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Trump contra Harvard

Estados Unidos es el país más avanzado porque tiene 5000 universidades, no a la inversa. Se trata de una dialéctica en la política doméstica, entre los saberes y competencias derivados de la búsqueda de las verdades, las habilidades en la gestión de los negocios, así como la estabilidad de los liderazgos, los cuales han comprendido que gobernar es proveer oportunidades para el progreso social e individual.
Antes de la declaración de independencia (1776) en Estados Unidos existían nueve universidades; hoy son más de 5000. Una de ellas es la de Harvard, fundada en 1636, de las más renombradas e importantes del mundo. Estados Unidos es el país con más estudiantes universitarios (15 millones) y el que más extranjeros acoge en sus universidades (más de tres millones).
Debido a que no existe ninguna ley federal que prohíba que en las escuelas y universidades estadounidenses matriculen estudiantes indocumentados y como es común, y en ocasiones reglamentario, no preguntar  la condición migratoria de los estudiantes, existen escolares y estudiantes universitarios indocumentados, lo cual no es en Estados Unidos un crimen. Tampoco para estudiar es obstáculo la fe que se comulga ni las preferencias políticas. Ello hace que las universidades sean foros plurales, en los cuales impera la libertad académica.
No obstante, en su irregular desempeño la administración Trump se ha propuesto castigar a las universidades en las cuales han tenido lugar manifestaciones de condena a las agresiones de Israel contra el pueblo de Palestina.
La advertencia llega como parte de la agresión que significa la amenaza de congelar 2.000 millones de dólares que el Congreso facilita a la Universidad de Harvard cuyos líderes se negaron a acatar las demandas políticas del gobierno, tales como corrección de los programas de diversidad, equidad e inclusión, y reformar los criterios de admisión en función de cooptar las posiciones políticas del profesorado y los estudiantes, derechos a los cuales no está dispuesta a renunciar.
Al respecto Kristi Noem, secretaría de seguridad nacional, envió una carta a la Universidad, en la cual le comunicó la fecha límite para entregar información sobre estudiantes y profesores y comunicar las medidas para regular la admisión. De no hacerlo, “enfrentará la pérdida de la certificación del Programa de Estudiantes y Visitantes de Intercambio, lo cual permite a las universidades emitir formularios a los estudiantes internacionales admitidos, que luego pueden utilizar para solicitar visas de entrada a Estados Unidos.
El debate se ha recrudecido al conocerse que decenas de universidades han denunciado que el gobierno de Trump ha revocado las visas de unos 250 estudiantes internacionales.
En respuesta, más de 100  universidades han hecho pública un documento mediante el cual rechazan la «interferencia política» del gobierno en el sistema educativo. Las universidades, afirmaron, comparten el compromiso de servir como centros de investigación abierta en los cuales se ejercita la libertad de intercambiar ideas y opiniones sobre una amplia gama de puntos de vista sin temor a represalias, censura ni deportación».
Mientras, Heather Harris, vocera de la Universidad Estatal de Bridgewater, en un comunicado a CNN, subrayó que: “Una de las extraordinarias fortalezas de Estados Unidos a lo largo de su historia es que siempre ha sido un faro de esperanza acogedor para personas de todo el mundo” y, según el rector de Harvard, Alan M. Garber: “Ningún gobierno debe dictar lo que las universidades privadas pueden enseñar, a quién pueden admitir y contratar, y qué áreas de estudio e investigación pueden seguir”.
En Harvard estudian unos siete mil extranjeros que, en el presente año representan casi el 30 por ciento de su matrícula, de ellos el 9,22 por ciento son latinoamericanos. William R. Fitzsimmons, decano de admisiones expresó que “Eso marca una diferencia en sus compañeros, en la nación y en el mundo. Seguiremos cumpliendo nuestra misión…”
Con las consabidas excepciones, los estudiantes extranjeros en universidades estadounidenses, forman parte de las élites de sus países, cosa que ofrece a Estados Unidos la oportunidad de promover entre ellos sus valores y opciones políticas. Esa masa formada por millones de intelectuales y especialistas foráneos que realizan allí estudios de posgrado, maestrías, doctorados e investigaciones que luego aplican en sus países, confirmando que el sistema escolar en la más eficaz herramienta para la reproducción de la ideología dominante.
Trump y sus adláteres muestran capacidad para hacer adversarios, al cargar contra los sectores más vulnerables como ancianos y otros que requieren apoyo de la seguridad social, y que suman unos 70 millones, la emprendieron contra los indocumentados que han vivido y trabajado durante años en los Estados Unidos sin incurrir en delitos ni faltas, están en ruta de colisión con el poder judicial y ahora la emprenden contra la intelectualidad académica.
Las consecuencias internas a las que se suman diversidad de querellas  internacionales, comienzan a ser visibles. Luego les cuento. Allá nos vemos.

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