Traducido desde el más allá por Max Lesnik

Cuentan que cuando Adolfo Hitler llegó al poder en la Alemania de 1933 entre los temas que tenía que resolver de inmediato para complacer a sus más fanáticos seguidores era el caso de un jefe de policía de una ciudad alemana que siendo el hombre miembro destacado del Partido nazi local estaba en la cárcel condenado por un Tribunal del Estado por el delito grave de cometer excesos de violencia contra la comunidad judía que vivía en su demarcación.
El Führer alemán ni corto ni perezoso tomó una decisión que no era otra que la de indultar y poner en libertad al jefe policiaco nacionalsocialista. Un periodista extranjero corresponsal del Times de Londres aprovechó una conferencia de prensa para preguntarle a Hitler la razón de por qué había puesto en libertad al sujeto antes de que este hubiera cumplido la sentencia dictada contra él por abuso de autoridad y lesa humanidad.
La respuesta de Hitler fue con una pregunta: ¿Que quería Ud. señor periodista, que dejara tras las rejas a uno de los míos que es un gran alemán mientras mis enemigos que no son buenos alemanes todavía andan sueltos por las calles del Tercer Reich?
El Times de Londres publico la historia con título que decía : “De tal palo tal astilla” .
Dentro de la lógica de su mente totalitaria y sectaria Hitler tenía toda la razón. A esta historia real hay que agregar que cuando eso ocurría Hitler acababa de llegar al poder en Alemania con el voto mayoritario del pueblo alemán.
La vida nos da lecciones y una de ellas es que solo el hombre es el animal que tropieza dos veces con la misma piedra.
Y hasta la próxima entrega de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.










