Ya casi se llega a los ocho años de Barack Obama en la presidencia del país. Durante su mandato hubieron infinidad de promesas que se hicieron en las campañas electoreras que no se han cumplido, como regularmente ocurre desde los más inferiores niveles, los comisionados de barriadas, pasando por alcaldes, congresistas, gobernadores, etc.. Este presidente tiene en su haber algunos triunfos, pero son muchos los desaciertos y ambivalencias de sus poderes ejecutivos. Con relación a Cuba hay mucha tela por donde cortar.
No es menos cierto que realmente dio pasos en sus últimos dos años, que estremecieron a mucha gente, como el restablecimiento de relaciones diplomáticas, la liberación de los restantes tres héroes cubanos y después las disposiciones sobre mejorar los viajes, el comercio a Cuba y los encuentros diplomáticos, finalizando con su visita a La Habana, para advertir que Estados Unidos espera que la isla se sume a coro de las loas a su nación y que sus deseos principales es que Miami sea tomado como ejemplo para una Cuba del futuro. Así lo dijo y ratificó en La Habana, en un teatro lleno y por todos los canales de la televisión cubana y mundial. Miami sería la meta.
Pero la letanía de hablar de estas cosas sería interminable. Cómo empecé, seguiré comentando algo que este mandatario “progresista” no hizo o dejó a medias, en al caso de Cuba y Latinoamérica algunas cosas importantes.
Durante su tiempo en el poder ha sido donde y cuando se han deportado más personas que han entrado ilegalmente, que muchos periodos presidenciales juntos de antes. Cosa que pudo evitar de un plumazo. También y relacionado con nuestra isla caribeña, por un lado ha facilitado aumentar los viajes a esta y que muchos nacionales puedan visitarla con solo jurar por su madre que no harán turismo. Cierto, pero caramba la gente se sigue yendo de Cuba con el estimulo de una absurda y criminal Acta de Ajuste Cubano que da privilegios infinitos a los cubanos, según esa teoría, que buscan “asilo político”, aunque después de radicarse legalmente, casi todos por no decir todos, generalmente, desean y también vuelven cargados para sus familias a su Cuba nunca olvidada.
¿ Porqué se sigue con esa vieja e incoherente vía que legaliza a los que vienen en grandes grupos por vías ilegales en muchos casos, a esta nación los premia con una bienvenida espectacular ? Precisamente a los mismos que no se les otorgan un visado de turista en la embajada yanqui de La Habana, por considerarlos posibles emigrantes para hacerlo por avión, con pasaportes y todo en regla.
Obama bien pudo hacer mucho para evitar ese trasiego a través de varios países centroamericanos, que albergaban, y aun lo hacen, a cubanos que se aventuran por esa larga, costosa y muy peligrosa vía, para llegar al “sueño americano” que le siguen vendiendo sobre todo los parientes visitantes y la derecha de nuestro gueto. Justo hubiera sido también rechazarlos por mar.
Se sabe que esta vieja Acta de Ajuste que finalmente es de desajuste por sus consecuencias, solo la puede derogar el Congreso, gracias a las presiones y artimañas de la derecha cuabanomiamense años atrás, pero la situación de “pies secos – pies mojados” no. Esta aberración de la ley si puede el presidente eliminarlo de un tajo y no lo ha hecho ni lo hace. Esto fue un acuerdo tomado a raíz de una crisis que en 1,994 – 95, Estados Unidos estimuló y recibía a todos los cubanos que arribaban a esta costas y / o fronteras terrestres.
Para no caer en repeticiones cansonas, también pudo y no quiso, este presidente, emitir regulaciones adecuadas para evitar muertes y daños a los que de adentran en las selvas centroamericanas para llegar a México y pasar a la frontera estadounidense, donde son bienvenidos y también donde se rechazan a acompañantes de otras naciones. Pese a que todos los gobiernos de esa región así se lo han pedido y exigido.
A escasas horas de las elecciones nos se espera que haga algo al respecto, que podría hacerlo y facilitarle en camino a Clinton cuando ésta llegue al poder. Al menos con ese golpe de efecto quedaría con algo increíblemente positivo que nadie ha hecho jamás, despedirse con un palo de esa envergadura, que inclusive muchos congresistas lo apoyarían inclusive del partido republicano.
Les habló, “Desde Miami”, Roberto Solís.










