
voluminosos y trascendentales que en los 55 posteriores. Para
comenzar, descartó la institucionalidad establecida, instaló un
gobierno revolucionario, armó al pueblo, recuperó las riquezas
nacionales, confrontó a Estados Unidos, nacionalizó la economía
incluida la tierra, tomó el control de la actividad social, inició la
construcción del socialismo, practicó una nueva política exterior,
estableció una alianza político militar con la Unión Soviética, e
instaló misiles atómicos.
Todo eso fue más complicado y peligroso que las más avanzadas reformas
que hoy proponen los más audaces pensadores. En aquella época no
existía el capital humano de hoy, ni un partido con la solvencia de
ahora; los líderes y funcionarios eran todos debutantes. Los críticos
de entonces no escribían en la red, sino que ponían bombas, creaban
bandas de alzados, y asesinaban. La ventaja de aquellos días era la
total ausencia de compromisos doctrinarios.
Entre los problemas de mayor rango existentes en Cuba figuran la
variedad, el alcance, y la naturaleza de los desafíos que enfrentan el
partido en su calidad de vanguardia política, el estado, el gobierno,
y la sociedad en su conjunto, así como las dificultades de los entes
calificados para generar ideas de la jerarquía requerida para
rediseñar las estructuras económicas, sociales, y políticas de la
sociedad cubana.
Entre las dificultades figura la falta de comprensión de que más que
atrincherarse en la defensa del socialismo realmente existente, es
preciso reinventarlo, reconstruir el consenso social, crear incentivos
generales para la juventud, identificar metas que sean compartidas y
viables, ajustar la política exterior a lo necesario, e integrarse a
los procesos globales.
La complejidad no radica en la calificación y disposición de las
personas, sino en la vigencia con carácter exclusivo de las ideas y
las prácticas que inspiraron al socialismo del siglo XX.
Por razones que no cambiarán, entre las bases de la sociedad cubana
figura la identificación de la intelectualidad creadora, científica, y
académica, con el pensamiento oficial, cuya rigidez limita la
producción y puesta en práctica de nuevos conocimientos en las esferas
políticas, sociales, e ideológicas. A ello se suma el carácter de los
medios de difusión masiva, y los criterios con que se ejercen en el
periodismo, la crítica, y la innovación social.
Ningún gobierno es un gobierno de librepensadores, filósofos,
economistas, sociólogos, académicos, incluso diletantes, ni se
instalan con la tarea de generar conocimientos, producir tesis, o
formar doctrinas. El gobierno es una entidad administrativa, no
pedagógica. Al respecto el nuevo gobierno cubano encabezado por el
presidente de la república, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, no será una
excepción.
La tarea de conducir las búsquedas conceptuales y promover el
pensamiento avanzado, a partir del cual se forman teorías y doctrinas,
aparecen soluciones, y se crean programas políticos de vanguardia,
corresponde a la intelectualidad, a la academia, al periodismo, y a
las personalidades sociales, todos bajo la conducción del Partido
Comunista, que deberá resolver su compleja relación con el ejercicio
del poder y la administración que inhiben sus actitudes y disposición
para la crítica que, inevitablemente precede a la acción creadora.
En la nueva etapa de reinstitucionalización de la república y la
revolución que implicará una mayor democratización y una apertura
hacia adentro y hacia afuera, al Partido y al gobierno recién
instaurado, encargados de conducir la resistencia heroica y la
renovación audaz, no les faltarán apoyos. Para ellos toda la
confianza. Allá nos vemos.
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