Y otra es con violín, dice un viejo refrán que citaba un tío mío cuando algún político de turno hacía promesas muy halagüeñas en su campaña electoral, para una vez logrado el objetivo de ser electo, enfrentarse entonces a la realidad de los hechos y verse obligado a seguir adelante con lo prometido o defraudar a sus seguidores.
Ese será el dilema que tendría que enfrentar el Presidente electo de Estados Unidos Donald Trump cuando desde el próximo 20 de enero asuma la primera magistratura de la nación norteña.
Tendrá Trump que construir un muro en la frontera sur de Estados Unidos a un costo de cuatro mil millones de dólares y hacer que México pague por ésa muralla aunque eso conlleve convertir a todos los mexicanos que viven en su país y los que viven aquí- aun aquellos que son ciudadanos norteamericanos- en enemigos de esta nación, por lo que les queda en su sangre de orgullo ancestral.
Tendrá Donald Trump que ir a una guerra económica con China, abandonar la OTAN rompiendo la alianza militar con la Unión Europea, deportar a once millones de inmigrantes sin estatus legal de Residentes, cambiar la política hacia Siria- algo que no sería del todo malo, como ir a una mejor relación con Rusia- desarbolar el “Obamacare”, dejando sin seguro médico a millones de norteamericanos, a la vez que revertir la línea de apertura de relaciones con Cuba para volver atrás a la política fracasada de tiempos de Bush, restringiendo los viajes de cubanos a la isla, hasta llegar a un rompimiento de las relaciones diplomáticas con el gobierno cubano con el cierre de las respectivas embajadas en Washington y La Habana, como lo ha prometido para complacer a la irracional extrema derecha de Miami.
Esas fueron las más relevantes promesas de campaña hechas por Donald Trump en la pasada batalla electoral por la presidencia de Estados Unidos. ¿Podrá cumplirlas todas una vez que llegue a la Casa Blanca? Me temo que no. Pero si lo hiciera, no sería para bien de su gobierno según opina el “establecimiento norteamericano” que es el poder real en Estados Unidos.
Queda en veremos lo que decía aquel viejo tío mío. Que una cosa es con guitarra y otra es con violín. Ahí se las dejo y los pongo a pensar.
Les habló par Réplica del aire, Max Lesnik.











