Hotel Riviera. Foto: Archivo.

El hotel Habana Riviera es uno de los edificios más representativos de la arquitectura cubana de los años 50. A sus valores constructivos y su excelente ubicación junto al mar y cerca del río Almendares, se suma el conjunto de obras que, para ambientarlo, acometieron artistas tan notables como Cundo Bermúdez, Florencio Gelabert, Hipólito Hidalgo de Caviedes y Rolando López Dirube.

“El hotel Riviera sería la criatura de [Meyer] Lansky, de arriba abajo ―asegura el escritor norteamericano T.J. English en su libro Nocturno de La Habana (2011) ―. Lansky escogería personalmente el encargado de proyectarlo y supervisaría todos los aspectos de la construcción (…). Lansky enseñaría a sus amigos de la mafia la manera correcta de construir un hotel-casino sin sobrecostes escandalosos, sin luchas intestinas y ningún sicodrama. El hotel sería la casa que construyó Lansky y el orgullo de la mafia en La Habana”.

Cree el cronista que, en la concepción de este establecimiento, situado en Paseo entre Malecón y Primera, en El Vedado, la función hotelera quedó eclipsada por el cabaré y, sobre todo, por el casino de juego. En todos los hoteles, la carpeta le sale al paso al visitante, es un área ineludible. No ocurre así en este hotel, donde se halla al final del lobby, oculta para el que llega, n  mientras que cabaré y casino son bien perceptibles en cuanto se pone un pie en la instalación. Por otra parte, desde fuera, el domo recubierto de cerámica que cubre el área del casino se diferencia del resto de los volúmenes del inmueble.

Comenta T.J. English que Lansky, con excelentes relaciones con el presidente Batista, era quien había puesto los cimientos de la nueva era de hoteles, cabarés y casinos e iba siendo hora de que mostrase un proyecto suyo, que se alzara como un monumento a su condición de creador y supervisor de la mafia en La Habana. Necesitaba, dice English, hacer algo grande, algo que demostrara que el desarrollo desenfrenado de la capital cubana continuaría con independencia del clima político y también para reafirmar su identidad como pieza principal del engranaje.

Fue así que en noviembre de 1956 el llamado “financiero de la mafia” fundó la Compañía Hotelera Riviera de Cuba, que asumiría el financiamiento, el proyecto y la construcción de un hotel-casino que sería el más suntuoso de su clase.

Tendría 21 pisos, de ellos, 17 con casi 400 habitaciones, todas, se decía, con vista al mar, lo que les confería un valor añadido. Dispondría de cabaret y contaría con la mayor piscina de la ciudad. Luciría amplios jardines y más de 240 metros cuadrados de galerías comerciales. Su casino, operado por Lansky, sería el más lujoso de los 10 existentes en La Habana. El primer edificio cubano importante dotado de aire acondicionado central se alzaría a 71 metros sobre el nivel del mar, por lo que, en cuanto a altura, sería ampliamente superado por el edificio Focsa (121 m) y por el hotel Habana Hilton (126 m). De cualquier manera, una estructura bien visible en el entramado urbano habanero. En once millones de dólares se fijó el presupuesto de la obra, que alcanzó los catorce millones que, en su mayor parte, correrían por parte de la Compañía Riviera; una inversión garantizada por el Bandes, entidad bancaria paraestatal cubana.

Meyer Lansky. Foto: The Mob Museum/ Archivo.

La construcción comenzó en el propio mes de la creación de la Compañía. Solo por el terreno se pagó un millón de dólares.

En diciembre del propio año, Lansky causaba un gran revuelo al inaugurar una escuela de crupieres y repartidores de juego que tuvo su sede en el edificio de la Ambar Motors.

Administrador de la cocina

El nombre de Lansky no aparecía entre los ejecutivos de Hotelera Riviera de Cuba, “aunque todos sabían quién era el verdadero jefe ejecutivo de la empresa”. Como su presidente, Lansky designó a Harry Smith, millonario nacido en Canadá que poseía una participación en el Jockey Club, del hipódromo Oriental Park, de Marianao. Su secretario fue el senador cubano Eduardo Suárez Rivas, con viejas relaciones con Lucky Luciano. Lansky prefirió el anonimato. Se dice que cuando el hotel comenzó a funcionar, apareció en las nóminas como el administrador de la cocina.

A su inauguración, que tuvo lugar el 10 de diciembre de 1957, asistió monseñor Manuel Arteaga Betancourt, cardenal-arzobispo de La Habana, que bendijo la instalación. Además, Rafael Guas Inclán, vicepresidente de la República. También el alcalde capitalino Justo Luis del Pozo y unos 100 norteamericanos vinculados a la mafia. Fue una celebración fastuosa cuya atracción principal, en el Copa Room, el cabaret del hotel, fue Ginger Rogers, una estrella de Hollywood, ya con casi 50 años de edad, que había dejado atrás sus mejores tiempos en filmes con Fred Astaire que alcanzaron enorme popularidad.

Cinco semanas después de la apertura, Steve Allen, el popular conductor de un show de variedades de la televisión norteamericana, dedicaba su espacio de una hora de duración al Riviera, un programa que, se dice, fue un largo anuncio del hotel en el que participaron actores de la talla de Lou Costello, mientras que la espectacular bailarina Tybbe Afra era seguida por la cámara a su salida de la piscina. El conductor había dicho al comienzo del programa: “Estamos en La Habana, la tierra de la piña y Meyer Lansky. Y nos alegramos de estar aquí”.

Apunta T.J. English: “El programa de Allen fue un gran paso adelante para la mafia en La Habana, ya que millones de personas de Estados Unidos y Canadá vieron lo mejor que ofrecía y, al parecer, no importaba que notorias figuras del hampa tuvieran que ver con ello. De hecho, lo hacía más atractivo”.

Desde el día de su apertura, el hotel tuvo reservadas todas sus habitaciones para la temporada turística 1957-58, en tanto que grandes jugadores pasaban las noches en su casino. Comentaba uno de los ejecutivos de la sala de juegos, ambientada con obras de Cundo Bermúdez: “La fama de Lansky atraía a los derrochadores. Ni siquiera hacía falta que se dejase ver, el nombre de Lansky bastaba para atraer a grandes jugadores de todo el mundo”.

En su primer año de operaciones, el Habana Riviera dejó utilidades netas cercana a los 400 000 dólares.

Arquitecto cubano

Eduardo Luis Rodríguez señaló en su libo La arquitectura del Movimiento Moderno (2011) que el proyecto original del Riviera fue realizado por el arquitecto norteamericano Philip Johnson, pero no se hizo realidad por desacuerdo con los inversionistas. En su lugar, se contrató a una firma de Miami con experiencia en la construcción hotelera que “resolvió el encargo con el repertorio de formas que se había hecho habitual en la Florida a partir de las obras de Morris Lapidus”. Por la parte cubana, como arquitecto asociado o facultativo actuó Manuel José Carrerá Machado, que terminó haciendo gloria y escuela en el Caribe colombiano y que dejó aquí, entre otras muchas, obras tan significativas como el Barrio Obrero y la llamada Plaza de Carlos III.

“El hotel y el casino Riviera representaban una extensión del ego de Lansky, pero también se concibió como un escaparate para la mafia de La Habana. De acuerdo con el plan que habían trazado Lansky y Luciano, algún día La Habana se parecería a Montecarlo, con una serie de hoteles de lujo a lo largo del Malecón. El Riviera fue el primero en estar vinculado sin disimulo a la mafia de La Habana. Como palacio del espectáculo era de lo más nuevo y sus atributos pronto llegaron a las salas de estar de todas partes a través de una gran cadena de televisión norteamericana”, escribió English en su Nocturno de La Habana