
Jorge
Gómez Barata
Desde hace unos veinte años el presidente Raúl Castro llama a “Desatar
los nudos que traban las fuerzas productivas”, cosa que no ha ocurrido
y por lo cual el actual mandatario, Miguel Díaz-Canel insta a
identificar cuáles son los nudos mencionados, dónde están y por qué no
se acaban de deshacer.
Fuerzas productivas y relaciones de producción son las categorías
principales de la economía política marxista y la dialéctica entre
ambas trata de explicar el devenir histórico. Marx fue explícito: “
“El resultado general al que llegué…puede resumirse así: en la
producción social de su vida los hombres establecen determinadas
relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de
producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de
sus fuerzas productivas materiales…Al llegar a una fase determinada de
desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en
contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no
es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de
propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De
formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se
convierten en trabas suyas y, se abre así una época de revolución
social”.
No recuerdo el momento en que aprendí que aquel esquema creado por
Marx es un modelo teórico concebido para estudiar y comprender la
realidad social y su dinámica, pero no es la realidad misma.
Las fuerzas productivas son elementos materiales, en primer lugar, la
totalidad de la naturaleza, la entidad física del planeta, a lo cual
se suma el conjunto de la obra humana. Semejante entramado sería
impensable sin el hombre. El hombre y sus circunstancias, incluido su
entorno, es la más formidable fuerza productiva y sin él es imposible
concebir la existencia de las civilizaciones. De ese acápite forman
parte también la subjetividad, entre ellas, las aspiraciones a una
vida mejor y de más calidad, caracterizada por el consumo, el confort,
el bienestar y el disfrute cultural, lo cual requiere de una
organización social determinada, del trabajo, del capital y del
dinero.
La totalidad descrita es apenas la mitad de la realidad; la otra es la
humanidad, el hombre, que además del núcleo de las fuerzas productivas
es el eje de las relaciones de producción, el portador de la
espiritualidad que, para desempeñar su rol, necesita trabajar y crear,
reproducirse y vivir en armonía bajo reglas y leyes creadas por él
mismo y que asumen la forma del estado, el poder, los partidos
políticos, los liderazgos y por supuesto, la fe. Dios, para muchos, el
creador de todo lo existente, incluso el hombre y sus saberes, es un
elemento esencial de la condición humana.
Esta otra entidad son las relaciones de producción que, según Marx,
forman el marco en el que se desenvuelven las fuerzas productivas y
que, a partir de una lógica científicamente implacable, llegan a un
punto en el cual, en lugar de estimular a las fuerzas productivas,
obstaculizan su desarrollo. La producción y sus resultados son más
dinámicas que las concepciones y las entidades políticas. Subordinar
la economía a dogmas ideológicos es invertir la lógica del devenir.
No digo que eso es lo que ocurre en Cuba, pero asumiendo como
válidas las magníficas metáforas invocadas por Raúl y por el
presidente Díaz-Canel, de eso se trata.
En el desarrollo de las capacidades productivas cubanas, en la
creatividad de sus emprendedores, en la lucidez y la inventiva de sus
científicos y académicos, en la gestión comercial y, en el desempeño
de las estructuras políticas, existen frenos que se expresan, tanto de
modo puntual como a escala social. Siguiendo esa rima me atrevo a
afirmar que, en una dimensión global, ciertos aspectos de las
relaciones de producción en Cuba se han constituido en un freno para
la marcha de la economía, la innovación y la construcción del
socialismo. Se trata de un fenómeno sistémico.
La solución no radica en dinamitar el orden social, sino mediante
reformas, perfeccionarlo, dotarlo de flexibilidad y operatividad,
abrirlo a la innovación y poner al estado, magníficamente instalado en
función de hacer avanzar el socialismo y no en limitar su proyección.
Mucho antes de que yo escribiera estas notas, Raúl Castro condujo al
Partido a la aprobación de los Lineamientos del Desarrollo Económico y
Social, y a la formulación de la Conceptualización del Modelo
Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, así como a la
adopción de la nueva Constitución.
Los nudos que traban las fuerzas productivas no están en las fábricas,
en las minas ni en las obras, tampoco en los ministerios, sino en las
mentes. Ello determina que no se avanzará mientras no haya un efectivo
cambio de mentalidad.
Reiteradamente, el presidente ha preguntado al activo revolucionario,
a los que creen en el socialismo y apuestan por su perfeccionamiento:
¿Dónde están las trabas que frenan a las fuerzas productivas? ¡Elas
ahí! No son ajenas al sistema sino parte del mismo. Tal vez me
equivoque, lo cual carece de importancia. Quien no puede equivocarse
es el liderazgo nacional y el Partido. Allá nos vemos.
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