Jorge Gómez Barata
En buena medida, el futuro de la nación cubana y del proceso
político en la Isla, está ligado al éxito de las reformas en curso y a los
avances en la solución del diferendo con los Estados Unidos,
particularmente al fin del bloqueo estadounidense. No es fatalismo, sino
realismo.
Aunque son aconteceres distintos, el desempeño de la economía
cubana, el comercio, las finanzas, así como la asimilación y creación de
tecnologías y multitud de aspectos científicos, sociales y culturales,
deberán formar encadenamientos productivos y de todo tipo que
generaran multitud de interrelaciones mutuamente ventajosas y que han
estado afectadas por un bloqueo de más de medio siglo y que como
admitió el expresidente Obama, también aísla a los Estados Unidos.
De ahí la idea de que: “Con Estados Unidos no hay arreglo”,
sustentada por algunos promotores políticos e ideólogos cubanos, sea
políticamente errónea y perjudicial porque, además de alentar la
desmovilización de los encargados de encontrar las vías para alcanzar
tales arreglos, contradice los esfuerzos realizados por los presidentes
Fidel y Raúl Castro y desconoce los resultados de sus gestiones.
Los ponentes de tal idea omiten las gestiones del líder histórico
de la Revolución Cubana Fidel Castro, que a lo largo de medio siglo,
trabajó para avanzar en la solución del diferendo bilateral y olvidan que
debido a esos esfuerzos entre 1961 y 1963, a pesar del tenso clima
creado por la invasión de bahía Cochinos, la Crisis de los Misiles y las
amenazas militares norteamericanas, hubo gestos, negociaciones y
tentativas de ambas partes que pusieron el restablecimiento de las
relaciones y el levantamiento del bloqueo al alcance de la mano.
En ese período los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos
negociaron la liberación de más de 1000 prisioneros capturados durante
la fallida invasión por bahía de Cochinos, proceso en el cual se
realizaron gestiones políticas que trascendían la gestión en curso. En
aquellos trajines, además de los presidentes Fidel Castro y John F.
Kennedy se involucró el destacado abogado estadounidense Jim
Donovan, representante del gobierno norteamericano.
Donovan, quien actuó como fiscal de la parte estadounidense en
los Juicios de Núremberg y en 1957 aceptó figurar en el equipo de la
defensa del espía soviético Rudolf Abel. En 1960, cuando el avión espía
pilotado por Francis Gary Powers fue derribado sobre la Unión Soviética,
fue llamado para negociar el intercambio del piloto por el agente que
antes había defendido.
En el contexto de las negociaciones con Cuba, John McCone,
entonces director de la CIA, le comentó al presidente Kennedy que más
allá de su gestión inmediata, el abogado debería sondear la posición de
las autoridades cubanas sobre las relaciones con los Estados Unidos.
McCone informó a Kennedy que el ayudante de Fidel Castro, René
Vallejo, había comentado que el líder cubano “(…) sabía que las
relaciones con los Estados Unidos eran necesarias y quería se
desarrollaran”. Según el alto funcionario, el Presidente expresó interés y
estuvo de acuerdo en enviar a Donovan de vuelta a la Isla para
“mantener abierto el canal de comunicación”.
A propósito, Gordon Chase, comentó a su jefe George Bundy
que: “Todos estaban preocupados por solucionar el problema cubano,
pero que hasta ese momento solo habían tratado de resolverlo a través
de “maldades abiertas y encubiertas de diversa magnitud”, obviando la
otra cara de la moneda: “atraer suavemente a Castro hacia nosotros”.
Según Chase, si la “dulce aproximación a Cuba” tenía resultado, los
beneficios para los Estados Unidos serían sustanciales.
Las aproximaciones de Gordon tuvieron continuidad durante 1963
por intermedio de la periodista Lisa Howard, quien entrevistó al líder
cubano, formulando la conclusión de que “Castro quería hablar con
Kennedy” y da indicios de querer negociar”. La muerte del presidente
estadounidense puso fin a aquellos esfuerzos.










