Guerra Chiquita y la Guerra Necesaria, esenciales en la lucha contra el colonialismo español. Dijo José Martí, Héroe Nacional de Cuba, sobre ellos: «…eran grandes patriotas; no hay caso de que un chino haya traicionado nunca».

El Barrio chino de La Habana, testimonio de la integración china a la sociedad cubana, a finales del siglo XIX llegó a ser considerado como el segundo más importante del mundo, tras el de San Francisco, en Estados Unidos.

Existen también nexos culturales y deportivos (sobre todo con las artes marciales), y tienen gran aceptación entre los cubanos la medicina tradicional y las delicias culinarias chinas.

La estudiosa Mercedes Crespo, citada por el Embajador, aseguró que los chinos que pisaron la tierra cubana tomaron su cultura, sus costumbres y tradiciones, su espíritu de lucha contra la esclavitud y el colonialismo y la defensa heroica de la soberanía de este país, todo eso lo integraron completamente en la nación cubana. Y Cuba los acogió como sus hijos. Los chinos han echado raíces aquí, han establecido sus hogares, han tenido hijos y nietos, hasta borrar de sus corazones las fronteras.

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