SIRIA: UN POLÍGONO PARA DOS                                                               

Siria es un polígono en el cual, en lugar de armas o estrategias, se prueban relaciones, y se realizan estimaciones de poder a escala global. Vladimir Putin trata de averiguar si es posible ser a la vez adversario y aliado de Estados Unidos, a los que aun en las situaciones más difíciles trata de “amigos” y “socios”.

Con ese proyecto en mente, el presidente ruso propuso enfrentar al Estado Islámico, constituyendo una coalición similar a la que, durante la II Guerra Mundial, colocó en el mismo bando a Estados Unidos y la Unión Soviética, adversarios que depusieron objeciones ideológicas y políticas para conjurar un peligro mortal. Los resultados fueron magníficos: el fascismo fue derrotado y nació la ONU.

La alianza comenzó a forjarse en 1941, liderada por Franklin D. Roosevelt, presidente de los Estados Unidos, país que entonces no se encontraba en guerra, ni estaba obsesionado por lograr la hegemonía mundial. En agosto de aquel año, el mandatario estadounidense y el primer británico Winston Churchill, suscribieron la Carta del Atlántico, que fue aceptada por la Unión Soviética. El 7 de diciembre la armada japonesa atacó la base norteamericana en Pearl Harbor. Un día después  Estados Unidos declaró la guerra a Japón, y Alemania a Estados Unidos.

Las acciones de la coalición, a cuya conducción se sumó China, fueron coordinadas mediante conferencias de alto nivel efectuadas en El Cairo (1943), Teherán en el propio año, Yalta (1945), y Potsdam después de la rendición de Alemania (julio-agosto de 1945), y en la cual no estuvieron presentes Roosevelt ni Churchill. El primero porque falleció el 12 de abril de aquel año, y el premier británico por haber perdido las elecciones en su país. Harry Truman y Clement Attlee ocuparon sus lugares.

La muerte de Roosevelt, antifascista militante, demócrata convencido, y un aliado en el que Stalin podía confiar, abortó la alianza que no sobrevivió a la victoria, y fue sustituida por la Guerra Fría, que llenaría la historia mundial en los siguientes 46 años.

Si bien entre la Rusia actual y los Estados Unidos no existen las contradicciones ideológicas y políticas que opusieron al imperio americano y a la Unión Soviética y la concertación para combatir el Estado Islámico posee potencial de convocatoria para generar una alianza, las contradicciones entre ambos países en el caso de Siria, aunque no imposibles de sobrepasar, de momento impiden la cooperación.

El obstáculo es el presidente Bachar al-Assad a quien Rusia desea mantener en el poder, mientras Estados Unidos y sus aliados europeos exigen lo contrario. En los próximos días seguramente veremos que en la balanza formada por los intereses de las potencias contendientes, y sus aliados, serán puestos nuevos argumentos.

Es probable que Estados Unidos ceda, para lo cual necesita garantías de que Irán y Rusia no obtendrán ventajas excesivas, mientras que para Rusia se trata de decidir si es preferible afrontar los riesgos de la consolidación del Estado Islámico y el desborde hacia su periferia asiática, o retirar su apoyo a al-Assad.

En cualquier caso puede ocurrir que como ya sucedió en Corea entre Estados Unidos, la Unión Soviética, y China, esta vez Estados Unidos y Rusia libren una guerra entre ellos “por persona interpuesta”, en la cual Siria seria la gran perdedora.

En honor a la verdad es algo que al parecer, tanto Obama como Putin tratan de evitar, mientras, desde las gradas, la humanidad observa otro episodio de la lucha por la hegemonía. Allá nos vemos.