SIN HOY NO HAY MAÑANA
Jorge Gómez Barata
El mundo está pendiente de lo que ocurra hoy en las elecciones de los
Estados Unidos porque el mundo depende de los Estados Unidos. No se
trata de una dependencia explicita o directa, sino de una realidad
derivada del papel de ese imperio en la economía global y la sociedad
internacional de nuestros días.
Los Estados Unidos, el fenómeno geopolítico más notable de la era
moderna son, a la vez el mayor peligro, la expectativa para la
humanidad cuyo futuro, más que en la política, radica en la
prosperidad económica. Para muchos, a pesar de las evidencias de que
se trata de un país herido y desconcertado, en el cual comienzan a
predominar el racismo y la exclusión, la violencia, enormes bolsones
de pobreza y una política corrupta, es todavía un paradigma.
Cuando Estados Unidos ha caído en alguna crisis económica, como
ocurrió en 1929 y 2007, arrastra con ellos al mundo, mientras una era
de prosperidad allí beneficia a la humanidad. De eso se trata hoy.
¿Continuará América como llaman los estadounidenses a su país, en
caída libre o se impondrá la cordura para detener el deterioro
acelerado por la errática gestión de Donald Trump?
Los Estados Unidos, es un país del Nuevo Mundo, única potencia que fue
colonia y la única que no las tuvo, una nación/estado que se hizo a sí
misma, aprovechando las oportunidades históricas que se le presentaron
en México cuando una dictadura débil, corrupta e impotente alzó los
brazos y vendió medio país, como también hizo Napoleón que ofertó
Luisiana por una miseria, un zar ruso que cedió Alaska y una España
derrotada que entregó a Cuba, Filipinas y Puerto Rico.
Con el tiempo, desoyendo los consejos de George Washington, su primer
y mejor presidente, quien le recomendó concentrase en ellos mismos y
abstenerse de mezclarse en asuntos y conflictos ajenos, como tampoco
ceder ante la pugna de partidista que, según advirtió, convertirían el
gobierno en rehén de las facciones, con debut en México y Cuba,
Estados Unidos se volvió adicto a la intromisión, la conquista y las
prácticas neocoloniales.
En Europa, otra vez se le ofrecieron las oportunidades para ejercitar
sus políticas defectuosas cuando, por apetencias territoriales, las
antiguas metrópolis, inconformes con el primer reparto del mundo,
arrastraron al Viejo Continente a la Primera Guerra Mundial,
ofreciéndole al joven imperio la oportunidad para intervenir, ganar y
prevalecer sobre Europa, en cuyo auxilio, aliándose con la Unión
Soviética, acudió otra vez para salvarla de Hitler y del fascismo.
En esos lances, Estados Unidos se hizo con el oro de Europa, y se
convirtió en la primera potencia militar, equilibrada por la Unión
Soviética que, no pudo sobrevivir a la carrera armamentista y a los
errores de sus líderes y, no solo perdió la Guerra Fría, sino que
colapsó, permitiendo que se estableciera la hegemonía característica
del mundo unipolar.
Esos Estados Unidos, primera economía mundial y primera potencia
militar, a mucha distancia de sus contendientes, atraviesa por uno de
los momentos más difíciles, pudiera decirse trágicos de su historia.
Los peligros que amenazan no vienen de afuera, ni están ligados al
comunismo, al fascismo o el terrorismo, sino que son autogenerados,
van hoy a elecciones, probablemente las más decisivas de su historia.
Si Estados Unidos elige a Trump habrá optado por lo peor para ellos y
para el mundo.
En la sociedad global, caracterizada por las interrelaciones
económicas, culturales y sociales, la búsqueda de fórmulas de
avenencias políticas mediante la concertación multilateral y de la paz
por vía de la eliminación de las armas nucleares, Estados Unidos tiene
un papel que desempeñar que será uno u otro en dependencia de a quién
los americanos elijan. Ellos tienen la palabra y de ellos, en buena
medida, depende el mundo. Son hechos y, en la política cuentan los
hechos. Allá nos vemos.










